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La soledad de Trump, la soledad de May

Juan Tibanlombo
La Conversación EC
domingo, junio 11, 2017
Las decisiones del omnipoderoso que cree hacerlo todo bien, siempre puede terminar haciendo todo mal. El mayismo terminó de la noche a la mañana como todos los ismos. Algunos duran un poco más que otros. Todavía no se habla del trumpismo, por suerte.

Son personajes que creen poder controlar todo. Asumir todo. Llevar con su voz el rebaño hacia caminos de prosperidad y éxito. El mundo es demasiado pequeño para sus intereses. Para sus objetivos que siempre suponen más allá de sus personalidades, porque son la encarnación del pueblo. Son los que viven de los impuestos que pagamos todos, de las rentas públicas que generan recursos que se supone son de todos. Y están solos.

Le llaman la soledad del poder. Y es una soledad nada aburrida, pero que debe cansar. Ahí está Donald Trump con su pequeña luz encendida en la segunda planta de la Casa Blanca, con su smartphone siempre listo para desatar crisis, movimientos de la bolsa y eternas elucubraciones y bromas.

Al otro lado del Atlántico está Theresa May, la primera ministra que cayó en la tentación de adelantar los comicios para reforzar su posición en el partido. No se conformó con ser Theresa May y quiso ser Margaret Thatcher, escribió El País. Soñó con una coronación por aclamación, pero la campaña y los resultados le han mostrado un drama shakesperiano.

Trump y May están cara a cara. En sus egos, en sus soledades, mientras sus entornos se preguntan qué hacer con el sueño americano, qué hacer con el Brexit.

Son los graves problemas cuando se toman decisiones desde la soledad del poder, sin medir consecuencias, como las salvaguardias que fueron desmontadas, con graves perjuicios a la economía local, según el análisis que hace Andrés Briones de la Universidad Casa Grande.

Las decisiones del omnipoderoso que cree hacerlo todo bien, siempre puede terminar haciendo todo mal. El mayismo terminó de la noche a la mañana como todos los ismos. Algunos duran un poco más que otros. Todavía no se habla del trumpismo, por suerte. Pero esa siempre terminará siendo la cruz de los ismos.

Y puertas adentro el tema Odebrecht sigue dando cola y más cola.

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