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La consulta va

Juan Tibanlombo
La Conversación EC
miércoles, octubre 4, 2017
La consulta tan reclamada en las calles con interminables caminatas de la Conaie,  de los movimientos sociales, de las organizaciones de trabajadores, de los empresarios, de los estudiantes, de una ciudadanía hastiada de la prepotencia... finalmente va.

Finalmente. Son siete preguntas que no convencen a todos. Muchos se preguntan por qué no está la pregunta de si estoy de acuerdo con la eliminación de la figura del vicepresidente, o si estoy de acuerdo con esto no y no con lo otro. Hasta en las filas del oficialismo se preguntan por qué no se pregunta las más de 30 preguntas presentadas en Carondelet a última hora, dejando sin piso una tesis que se quería posicionar desde Bélgica, la necesidad de una Asamblea Constituyente para cambiar una Constitución calificada casi como perfecta por el anterior Gobierno luego de que unas enmiendas incluyeran algo que nunca votaron los ecuatorianos, la reelección indefinida.

Es uno de los puntos nucleares de la consulta, algo reclamado en foros, debates y en las calles donde decenas de personas fueron perseguidas con procesos judiciales vigentes hasta ahora, acusadas bajo la figura de terrorismo solo porque pedían ser consultadas si estaban de acuerdo con una con reelección indefinida tramitada por una Asamblea convertida en una especie de intendencia de Carondelet.

La reelección indefinida fue aprobada por una Asamblea que se creía inmune a todo, porque cada 24 de mayo ponía la alfombra roja para que el expresidente llegará a decir que su vida ya no le pertenecía, sino que le pertenecía al pueblo en una suerte de autoendiosamiento de bastante mal gusto y demasiado ridículo.

El mandar al tacho de la basura la reelección indefinida será solo un paso para recuperar la sensatez política, para enterrar a los que se creyeron dioses, que creían hacer cosas mundiales todos los sábados.

La consulta tan reclamada en las calles con interminables caminatas de la Conaie,  de los movimientos sociales, de las organizaciones de trabajadores, de los empresarios, de los estudiantes, de una ciudadanía hastiada de la prepotencia… finalmente va. Es una consulta en la que el pueblo tan citado en los discursos políticos tendrá la última palabra. Y nadie le puede quitar esa capacidad de pronunciarse. Nadie. Eso consta en la Constitución.

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