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La tarima de Bucaram luce muy sola, por ahora

Alfredo Negrete Talenti
Universidad Ecotec
jueves, junio 29, 2017
Abdalá es un hombre astuto y curtido político, siempre ha mostrado un fino sentido de la oportunidad. Esto deja pensar que, en este regreso, su estrategia se enfocará en promocionar y colocar a su hijo en un espacio importante de la escena nacional. Ojalá que Dalo no caiga en la tentación de imitarlo, porque no le iría muy bien que digamos.

Los que creyeron que la llegada de Abdalá Bucaram al país, luego de dos décadas de autoexilio en Panamá, pateaba el tablero político, pueden quedarse tranquilos. Aunque hubo tarima y el show que acostumbra ofrecer en sus retornos, esta vez el impacto fue mínimo comparado con otros regresos y provocó una reacción menor frente a otros acontecimientos nacionales.

Para Abdalá Bucaram ya no aplica la frase “veinte años no es nada”, del famoso tango Volver. En su caso, el tiempo sí transcurrió y dejó huellas: en la salud, la edad, la circunstancia histórica… Como político experimentado, el expresidente debe saber que será difícil entrar nuevamente en la escena política. Más aún cuando el retorno se produce en una época que no es de elecciones ni de campañas.

La lejanía o la cercanía en el tiempo es un factor decisivo a la hora de hacer política. Esto lo grafica muy bien la actuación de la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), quien anuncia su postulación al Senado de su país para las elecciones de octubre de este año. Ella aún se mantiene en la retina de los votantes. En cambio, una posible candidatura de Bucaram, luego de todo el tiempo transcurrido, luce cuesta arriba.

No obstante, un retiro discreto de Abdalá no forma parte de su estilo. De ahí que no sería raro que se presente como candidato a alguna dignidad en las elecciones seccionales que se realizarán en dos años. En ese caso tendrá que revisar con mucha atención las condiciones del “tablado”, porque los resultados del último proceso evidencian que el escenario del voto guayaquileño (aunque parezca increíble) cambió.

En el reciente proceso electoral cabía suponer que en Guayas triunfaría al menos un candidato de esta ciudad, aun cuando no ganara la Presidencia. Pero la realidad fue otra: los aspirantes, juntos o sumados, fueron derrotados en primera y en segunda vueltas por el amazónico Lenín Moreno, de Alianza País.

La lejanía o la cercanía en el tiempo es un factor decisivo a la hora de hacer política. Esto lo grafica muy bien la actuación de la expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), quien anuncia su postulación al Senado de su país para las elecciones de octubre de este año. 

En un espacio donde el alcalde Jaime Nebot no consiguió ubicar en un sitial destacado a Cinthya Viteri (por segunda ocasión) y donde Guillermo Laso no tuvo acogida en las zonas marginales, resulta muy difícil la reedición de un viejo capítulo representado por el papá Abdalá Bucaram. Muy distinta es la situación de su hijo, Dalo.

A sus 35 años de edad, Dalo es un político experimentado. Además de haber sido asambleísta en dos ocasiones, en las recientes elecciones participó como candidato a la Presidencia de la República. La juventud tiene que ser expresada por una voz joven, por ello resulta atractivo para muchos de su generación. Es de esperar que el hijo de Abdalá se ayude a sí mismo no imitando al padre, porque eso le causaría mucho daño.

El padre, hombre astuto y curtido político, siempre ha mostrado un fino sentido de la oportunidad. Esta cualidad de Bucaram deja pensar que, en este regreso, su estrategia se enfocará en promocionar y colocar a su hijo en un espacio importante de la escena nacional. Ojalá que Dalo no caiga en la tentación de imitarlo, porque no le iría muy bien que digamos.

Probablemente al populista Abdalá Bucaram le haya llegado el declive (él, como actor político directo), no así la corriente populista, sin apellidos ideológicos, que es bien recibida en cualquier latitud del planeta.

Uno de los estudiosos que más ha profundizado este fenómeno es el argentino Ernesto Laclau (fallecido hace poco). Él sostenía que el populismo se diferencia de otras opciones por ser fundamentalmente incluyente.

Pero una cosa es populismo con plata y otra sin ella. En Ecuador lo hemos vivido de las dos formas: primero con el velasquismo y últimamente con el correísmo. Igual que el chavismo en Venezuela, los años de bonanza por los altos ingresos provenientes del petróleo crearon una figura -hasta cierto punto novedosa-: una organización política inclusiva con muchísimos recursos.

Los recursos han permitido sustentar con obras las ofertas demagógicas. No importa que sean desordenadas, despilfarradas, con ingredientes de corrupción. Al populismo le interesa todo lo que signifique adhesión al punto que podría confundirse con fanatismo.

Un aspecto que caracteriza al populismo con plata es haber desarrollado un modelo de concentración casi absoluta del poder como pocas veces se ha visto en democracia. Ecuador es un caso paradigmático: producto de la Constituyente de Montecristi, con la creación del Consejo de Participación y Control Social, es la única vez, en democracia, que un Parlamento es despojado de facultades básicas como la elección de los organismos de control.

Mientras persista la exclusión social siempre serán bienvenidos los mesías, los profetas, los caudillos, los grandes salvadores de la Patria. Aunque, por ahora, la tarima de Bucaram parece estar muy sola.

 

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