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Charlottesville : Defender ideas, correctas o incorrectas, no puede ser argumento para la violencia

Audelia High de Chiriboga
Universidad Casa Grande
domingo, agosto 20, 2017
La sociedad también tiene derecho a combatir las ideas que defienden grupos como los nazis y los que pregonan la supremacía blanca, y esa lucha debe ser desde la vergüenza.

La propuesta para retirar la estatua del General Robert E. Lee, quien luchó en la guerra civil de Estados Unidos en el bando de los Estados Confederados, favorables a la esclavitud, desató una oleada de violencia en Charlottesville, Virginia.
Como ser humano me duele en el alma ver que por ideas, correctas o incorrectas, la gente recurra a la violencia. Debemos usar siempre la razón. Como estadounidense me da vergüenza, me da un dolor inmenso, pero lo comprendo.

Yo me crié en el sur de Estados Unidos y ahí existen grupos de ciudadanos que tienen una tremenda carga emocional sobre temas que son, y nos parece a los más racionales, ilógicos, pero son por heridas históricas que se demoran años en curar.
En Estados Unidos hay una gran cantidad de gente que está cansada de que la élite intelectual, mire a un grupo de personas como no aptas para la sociedad. Mucha gente que perdió sus trabajos en las fábricas y luego sus casas han culpado por su suerte a las élites y al Gobierno, por políticas tal vez ejecutadas sin mala intención, como el programa de George Bush hijo.

Él pensaba que todo el mundo tenía derecho a tener una casa y hubo muchas facilidades para que la clase media adquiriera sus viviendas con créditos. Eso finalmente terminó en la famosa burbuja inmobiliaria que arruinó a gran parte de la clase media.

Si bien es impensable poner límites a las libertades de las personas, como sociedad nuestra obligación es encontrar maneras de evitar la violencia. 

La crisis fue el caldo de cultivo para que apareciera un personaje como Donald Trump con un discurso que ha alimentado el odio de grupos que creen en la supremacía blanca.

Ahora, la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos garantiza el derecho a la libertad de expresión y a la libertad de reunión pacífica. Son tan importantes estos derechos que fueron colocados en primer lugar, porque los demás no funcionan sin los primeros. Si no se garantizan esos derechos los demás carecerían de sentido, porque simplemente no se podrían defender.

Si bien es impensable poner límites a las libertades de las personas, como sociedad nuestra obligación es encontrar maneras de evitar la violencia. Una sociedad que puede incurrir en incidentes desagradables tiene que poder, como sociedad y como democracia, cuestionar a esas personas que tienen ideas absolutamente retrógradas, sin llegar a la violencia.

Uno de los dos grupos que más admiro como americana es la Organización por los Derechos Civiles de los Estados Unidos, un grupo de abogados que defienden lo indefendible. Aceptan la defensa de personas o grupos de la sociedad que hacen cosas de tal desagrado que ningún abogado quiere asumir su defensa.

Algo que puede ser solo una percepción, pero una gran parte de los abogados de esa organización son de origen judío y, pese a ello, fue la única que aceptó la defensa del jefe del Partido Nazi acusado por una matanza en Estados Unidos. En la Corte ningún abogado quería asumir su defensa. Pero este grupo de abogados decidió hacerlo y fue realmente una excelente defensa.

Ellos entienden que los derechos de la Primera Enmienda necesitan ser defendidos a ultranza. Pero, ¿cuál es el desafío? Pues lograr que todas las manifestaciones públicas, de cualquier grupo, sean organizadas sin recurrir a la violencia.

A mí me impresionó muy favorablemente la estrategia de los venezolanos durante las últimas manifestaciones contra el gobierno de Nicolás Maduro, en las que recurrieron a la música, a la resistencia pacífica. Esas protestas solo terminaban en violencia porque el gobierno quería violencia…

La sociedad debe ser tolerante hasta con grupos como los nazis, porque existen. Tienen derecho a reunirse, tienen derecho a hablar, a publicar cosas, pero la sociedad también tiene una obligación ante la mayoría silenciosa: encontrar maneras de proteger a los vulnerables para evitar el contagio de ideas como las de los nazis o los supremacistas blancos y eso se hace con educación, ofreciendo mayores oportunidades a la gente y apoyando manifestaciones que no provoquen violencia.

A mí me impresionó muy favorablemente la estrategia de los venezolanos durante las últimas manifestaciones contra el gobierno de Nicolás Maduro, en las que recurrieron a la música, a la resistencia pacífica. Esas protestas solo terminaban en violencia porque el gobierno quería violencia, pero sin duda la estrategia de los manifestantes fue muy inteligente.

Nadie tiene derecho a generar violencia. Ese debe ser un límite consensuado por la sociedad. Ahí están los Black Lives Matter, un grupo de jóvenes que tiene derecho a protestar contra la violencia hacia las personas negras, pero no puede tener derecho a generar actos violentos.

Ese es un límite, porque no se puede limitar el derecho de los otros a expresarse o reunirse, así sean los nazis, a pesar de que sus ideas nos pudieran parecer abominables. El derecho a la libertad de reunión y de expresión no puede tener límites.

Los grupos como los nazis pueden dar sus opiniones y expresar sus ideas, pero no incitar ni llamar a la violencia, porque ahí atentan contra el derecho del otro a estar seguro. Los derechos de un grupo de personas hallan sus límites cuando afectan a la seguridad de los otros.

La sociedad, además, también tiene derecho a combatir las ideas que defienden grupos como los nazis y los que pregonan la supremacía blanca, y esa lucha debe ser desde la vergüenza.

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