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Ya pasó la consulta, ahora es tiempo de poner la casa en orden

Jaime Cabezas Maldonado
Universidad Internacional del Ecuador
martes, febrero 6, 2018
Es inevitable instrumentar una política de austeridad fiscal, con medidas que apunten a reducir el gasto público al menos un 10%. La economía no rinde tanto como para que el Estado se dé el lujo de gastar el 34% de la renta de los ciudadanos para sostenerse.

Con una victoria que bordea el 70% a favor del Sí en la consulta popular del 4 de febrero último, el presidente Lenín Moreno, refrenda su mandato y está libre de cualquier atadura para realizar los cambios ofrecidos durante todo este tiempo y que todavía no superan la categoría de enunciados.

Han transcurrido siete meses desde que el primer mandatario informara por todos los medios que la situación económica del país es “sumamente difícil”. Hoy, una vez exorcizado en las urnas el fantasma del correísmo, es tiempo de trabajar en las soluciones.

Para ayudar en la tarea he resumido un listado de temas que no pueden ser postergados más tiempo.

De entrada, es inevitable instrumentar una política seria de austeridad fiscal, con la adopción de medidas que apunten a reducir el gasto público al menos un 10%. La economía no rinde tanto como para que el Estado se dé el lujo de gastar el 34% de la renta de los ciudadanos para sostenerse. El gobierno, conocedor de la situación, debería hacer lo posible por retornar al histórico 25%, lo cual, entre otras cosas, pasa por desempolvar la antigua Ley de Control y Regulación del Gasto Público o impulsar una nueva, que fomente una política de genuina austeridad.

Otro tema que requiere atención a tiempo completo es la renegociación de la deuda y reperfilarla a plazos más largos, con tasas de interés más bajas. No es factible continuar endeudando al país, por ejemplo, en la forma prevista para este año: contratar deuda por $12.000 millones para pagar obligaciones por $8.000 millones. Persistir en ese camino conducirá al Ecuador a una nueva crisis de deuda. Claramente, la renegociación implica lograr acuerdos con los organismos multilaterales.

Asimismo, un asunto que exige pasar de las palabras a los hechos es la búsqueda de un Tratado Comercial con Estados Unidos. Para el país lo óptimo sería un Acuerdo de Libre Comercio, pero el presidente Donald Trump no ve con buenos ojos ese tipo de convenios. El actual embajador en EEUU es un experimentado diplomático de carrera, por lo que habría que aprovechar sus conocimientos para impulsar el acuerdo; o, al menos, mejorar las preferencias arancelarias a fin de incrementar nuestras exportaciones ya que de momento es la única manera de preservar la dolarización.

En la misma dirección es necesario fomentar la apertura comercial con la Alianza del Pacífico, una iniciativa de integración regional que comprende a Chile, Colombia, México y el Perú; y otros dos países candidatos oficiales a ser miembros: Costa Rica y Panamá. De este modo es absurdo que el Ecuador esté fuera por voluntad propia.

Habrá que empeñarse en lograr el regreso de la inversión extranjera a todo nivel, asegurando un tratamiento justo a la misma y suscribiendo los correspondientes convenios de garantía. Caso contrario no habrá quien se arriesgue a inyectar recursos nuevos.

Un aspecto candente de interés nacional que debe ser abordado con premura tiene que ver con el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. El IESS se encuentra en vías de descapitalización; diversos estudios estiman que en un plazo de siete a diez años se habrán agotado sus reservas. La situación reclama una racionalización, pues no cabe el aseguramiento universal de salud sin la cotización correspondiente. Si el gobierno pretende que no todos contribuyan, deberá subvencionar; lo contrario es simple demagogia con recursos de los afiliados.

Paralelamente, se torna indispensable convocar a un amplio diálogo nacional con el objetivo de generar un clima favorable a la empresarialidad. En esta materia, penosamente, el Ecuador mantiene algunas ineficiencias: exceso de trámites, exceso de burocracia, exceso de impuestos, falta de transparencia en los procedimientos.

Habrá que empeñarse en lograr el regreso de la inversión extranjera a todo nivel, asegurando un tratamiento justo a la misma y suscribiendo los correspondientes convenios de garantía. Caso contrario no habrá quien se arriesgue a inyectar recursos nuevos, peor aún si se tiene en cuenta un largo historial de maltrato a la inversión extranjera sobre todo en el área energética. Hay que hacer cambios profundos para que la inversión foránea se constituya en unos de los mecanismos que nos ayudará a salir del agujero en que nos hundió el gobierno de la última década.

Con un plan enfocado en metas claras y con tesón es posible que en el mediano plazo (alrededor de dos años) el país entre en la senda de la recuperación económica, sin que el gobierno deba renunciar a las políticas sociales orientadas a mejorar las condiciones de vida de la población y disminuir la pobreza.

Al convocar a la jornada electoral de consulta y referéndum cumplida el domingo anterior, el gobierno ha tomado la ruta correcta. La inminente reestructuración del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) abrirá la puerta para que los organismos de control sean gestionados por personas honestas, profesionales, incorruptibles e independientes del poder central.

Los cambios que empezarán a operar tras la proclamación de los resultados electorales, también requieren un viraje de timón de 180 grados en algunas áreas. Una las más importantes es el servicio exterior, cuya agenda diplomática presentada hace pocos días enfatiza en las relaciones políticas y comerciales con los países de la ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas).

Si el presidente Lenín Moreno no imprime un cambio radical a su gestión, los ciudadanos entenderemos que la nación continúa secuestrada por una visión oscurantista que irremediablemente le llevará al despeñadero, porque se mantendría el esquema del llamado Socialismo del Siglo XXI, pero esta vez sin Rafael Correa. Las condiciones del país no son como para perder más tiempo en novelerías y en persistir en modelos fallidos.

 

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