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Óscar Pérez

Juan Tibanlombo
La Conversación EC
lunes, enero 15, 2018
En Venezuela hay terrorismo, pero es terrorismo de Estado contra la población civil. Es un terrorismo de colectivos armados financiados y defendidos por el chavismo que asesinan en la más absoluta impunidad.

Óscar Pérez es un inspector de Policía que en junio de 2017 se rebeló contra el régimen chavista, al tomar un helicóptero y sobrevolar el Tribunal Supremo de Justicia, bajo control del chavismo, y lanzar unos explosivos. Fue una operación de película que muchos consideraron teatro, ficción, un montaje del mismo chavismo para distraer la represión en las multitudinarias protestas en su contra.

El helicóptero mostraba una pancarta que decía 350 Libertad, en alusión al artículo de la Constitución de los mismos chavistas que faculta a los venezolanos a desconocer el régimen que contraríe las garantías democráticas y menoscabe los derechos humanos. Pérez colgó varios vídeos en Instagram en los que aseguraba formar parte “de una coalición de funcionarios militares, policiales y civiles en contra de este Gobierno transitorio y criminal”.

Sus apariciones en las manifestaciones antigubernamentales, vestido con uniforme de camuflaje, lo convirtió en uno de los hombres más buscados por el régimen chavista que puso su foto en todos los lugares posibles con la leyenda de Se busca. Su última aparición en operativos contra el régimen habría ocurrido en diciembre del año pasado cuando se produjo el asalto a un destacamento militar del que supuestamente sustrajo armamento.

“Tenemos heridos y nos siguen disparando ¡Nos vamos a entregar, no sigan disparando, aquí hay civiles! No quieren que nos entreguemos, nos quieren asesinar. Estamos negociando para entregarnos”, dijo Pérez en uno de los videos subidos a su cuenta de Instagram con el rostro cubierto de sangre y un fusil en la mano.

“No quieren que nos entreguemos, literalmente nos quieren asesinar. Nos lo acaban de decir”, dijo en su última grabación.

 

Tras varias horas en el operativo, las autoridades venezolanas dieron a conocer un informe del Misterio de Justicia chasvista donde aseguraron que “los integrantes de esta célula terrorista que hicieron resistencia armada fueron abatidos y cinco criminales fueron capturados y detenidos”.

“Todo el que entre en el camino del terrorismo tendrá una oportuna respuesta de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana… Somos un estado de derecho, de justicia, que respeta los derechos humano -ha dicho Nicolás Maduro-. Hay un imperio, hay una oligarquía colombiana, que quiere destruir este país como sea”.

Parece chiste, pero no lo es. El régimen que defiende el terrorismo de Estado, que financia colectivos armados para atacar a la población civil; el régimen que en 18 años ha llevado a Venezuela a una crisis humanitaria sin precedentes; el régimen que prefiere invertir en bombas lacrimógenas antes en que alimentos y medicinas; el régimen que no dudó en montar una deleznable Constituyente para desactivar a la oposición; el régimen que saludaba a Gadafi como patriota y defiende a Bashar al Asad; ese régimen ahora califica de terroristas a personas que de lo único que podrían ser acusadas es de creer en el cambio en Venezuela, de creer en una salida de una dictadura atrincherada en el poder con un entorno de involucrados en casos de narcotráfico, tráfico de armas…

En Venezuela hay terrorismo, pero es un terrorismo de Estado contra la población civil que ha sido obligada hasta a comer de la basura. Es un terrorismo de colectivos armados financiados y defendidos por el chavismo que asesinan en la más absoluta impunidad, mientras miles y miles tratan de huir como sea del país.

Érase un país llamado Venezuela.

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