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¿Por qué no se puede auditar la deuda?

Juan Tibanlombo
La Conversación EC
miércoles, agosto 16, 2017
Las subsecretarías más kafkianas comenzaron a aparecer de pronto en el organigrama de la Administración Pública. La misma Secretaría de la Administración Pública, que era una oficina en Carondelet, pasó a ser un edificio de varios pisos en el centro norte de Quito. Las Superintendencias se multiplicaban como cuyes.

¿Sólo por que el expresidente lo dice? Cuando se inauguró en el poder el expresidente con el apoyo de cientos de organizaciones y movimientos sociales, entre ellos Jubileo 2000, uno de los temas que aseguraba su capital político fue el cuestionamiento a todo el endeudamiento externo del país. ¿Por qué y para qué ese monumental endeudamiento?

Uno de sus funcionarios incluso no tuvo ningún reparo en hacer grabaciones clandestinas para, según dijo, probar cómo se negociaba con los papeles de la deuda. Todo eso en medio de una auditoria desplegada con bombos y platillos. Con presentaciones en power point de cómo fue el gran atraco de los bonos Global, de un solo tramo, según se aclaró después, el presidente tuvo una justificación para declarar en default un tramo de la deuda.

Una maniobra calificada como muy inteligente, pero que ya había sido puesta en marcha por Argentina, le permitió al gobierno del expresidente recomprar ese tramo declarado en default gracias a la lotería de los altos precios del petróleo. Hubo festejos, felicitaciones, adioses al viejo país. No había en el mundo un gobierno más inteligente.

Las grabaciones clandestinas quedaron en el anecdotario. Porque eso de asustar al mercado era solo una brillante estrategia, según el gobierno del expresidente, y nunca se adelantaron las investigaciones sobre qué mismo significaba eso de asustar al mercado para recomprar la deuda.

Para salir de ese capítulo bochornoso de la deuda con la que se hipotecó el país se crearon comisiones encargadas de vigilar cualquier endeudamiento, de aprobar toda nueva deuda. Y como la bonanza era mucha el gasto público comenzó a crecer como la nariz del pobre Pinocho. Los ministerios comenzaron a multiplicarse al igual que las subsecretarías.

Las subsecretarías más kafkianas aparecieron de pronto en el organigrama de la Administración Pública. La misma Secretaría de la Administración Pública, que era una oficina en Carondelet, pasó a ser un edificio de varios pisos en el centro norte de Quito. Las Superintendencias se multiplicaban como cuyes.

Era el Estado mostrando el poder de los petrodólares. Grandes agasajos, grandes homenajes. Aviones privados para trabajar mejor, ¿en qué? Una breve radiografía a proyectos emblemáticos del anterior gobierno en el sector petrolero ha revelado que mucho fue mucha paja arrastrada por el viento, nada de cimientos.

¿Para eso se endeudó el país? ¿Y por eso un simple anuncio de querer auditar una multimillonaria deuda, contraída después de declarar enemigos públicos del país a los bonos Global, causa tanto escozor?

Pero las frutas se mueven rápido. La canciller ecuatoriana, por ejemplo, estuvo el lunes en Buenos Aires para firmar varios acuerdos de cooperación con ese país, justo el día en el que el vicepresidente de Estados Unidos se reunía con el presidente Mauricio Macri, y Cristina de Kirchner trataba de asimilar su derrota con más acusaciones.

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