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La vieja guardia de AP en su laberinto

Juan Tibanlombo
La Conversación EC
martes, octubre 31, 2017
El país está ahora como en el jardín de los senderos que se bifurcan. ¿Para dónde hay que caminar? La lógica es la que debe decidir, como siempre ha sido.

Marcela Aguiñaga y Augusto Espinosa representan la cara más visible de lo que en realidad fue el autocalificado gobierno de las manos limpias y los corazones ardientes, clichés líricos para justificar el supuesto romanticismo de una revolución vaciada de todo contenido, opaca, servil al gobernante de turno, ni siquiera por prebendas sino porque el servilismo es su naturaleza a fuerza de contradecir a los enciclopedistas del siglo XVIII.

La primera habla de la lucha contra la corrupción, de la década ganada, de que no hay que ir por la regresión de derechos, pero al hablar de la regresión de derecho no menciona que hacia halla caminó el país con la puesta en vigencia del Decreto 16 que ponía una espada de Damocles sobre la cabeza de la sociedad civil organizada. No. Para ella regresión de derechos es impedir que vuelva al poder una persona que gozó de todos los poderes habidos y por haber; que insultó, calumnió y hasta cambió las biografías de cualquiera que estuviera en su radar con el aplauso suyo y de sus contertulios.

Eso es para esa asambleísta regresión de derechos, de su derecho a estar en una sabatina sacudiendo sus palmas tras una orden a la justicia para que vaya tras cualquiera. Eso es regresión de derechos, de su derecho a aplaudir la calumnia y la manipulación de los hechos gracias al control de la justicia y de la información y de los organismos de control y de los decretos de emergencia para la tramitación expedita de los fondos públicos.

Espinosa nada de la misma corriente. Fue el instrumento para perseguir y acorralar a sus antiguos aliados, la UNE y el MPD. No se contentó solo con quitarles todo espacio político, sino que se fue contra sus ahorros administrados desde una lógica empresarial; por algo una de sus socias en una hidroeléctrica fue una de las empresarias más importantes del país.

Los dos representan esa idea de que la verdad es una sola, la de ellos. Ellos son los que creen que el poder todavía está en Bélgica y que algún día regresará como regresaron las oscuras golondrinas, como intentó regresar Alan García; como intentó volver Fujimori por intermedio de su hija; como tantas veces intentó volver Carlos Menem; como intentará volver Lula… Y debería intentar volver, aunque tal vez choque contra ese verso de Borges tan real como enigmático: Solo una cosa no hay, es el olvido. A veces parece que la memoria no alcanza, pero siempre alcanza. Siempre, como el olvido que parece no existir.

El país está ahora en el jardín de los senderos que se bifurcan. ¿Para dónde hay que caminar? La lógica es la que debe decidir, como siempre ha sido. Lo emocional quedará en segundo plano. Lo emocional solo despierta una vez y lo que sigue es darle la vuelta a la página. Es lo que hace todo el mundo, así sea desde el inconsciente.

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