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Un litigio que terminó en gol

Juan Tibanlombo
La Conversación EC
viernes, marzo 23, 2018
Y de pronto los clubes que estaban bajo el férreo mando de la FEF descubrieron que estaban en el siglo XXI, el de la inteligencia artificial, el de Minority Report y comenzaron a mostrar que podían tejer sus propias audiencias con un público dispuesto a seguir su señal desde un teléfono inteligente, una tablet, un ipad ya sea desde la casa de los amigos...

Todo empezó en la época de Luis Chiriboga, cuando los equipos de fútbol comenzaron a verlo como el Rey Midas que todo lo convertía en oro. Su notable ascenso coincidía con el surgimiento vertiginoso de un movimiento político que se fue aglutinando alrededor de la figura del expresidente Rafael Correa, un hincha de Emelec y un ferviente admirador de Hugo Chávez, que pronto puso como principal sponsor de ese equipo a la empresa insigne de Venezuela, PDVSA, hoy devenida en el más absoluto abandono.

Fue como un juego de dominó, que apostaba por la caída de ficha tras ficha. Primero fue la incautación de los canales al grupo Isaías, luego el control de esos medios por parte del aparato de propaganda del gobierno. La propaganda necesitaba una ventana, medios con gran audiencia, no por las telenovelas ni por los programas chichas que se mantendrían, porque el gobierno se jactaba de ser de intelectuales. El brazo comunicante con las grandes audiencias debía ser el fútbol. Para qué inventarse el agua tibia, si Kirchner ya había apostado a eso en Argentina, al igual que Chávez con la vinotinto en Venezuela.

Para esa época, en Ecuador cada club manejaba medianamente bien sus negocios de los derechos de transmisión del fútbol por la televisión en señal abierta. Y ahí es donde entró Chiriboga. Retiró a cada club esos derechos, puso millones sobre la mesa y entregó los derechos de transmisión de todos los partidos a los canales incautados en manos del gobierno, incluidos los de las Eliminatorias a los mundiales.

Era la época de los ingresos extraordinarios del petróleo por sus altos precios en el mercado internacional; los tiempos donde cada día que los altos funcionarios miraban el tablero de Wall Street saltaban de alegría, como si se hubieran ganado la lotería. Eso fue llamado el milagro ecuatoriano que se promocionaba en cada partido de fútbol, sobre todo si era de la selección ecuatoriana.

El precio de petróleo comenzó a bajar. Los ingresos no alcanzaron, las deudas aumentaron al igual que las obligaciones y cada día había menos dinero para gastar y menos para pagar. Comenzaron los atrasos y también la desgracia para el fútbol ecuatoriano. Futbolistas impagos, clubes en crisis por las deudas con el IESS, el SRI… y como colofón de un primer libro, el FIFAGate.

El segundo libro comenzó con Chiriboga detenido por casos de sobornos, lavado de dinero, compra de votos para mantener a eternos dirigentes. Con Chiriboga fuera de escena, sin que siquiera Correa lo pudiera defender, Carlos Villacís, su segundo a bordo, pasó a ser su sucesor y trató de salir a flote, pero tras el estruendoso fracaso de la Tri en las eliminatorias comenzaron los dimes y diretes por las deudas de los canales incautados con la FEF.

Carlos Villacís trata de reflotar, otra vez con un millonario contrato por los derechos de transmisión de todos los partidos del campeonato con GolTv para repartir dinero a los clubes. Salieron a escena otras grandes empresas como DirecTv, se habló de un concurso amañado; aparecieron dirigentes políticos en medio, jueces que pusieron y retiraron requisitos a un concurso hasta dejar sin la transmisión de los partidos por los canales de señal abierta.

Y de pronto los clubes que estaban bajo el férreo mando de la FEF descubrieron que estaban en el siglo XXI, el de la inteligencia artificial, el de Minority Report y comenzaron a mostrar que podían tejer sus propias audiencias con un público dispuesto a seguir su señal desde un teléfono inteligente, una tablet, un ipad ya sea desde la casa de los amigos, desde un parque donde la familia disfruta de un picnic, desde la playa… Descubrieron que el estadio era el mundo e hicieron suyos los derechos.

Ahora otro juez ha fallado a favor de permitir la transmisión de los partidos de fútbol en señal abierta hasta que se resolviera el tema de los derechos de transmisión. No se sabe para favorecer a quién, pero el lapsus brutus de cierta dirigencia y de cierto sector empresarial ha abierto los ojos a muchos clubes ecuatorianos para buscar un nuevo modelo de negocio que vuelva otra vez rentable en Ecuador una de las pasiones del mundo.

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