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El gobierno lo que debería hacer es facilitar los recursos para la operación y el mantenimiento del MAAC

Marcia Gilbert de Babra
Universidad Casa Grande
viernes, enero 26, 2018
Guayaquil ha producido muchas obras de arte que vale la pena exponerlas en el Museo Nacional si esa era la verdadera intención del Ministerio de Cultura, con la certeza de su itinerancia y su devolución.

Desde hace algún tiempo ha sido evidente el descuido de un importante espacio de Guayaquil, como el Museo Antropológico de Arte Contemporáneo (MAAC) a cargo del Ministerio de Cultura, eso en parte podría explicar la reacción tan visceral de muchas voces ante unas desafortunadas declaraciones de una exfuncionaria del Ministerio de Cultura. Declarar que Guayaquil no se involucraba en los procesos culturales para intentar justificar el traslado de importantes obras de arte a Quito no es racional ni oportuno.

Guayaquil, desde sus orígenes, ha sido una ciudad muy comercial, pionera en muchas actividades de la sociedad civil (ONG´s), con un importante sector industrial, agro industrial y exportador, pero por su volumen demográfico, su dinámica portuaria y su historia, siempre ha tenido importantes expresiones artísticas como la pintura, la escultura, el teatro, el cine, la música y la literatura.

Ahora mismo hay un renacer de varias de estas expresiones en nuestra ciudad. Veamos.

Apertura de espacios teatrales grandes y pequeños, gracias a importantes esfuerzos del gobierno local y del sector privado. Ahí está La Bota, al pie del Malecón del Salado; la Fundación Albert Paulsen y la Casa Cino Fabiani en Las Peñas; Teatro Sánchez Aguilar. ¿Y el dinámico teatro callejero que hoy se ve?

Guayaquil organiza con bastante éxito, desde hace algunos años, una de las ferias del libro más importantes del país, a la que llegan escritores de talla internacional como J.M. Coetzee, Luisa Valenzuela, Leonardo Padura, entre otros…

Hay un estimulante repunte en el cine con algunos directores y actores guayaquileños que ocupan lugares estelares en la cinematografía nacional y latinoamericana.

Guayaquil organiza con bastante éxito, desde hace algunos años, una de las ferias del libro más importantes del país, a la que llegan escritores de talla internacional como J.M. Coetzee, Luisa Valenzuela, Leonardo Padura, entre otros. Y es importante no solo por la calidad de sus invitados sino por los miles de visitantes que acuden cada año, gente de variado origen y edad. Y no menos interesante, la multiplicación de Clubs de Libros y de Cine Arte de grupos muy variados, en especial de mujeres; y el nuevo programa municipal GUAYARTE que recoge la gráfica no convencional (grafitera) de jóvenes artistas en grandes espacios del puerto.

Desde Guayaquil se organizó la Orquesta Sinfónica Nacional y ahora la Sinfónica Municipal, ambas con directores de gran trayectoria, que han tenido destacadas presentaciones a teatro lleno.

Entonces si resulta un poco absurdo oír a funcionarios de gobierno decir que Guayaquil no se involucra en los procesos culturales. Si bien la reacción de importantes actores de la ciudad que reclamaron la renuncia de la funcionaria pudo ser tal vez un poco sobredimensionada, hay que entender que en los procesos comunicacionales las críticas a lo negativo son siempre proporcionalmente superiores a las reacciones a lo positivo.

A esa desafortunada declaración de una funcionaria que pudo tener la mejor de las intenciones, la de reconocer y preservar la obra pictórica de nuestra ciudad, se da además en el contexto de la larga historia del centralismo en el país que ha creado un cierto espíritu de revancha en la periferia, en las provincias…

Si nos ubicamos en una perspectiva macro, las declaraciones de la ahora exfuncionaria fueron poco atinadas primero por incoherentes, porque el gobierno pasado abrió una de sus universidades “emblemáticas” como la Universidad de las Artes en Guayaquil, para lo cual ha tomado varios edificios icónicos de la ciudad e invertido muchos recursos. Es decir se intentaba impulsar desde Guayaquil un gran avance a las artes para todo el país. ¡Enhorabuena! Y si había una voluntad política del gobierno de crear nuevas oportunidades y promover el arte y la cultura desde Guayaquil y si esta política pública se mantiene en el nuevo gobierno no procedía quitar a la ciudad su patrimonio cultural y esto implica empobrecer sus bibliotecas o museos llevándose las obras a la capital. Ahí hubo una falta de coherencia en la política cultural nacional, por decir lo menos.

A esa desafortunada declaración de una funcionaria que pudo tener la mejor de las intenciones, la de reconocer y preservar la obra pictórica de nuestra ciudad, se da además en el contexto de la larga historia del centralismo en el país que ha creado un cierto espíritu de revancha en la periferia, en las provincias, que se acentúa cuando los gobiernos son más estatizantes como el pasado. No es pues una cuestión de los guayaquileños frente a los quiteños, sino de aversión al centralismo, y de una falta de visión de lo nacional por vicios empedernidos de determinado sector de la burocracia. Es una cuestión de descentralización frente a centralización.

Las declaraciones de la exfuncionaria del Ministerio de Cultura llegaron precedidas también, lamentablemente, por el cierre temporal del Hospital Neumológico de Guayaquil por problemas de mantenimiento y por el nuevo “ataque” a SOLCA que fue dejado al margen en un proyecto de ley sobre la lucha contra el cáncer, ignorando su ejemplar trayectoria y experiencia.

Quien ha visitado el Museo de Arte Contemporáneo en el puerto, en este último tiempo, se ahogaba por el calor, por la humedad, por la falta de aire acondicionado. Tengo entendido que un programa de mantenimiento recién se ha iniciado.

Nadie puede desconocer que en el Museo de Arte Contemporáneo hay gente muy colaboradora y profesional a la hora de facilitar las instalaciones y apoyar eventos y exposiciones, pero si el gobierno tiene y administra museos lo mínimo que se le podría pedir es la entrega de los recursos para su operación artística continua y el mantenimiento básico en condiciones adecuadas en una ciudad de clima difícil de manejar para la preservación de las obras. Además, quien ha visitado el Museo de Arte Contemporáneo en el puerto, en este último tiempo, se ahogaba por el calor, por la humedad, por la falta de aire acondicionado. Tengo entendido que un programa de mantenimiento recién se ha iniciado.

Sin las reflexiones previas habría sido una reacción muy provinciana y pueblerina de algunas voces de Guayaquil decir que no se lleven algunos buenísimos cuadros del MAAC a la capital, sabiendo que los préstamos para exhibiciones itinerantes de obras de arte siempre ha sido una práctica universal no solo al interior de cada país sino en todo el mundo.

Guayaquil ha producido muchas obras de arte que vale la pena exponerlas en el Museo Nacional si esa era la verdadera intención del Ministerio de Cultura, con la certeza de su itinerancia y su devolución.

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