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Déjà vu

Juan Tibanlombo
La Conversación EC
domingo, enero 22, 2017
En la sede de la CIA, el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recurrió a un viejo método de los populismos de América Latina: cargar contra el mensajero y eludir el mensaje. Trump, en un discurso improvisado de visita en la central de Inteligencia de Estados Unidos, declaró la guerra a los medios de comunicación, […]

En la sede de la CIA, el nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recurrió a un viejo método de los populismos de América Latina: cargar contra el mensajero y eludir el mensaje. Trump, en un discurso improvisado de visita en la central de Inteligencia de Estados Unidos, declaró la guerra a los medios de comunicación, nombró a periodistas con el dedo para acusarlos de mentir e ignoró la multitudinaria protesta en su contra en el centro de Washington, en la sede de su poder, en las mismas calles que no logró llenar el día de su posesión.

Trump no quiere que le recuerden nada. No quiere que nadie le cuente, por ejemplo, que hace unas semanas comparó las prácticas de la CIA con las de la Alemania nazi, según él, para dar la impresión de que existe un enfrentamiento con el servicio de espionaje estadounidense. No quiere que nadie minimice su grandiosidad.

“Estoy con ustedes en un 1.000%. El motivo por el que son mi primera visita es que estoy embarcado en una guerra con los medios. Están entre los seres humanos más deshonestos de la tierra”, dijo Trump en Langley. El mismo Trump que había preguntado a comienzos de enero, cuando se filtró que la CIA le había entregado un informe con rumores no corroborados sobre una supuesta grabación sexual en Moscú: ¿Vivimos en la Alemania nazi?”.

El Trump candidato sigue siendo el Trump presidente, lamentablemente.

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