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Dos reformas tributarias se cruzan en la Asamblea

Juan Tibanlombo
La Conversación EC
martes, abril 26, 2016
El país parece ahora vivir de urgencia en urgencia; ni bien acababa el primer debate sobre la reforma tributaria que el Gobierno envió con el carácter de económico urgente a la Asamblea para subir impuestos que supuestamente buscan velar por la salud de los ecuatorianos, limitar el dinero que los ecuatorianos pueden sacar del país […]

El país parece ahora vivir de urgencia en urgencia; ni bien acababa el primer debate sobre la reforma tributaria que el Gobierno envió con el carácter de económico urgente a la Asamblea para subir impuestos que supuestamente buscan velar por la salud de los ecuatorianos, limitar el dinero que los ecuatorianos pueden sacar del país y darle un electroshock a un moribundo proyecto de dinero electrónico, casi inmediatamente se ha comenzado a redactar otra reforma tributaria, la décimo cuarta de este Gobierno, tras el mortal terremoto que sacudió a Ecuador. Lo sorprendente es que Carondelet no esperó para sopesar costos ni mirar reposadamente las alternativas o alianzas para reconstruir zonas devastadas, sino que simplemente envió el proyecto para subir el IVA y cobrar otras comisiones a los ecuatorianos en función de sumar los recursos frescos que ingresarían al Fisco. La razón: no había en caja dinero para cubrir estas emergencias. Solo había $600 millones en créditos de contingencia que evidentemente iban a resultar mínimos frente a la magnitud de la tragedia. Ahora la Asamblea, convertida en simple tramitadora, se propone despachar el primer paquete de impuestos para enfocarse en el segundo. Eso mientras la Corte Constitucional tramitó en tiempo récord un pedido de un colectivo dirigido por exfuncionarios públicos que buscan a como dé lugar la reelección del presidente Rafael Correa, pese a que legalmente no se pueden cambiar las reglas del juego, pero…
Más que todo eso lo más destacado de la semana que pasó, y de las semanas que vienen, es la solidaridad de los ecuatorianos para correr con ayuda en las zonas golpeadas por el terremoto. Una ayuda que llegó incluso antes que el mismo Estado, porque si bien las carreteras no se reconstruyen con latas de atún, esas sí han aliviado vidas, rescatado alegrías donde solo había desolación, de manos anónimas… porque ha quedado demostrado que las carreteras, por más emblemáticas que sean, sí se destruyen, pero la dignidad y la solidaridad no se destruyen nunca, permanecen ahí… aun a costa de las instituciones del Estado que las pretenden reglamentar.

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