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El nobel de economía: ni tan literario ni tan humanista

Luis Espinosa
Universidad San Francisco de Quito
jueves, octubre 12, 2017
Por más que se declaren "humanistas" y "libertarios", la metodología no tiene nada de humanista al poner a los agentes económicos en laboratorios como si fuesen sujetos de experimento y al economista como engreído conocedor de la racionalidad por sobre ellos. Y no tiene nada de liberal el asumir que hay una "solución racional" sobre la que establecer los criterios de qué deberían hacer los demás en lugar de asumir que hay libertad y que eligen distinto pues tienen distintos fines y valoraciones

Ante el premio Nobel de economía a Thaler ayer, quisiera compartirles las dudas que a mí, como a muchos libertarios y economistas austriacos, nos generan los planteamientos básicos y los logros de las “behavorial economics” (economía del comportamiento) que representa.

En primer lugar decir que la economía del comportamiento comenzó demostrando una obviedad; y es que los modelos neoclásicos que se enseñaban en los libros de texto y que hacían muchos economistas (pero que nadie creía) asumían un “agente económico perfectamente racional” el “homo economicus”, y que Thaler, junto a otros muchos, contribuyó tanto a desmontar demostrando que los seres humanos cuando actuamos económicamente también somos seres humanos, y no hacemos sólo cálculos exactos de “rentabilidad” de acuerdo a criterios perfectos de “rentabilidad”.
Pero era una obviedad que cualquier economista sensato sabía, y que no lleva a avanzar a la ciencia económica, tan sólo a no seguir por el errado camino de los modelos con “supongamos” al inicio de la formulación.
A partir de aquí la economía del comportamiento plantea hacer muchos más experimentos en laboratorio para intentar averiguar en qué sentido los seres humanos no se comportan de manera perfectamente racional y por qué. Bueno, pues a partir de aquí comienza mi escepticismo.

Este planteamiento se hace en base a que hay una “racionalidad” correcta que el economista conoce, y que hay “errores” de elección que cometen los agentes inconscientemente, pero que el economista conoce y puede identificar. Para empezar este planteamiento sigue siendo tremendamente engreído por parte del economista que lo plantea, y cero empático con los agentes que toman las decisiones, que se les trata como a conejillos de indias en laboratorio, y sobre quienes el economista estudioso se sitúa en una posición se superioridad como el científico sobre las ratas de su experimento.

En segundo lugar da por asumido que hay una “racionalidad” cierta, universal y correcta; y que si las personas eligen otra opción es porque “eligen mal”, ya sea por falta de información o de racionalidad. El criterio de elección sigue siendo el de “racionalidad” (como en el homo economicus era el de “maximización”). Bueno, pues yo creo que en realidad el criterio de elección debe ser el de “libertad”, y que la explicación de por qué distintos seres humanos eligen distintas opciones no es porque unos son “menos racionales” sino porque los seres humanos tenemos distintos fines en la vida que valoramos de distintas maneras, y por eso tomamos distintas elecciones. (Así, significativamente pues es ejemplo del libro de Thaler, si la gente elige fumar no es porque sea irracional, sino porque valoran más el placer presente de un tabaco que el incierto peligro futuro de una posible enfermedad; otros lo valoran al revés).

Pero además las behavorial economics se presentan como la gran promesa de la economía (casi como la mejor alternativa al camino sin salida que supone la modelización de la macro o de la micro), pero tengo la sensación de que más que aportes sustanciales a la ciencia económica los experimentos en laboratorio están haciendo aportes interesantes al marketing o a teoría administrativa, a través de conocer mejor cómo reaccionan los consumidores o los empleados ante ciertos estímulos. No estoy completamente seguro que haya mucho de estas conclusiones que a través de prueba y error no hayan descubierto ya los que practican el marketing o la gestión, ni mucho menos que sean conclusiones “científicas” en el sentido de universales y permanentes en el tiempo. Más bien me parecen curiosidades o hallazgos útiles para quien en ese momento deba aplicarlas a esa circunstancia (el tipo de color que vende más, o la predisposición a colaborar en ciertas circunstancias, por poner dos conocidos ejemplos).

Pero también soy escéptico con respecto al conocimiento real que tenemos de psicología o que se emplea en ciertos experimentos de neuro-economía. La psicología es el estudio de lo más complejo que hay: la mente humana. Y la humanidad ha avanzado muy poco aún en el conocimiento de la mente, que sigue siendo un terreno más especulativo que científico, y que apenas lleva un siglo y medio (desde Freud) intentando estudiar sistemáticamente. Decía Hayek que los órdenes de complejidad no se pueden auto-intelegir, esto es, que es posible que el ser humano nunca llegue a comprender completamente la mente del ser humano. No sé si esto será así o lograremos (también en esto), superarnos. Lo que sí sé es que el ser humano sabe poco de la mente humana.
Cuando se hacen experimentos de neuro-economía lo que se consigue es saber qué partes del cerebro reaccionan presentando más sinapsis ante ciertos estímulos o actividades mentales. Lo que me parece muy interesante, apasionante de hecho, pero muy lejos de ser un real “conocimiento”. Más bien me pareciera que el cerebro humano es un terreno por explorar y que lo que los científicos están haciendo trazando dónde se producen ciertas reacciones a ciertos estímulos es aún dibujar el mapa de lo desconocido. Pero tener un mapa no es conocer cómo funciona, es tan sólo el primer paso del proyecto de investigación que sería entender el cerebro humano con toda su complejidad.
Así pues, creo que pocas conclusiones se pueden extraer del hecho de que “se active” tal o cual parte del cerebro ante tal o cual estímulo. Sea para la propia psicología, sea, aún más complicado, para la economía.

Pero además tampoco creo que las conclusiones sacadas en experimentos de laboratorio sean satisfactoriamente extrapolables a la vida real, y que difícilmente se pueden sacar conclusiones sobre cómo “actúan las personas” en laboratorios. Un experimento es una modificación de las condiciones de la realidad para extraer conclusiones. Esa es la versión más positiva. Yo más bien diría que un experimento es una tortura de la realidad para que nos “confiese” lo que deseamos según nuestra hipótesis. En cualquier caso que las conclusiones extraídas sobre poblaciones minúsculas con dudosos criterios de selección en condiciones tan especiales como un experimento sean extrapolables al conjunto de los seres humanos sigue siendo muy cuestionable. Y a éstos dos problemas (el de la repicabilidad y el de la extrapolación) las behavorial economics aún no han respondido satisfactoriamente.

Así que, por más que se declaren “humanistas” y “libertarios”, la metodología no tiene nada de humanista al poner a los agentes económicos en laboratorios como si fuesen sujetos de experimento y al economista como engreído conocedor de la racionalidad por sobre ellos. Y no tiene nada de liberal el asumir que hay una “solución racional” sobre la que establecer los criterios de qué deberían hacer los demás en lugar de asumir que hay libertad y que eligen distinto pues tienen distintos fines y valoraciones.

Aquí les comparto el análisis de Peter Klein en la página del Mises Institute, de dónde he extraído algunos de los argumentos para expresar este escepticismo, y que él aumenta con otros tantos argumentos:

https://mises.org/blog/thaler-wins-nobel-1

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