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Donald Trump, un estilo que a nadie deja indiferente

martes, enero 9, 2018
Quienes simpatizan con las actitudes del presidente, aplauden el lenguaje frontal que utiliza para dirigirse a los países considerados enemigos de Estados Unidos así como aquellos grupos y personas que cuestionan sus decisiones. Sus críticos lo rechazan.

Fiel a su estilo confrontador, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, inició este nuevo año con mensajes amenazantes contra Irán, Afganistán y Palestina. Poco antes, durante las celebraciones de fin de año desafió al líder norcoreano Kim Jong-un sobre quién tiene junto al escritorio el botón nuclear más grande.

El magnate republicano, que el 20 de enero de 2017 asumió el mando de la nación más poderosa del planeta, ha impuesto en la Casa Blanca un estilo impetuoso, totalmente alejado de los convencionalismos y formalidades de otros presidentes.

El uso de las redes sociales como arma de desfogue para referirse indistintamente a asuntos domésticos o de política internacional, denota su falta de prudencia tanto en cuestiones de política interna como en asuntos diplomáticos. Aunque esta forma de actuar genera opiniones divididas.

Quienes simpatizan con las actitudes del presidente, aplauden el lenguaje frontal que utiliza para dirigirse a los países considerados enemigos de Estados Unidos así como aquellos grupos y personas que cuestionan sus decisiones. En cambio, sus críticos lo rechazan. Ciertamente, si hay algo que Trump no genera es indiferencia.

Un rasgo que ha sido visto como poco tolerante es la facilidad con que ha sabido separar a funcionarios de su entera confianza ante la mínima señal de divergencia, como ocurrió entre octubre y noviembre pasados. O sus feroces ataques a personajes políticos ya sean demócratas o republicanos que se han mostrado opuestos a ciertas decisiones. Qué decir de su comportamiento indelicado hacia algunos grupos entre los que destacan migrantes -especialmente mexicanos-, mujeres y otros colectivos sociales.

Controversial, desafiante o como lo quieran llamar, el estilo de Trump no es comparable al de ningún otro de los 44 gobernantes que lo antecedieron. Por tradición, los presidentes de Estados Unidos se proyectan a un segundo mandato. Con los frentes que se ha abierto en solo un año, ¿podrá optar por una nueva nominación?

El cumplimiento de promesas de campaña, como el retiro de Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TTP), un convenio con 11 países de la cuenca del Pacífico que fuera impulsado por su antecesor, el demócrata Barack Obama, ha sido elogiado por los sectores donde se ubica el voto duro que lo catapultó a la Presidencia. Lo mismo, la anunciada construcción de un muro en la frontera con México o el controversial retiro del Acuerdo de París sobre el cambio climático.

Otra oferta cumplida (a diferencia de George Bush, Bill Clinton y el propio Obama) es el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, decisión que fue rechazada por la mayoría de países representados en Naciones Unidas, a pesar de las amenazas manifiestas de la embajadora de Estados Unidos ante esa Organización.

En el ámbito legislativo, Trump ha tenido que afrontar varios reveses, en ocasiones con resistencia desde su propio partido. Por ejemplo, algunas decisiones en política migratoria y de salud no fueron procesadas en el Congreso con la debida premura. Incluso hay asuntos que se mantienen en suspenso como la construcción del muro fronterizo con México y la resolución de eliminar un programa migratorio que protegía a unos 800.000 jóvenes indocumentados (dreamers) de la deportación.

Por otro lado, el presidente no ha podido librarse de la sombra de duda sobre la supuesta ayuda recibida de los rusos en la campaña electoral para perjudicar a su rival demócrata, Hillary Clinton. Un tema que ha planeado durante todo el año sobre la Casa Blanca.

Encasillado en el eslogan de campaña de “Hacer América Grande Otra Vez” y en mantener sus niveles de popularidad casa adentro, algunas decisiones de Trump, podrían conducir al país a una suerte de aislamiento. Un vacío que al parecer está siendo aprovechado por China, la otra superpotencia.

Controversial, desafiante o como lo quieran llamar, el estilo de Trump no es comparable al de ningún otro de los 44 gobernantes que lo antecedieron. Por tradición, los presidentes de Estados Unidos se proyectan a un segundo mandato. Con los frentes que se ha abierto en solo un año, ¿podrá optar por una nueva nominación? Aún es prematuro para saberlo.

 

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