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Todo salió mal en el ‘operativo Assange’

Carlos Estarellas Velazquez
Universidad Católica de Santiago de Guayaquil
domingo, enero 14, 2018
Alguien debe responder por tan bochornoso asunto. En una democracia normal, la ministra María Fernanda Espinosa ya habría renunciado al cargo. A estas alturas, el presidente ya debería haberse pronunciado.

El fallido intento de la Cancillería de otorgarle inmunidad diplomática al fundador del portal Wikileaks, Julian Assange, con el fin de evitar su detención por parte de las autoridades británicas, deja en muy mal predicamento la imagen del Ecuador en el entorno internacional.

La nacionalización del activista australiano así como el pedido a Gran Bretaña para que le reconozca estatus diplomático como miembro de nuestra representación en Londres, que fuera rechazado por la Oficina de Asuntos Exteriores de ese país, indican que la Cancillería antepuso la defensa de Assange al interés nacional.

.Al mismo tiempo, la maniobra evidencia un alarmante desconocimiento de las normas del Derecho Internacional por parte de quienes conducen el servicio exterior, lo cual menoscaba la imagen del país y coloca al gobierno en la delicada posición de tener que responder por el desatino.

Es de lamentar que el último decenio haya sido nefasto para el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde muchos diplomáticos de carrera, de primer nivel y de vasta experiencia, fueron reemplazados por personas sin conocimiento alguno en materia internacional. Ahí están las consecuencias.

La nacionalidad ecuatoriana se puede obtener a través de una de estas vías: mediante carta de naturalización, por matrimonio con una persona ecuatoriana o ser declarado ecuatoriano de honor. Obviamente, Assange optó por la primera.

A su vez, uno de los requisitos que exige el trámite de naturalización es presentar el certificado de antecedentes penales. Esto lleva a preguntar ¿qué documento entregó un individuo acusado de violación que infringió la prisión domiciliaria que cumplía en Londres? También se incumplió la obligación de publicar la carta de naturalización en todos los periódicos, y así la Cancillería mantuvo en secreto un asunto de carácter público.

Pero las cosas salieron mal. Al negarle reconocimiento diplomático vía comunicado oficial, el gobierno británico reiteró su postura de siempre: Assange será detenido y puesto en manos de la justicia en cuanto ponga un pie fuera de la Embajada. Por si fuera poco, al ser ecuatoriano el jefe de Wikileaks pierde la condición de asilado, una merced que únicamente se otorga a ciudadanos extranjeros. De modo que ahora solo es un huésped de nuestra legación.

Otra lección que deja este malhadado asunto es que la ideología no debe estar por encima de los asuntos de política exterior, porque esta debe servir a los más altos intereses nacionales. Así funcionan las naciones serias. A eso aspiramos los ecuatorianos.

Quisiera pensar que esta trama nomás obedece al desconocimiento de quien encabeza el Ministerio de Relaciones Exteriores. Aunque esa falencia no puede servir de pretexto para dejar escapar un detalle importante y es que alguien debe responder por tan bochornoso asunto. En una democracia normal, la ministra María Fernanda Espinosa ya habría renunciado al cargo.

Según el Derecho Administrativo, la autoridad es delegable pero la responsabilidad jamás se encarga. En esa lógica, el responsable directo del manejo de la política exterior es el presidente de la República, en tanto su canciller es el brazo ejecutor.

A estas alturas, todos deberíamos saber qué piensa el presidente Lenín Moreno en relación a esta cadena de dislates y qué acciones planea tomar para componer la maltrecha imagen del país. A fin de cuentas, como decía un interesante tratadista, gobernar es rectificar.

Ojalá que el mandatario revierta lo ocurrido con la reestructuración total del servicio exterior, porque es imperioso que -de una vez por todas- nos haga enterar que este es un gobierno distinto. Aquello pasa por relevar de los cargos de confianza a personajes que fueron funcionarios formaron parte del círculo íntimo del expresidente Rafael Correa, como es el caso de la actual canciller.

Otra lección que deja este malhadado asunto es que la ideología no debe estar por encima de los asuntos de política exterior, porque esta debe servir a los más altos intereses nacionales. Así funcionan las naciones serias. A eso aspiramos los ecuatorianos.

 

 

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