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La energía limpia y la tecnología verde, tareas en pañales en Ecuador

Melanie Valencia
Universidad San Francisco de Quito
domingo, febrero 12, 2017
Cuando hablamos de energías limpias nos referimos a aquellas usadas como alternativa a la de los combustibles fósiles (gas, petróleo…), ya sea energía solar, eólica, hidráulica (…), en las que utilizamos distintos tipos de biomasa, sobre todo aquella hecha a base de residuos. A la energía nuclear también se la considera una energía mucho más […]

Cuando hablamos de energías limpias nos referimos a aquellas usadas como alternativa a la de los combustibles fósiles (gas, petróleo…), ya sea energía solar, eólica, hidráulica (…), en las que utilizamos distintos tipos de biomasa, sobre todo aquella hecha a base de residuos. A la energía nuclear también se la considera una energía mucho más limpia que la de los combustibles fósiles.

Pero primero es necesario aclarar que no existe una energía completamente limpia; es decir, no hay ninguna que evite las emisiones de carbono o deje un impacto ambiental cero.

La tecnología verde es un concepto muchísimo más amplio que el de las energías limpias, porque ahí hablamos sobre el aprovechamiento de recursos que no necesariamente van a la producción de energía. Y puede servir hasta para la recuperación de químicos.

Cuando hablamos del reciclaje, por ejemplo, hablamos de tecnología verde, de eco eficiencia, un tema muy importante en la última conferencia realizada en Abu Dhabi sobre las energías limpias.

La tecnología verde ya no implica hablar solo sobre cómo cambiamos nuestras fuentes de energía sino cuánto de ellas utilizamos; cómo podemos hacer diseños y edificios mucho más inteligentes, para reducir la mayor cantidad de costos; cómo podemos aprovechar el calor en los espacios donde trabajamos.

En Ecuador existen algunas iniciativas que están enfocadas en la tecnología verde, pero más en el sector privado. Desde el lado del Gobierno se habla mucho de la puesta en marcha de los proyectos hidroeléctricos, pero tenemos que analizar cuáles son los recursos de los que dispone el país y cuál es la cantidad de energía que demanda.

¿Por qué nos importa eso? Porque cuando dejé de llover podemos sufrir de una escasez energética si solo tenemos hidroeléctricas. De ahí la importancia de que las energías sean renovables y, sobre todo, la diversificación de la producción de energía.

Ecuador, por ejemplo, tiene un gran potencial para producir energía solar, pero esa capacidad no es aprovechada por completo en la actualidad; también existen las condiciones para desarrollar energía eólica, que solo se han aprovechado en Galápagos y Loja.

En el país, en el desarrollo y búsqueda de energías limpias se ha involucrado tanto el sector privado como el público. La energía en países en desarrollo, en su mayoría, es generada por los Gobiernos; sin embargo, la tecnología verde tiene que salir del sector privado, porque se necesitan diseñadores, ingenieros, arquitectos que articulen esfuerzos humanos y económicos para ofrecer al mercado soluciones a sus necesidades con el menor impacto ambiental posible.

Pero falta mucho para llegar a eso. Desde mi experiencia, en la oficina de innovación y sustentabilidad de la Universidad San Francisco de Quito, puedo decir que todavía hay certificaciones ambientales que no están disponibles, o hay limitaciones para que los proveedores de servicios puedan ser menos contaminantes.

Solo el hecho que todavía no se pueda encontrar en el mercado proveedores de material reciclado biodegradable y compostable para los servicios de comida en espacios públicos, deja mucho que desear. En ese sector todavía se depende del polietileno y otros materiales que no son degradables, derivados petroquímicos y llegan directamente a nuestros rellenos sanitarios.

Para desarrollar estas tecnologías que ayudan a reducir el impacto ambiental se necesitan inversiones del sector privado, pero también incentivos en el sector público.

Ahora solo hay empresas, en determinados sectores, que están haciendo una excelente labor para la reducción de gases de efecto invernadero. En el mercado ecuatoriano existen automóviles carbono-neutros de empresas que compensan sus emisiones con proyectos de reforestación.

Otras empresas se están encargando del manejo de residuos electrónicos. En esos residuos existen metales que pueden ser reusados y colocados fácilmente en el mercado para hacer nuevos productos. Hablamos del cobre, el acero, materiales que simplemente van a la basura, pero todavía mucho de esto es exportado para aumentar su valor.
Cada vez más existen pequeñas empresas que están aprovechando este tipo de recursos. Nosotros como universidad hemos trabajado en tres campañas de reciclaje de residuos electrónicos y hemos visto el trabajo desarrollado por esos emprendimientos.

Estas nuevas empresas marcan la diferencia porque ofrecen tecnología limpia, que no es energía en estricto sentido, sino más bien productos hechos con materiales obtenidos a partir del reciclaje. Pero cuando nosotros reciclamos metales en cierta medida ayudamos a la conservación de nuestros recursos naturales, porque contribuimos a que exista menos explotación minera.

Pero eso es solo una pequeña curita. Nos falta muchísimo. El valor agregado debería empezar por mejor diseño y programas de responsabilidad extendida del productor para recuperar materiales desde sus propios productos.

Algo que, por ejemplo, se abordó en la conferencia de Abu Dhabi, es que uno de los factores principales de la contaminación en los países en desarrollo todavía es el uso de la leña dentro de los hogares. Las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud muestran que hay 4,3 millones de personas fallecidas por complicaciones respiratorias por el uso de la leña como combustible anualmente. Y así hay muchos otros ejemplos.

De ahí la importancia de cumplir con los acuerdos para la mitigación del cambio climático a base de reducción de emisiones, de la COP-21. El simple hecho de formar parte de las Naciones Unidas nos hace estar comprometidos con los objetivos de desarrollo sostenible firmados en 2015 y que deben ser evaluados en 2030.

En el cumplimiento de estos compromisos estamos involucrados todos. Y se han desarrollado iniciativas interesantes. La Secretaría de Ambiente de Quito con su Distinción Ambiental es un ejemplo para reconocer a industrias, comercios e individuos vieviendo y trabajando con Buenas Prácticas Ambientales. La Alianza por el Emprendimiento y la Innovación es una red de actores públicos, privados y académicos que convoca a involucrarse en concientizar a la gente sobre estos objetivos.

Es importante involucrar al sector educativo, para que nuestros estudiantes salgan con las herramientas necesarias para combatir el cambio climático, en todas sus actividades, en el aspecto social, económico y ambiental. Es urgente también explicar los co-beneficios de eso: saber que si todos empezamos a utilizar sistemas de transporte público reduciremos las emisiones contribuyentes al cambio climático pero al mismo tiempor mejoraremos nuestra salud porque respiraremos menos material particulado y monóxido de carbono y nuestra calidad de vida, con menor tráfico.

Ecuador ha sentido los efectos del cambio climático, por lo errático del fenómeno de El Niño y sus cambios en intensidad, por el hecho de que tenemos comunidades en los páramos que sufren de escasez de agua. Se ha perdido la capacidad para pronosticar las temporadas de lluvia. Ecuador es un país agrícola y todavía dependemos mucho de eso.

Por eso es necesario hablarle a la conciencia ambiental y acercarnos a la biodiversidad que tenemos; crear conciencia sobre el riesgo que corren nuestros ecosistemas y poblaciones enteras.

Una de las ventajas es que hay una industria predispuesta a hacer inversiones en tecnologías verdes porque está interesada en deshacerse de su huella de carbono. Y con el auge de la responsabilidad social hay más empresas comprometidas con los objetivos de desarrollo sostenible.

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