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Sea con Duque o con Petro, un horizonte sombrío se vislumbra para el cordón fronterizo

Pablo Beltrán
Universidad San Francisco de Quito
jueves, mayo 31, 2018
La política pública es un tema de hacer las cosas o dejar de hacerlas. Duque perseguirá a los exguerrilleros y estos van a contraatacar. En cambio, Petro no hará nada y en consecuencia tendrán licencia para operar y ampliar sus dominios.

Los resultados de primera vuelta de las elecciones presidenciales colombianas que ubicaron como finalistas a Iván Duque y Gustavo Petro confirman el clima de polarización que vive el vecino país de cara a la contienda definitiva entre derecha e izquierda en el balotaje del próximo 17 de junio.

Ambos candidatos representan los dos extremos del arco político. Sus diferencias ideológicas son diametralmente opuestas en temas fundamentales como la economía y el proceso de paz.

Esto ha provocado una partición en el electorado que pued traer consecuencias graves a la hora de gobernar para quien resulte triunfador.

Y es que, para poder gobernar, el nuevo presidente estará forzado a negociar con la oposición. Un panorama complicado en lo que atañe a la política interna de Colombia, el cual, a nivel externo, puede tener una incidencia poco favorable en el problema que ahora mismo tiene el Ecuador en la frontera común.

Duque, del partido Centro Democrático (del expresidente Álvaro Uribe), cuestiona varios aspectos del Acuerdo de Paz suscrito por el actual gobierno, de Juan Manuel Santos, con la guerrilla de las FARC. En lo primordial, sostiene que sus integrantes o lo que algunos políticos llaman ‘grupos disidentes’ tienen que ser llevados ante la Justicia a fin de responder por los crímenes cometidos.

Esa actitud desataría una persecución que reavivaría el conflicto interno, pues los llamados ‘disidentes’ no se quedarán tranquilos al ver que sus líderes o sus excompañeros son encarcelados y juzgados; entonces no tardarán en reagruparse y nuevamente tomar las armas.

Asimismo, es previsible que en la reconformación de estos grupos se incorporen elementos ecuatorianos, urgidos por el alto nivel de desempleo y falta de atención en la zona fronteriza; incluso por motivos ideológicos.

En caso de resultar victorioso el izquierdista Gustavo Petro, un exguerrillero del desaparecido M-19 (Movimiento 19 de abril), su gobierno pondría poco énfasis en perseguir a los ‘disidentes’, por tanto la situación en la frontera no se vería alterada mayormente y de ese modo tendrían libertad para mantener las operaciones con los grupos delictivos y narcoguerrilleros. Al menos uno de ellos, liderado por alias ‘Guacho’ ya se ha hecho sentir al norte de Ecuador.

Los últimos acontecimientos cuyo pico más mediático fue el secuestro y asesinato a un equipo periodístico de El Comercio sacaron a relucir que la frontera compartida con Ecuador merece atención. Y Colombia está dispuesta a hacerlo, aunque para actuar en conjunto es imperioso que Ecuador proponga una política internacional de cooperación, con objetivos y metas comunes

La política pública es un tema de hacer las cosas o dejar de hacerlas. Según lo manifestado en campaña, Duque perseguirá a los exguerrilleros y estos van a contraatacar. En cambio, Petro no hará nada y en consecuencia tendrán licencia para operar y ampliar sus dominios.

Como se advierte, los dos escenarios son desfavorables para nuestro país. Por ello la situación amerita que se elabore urgente un plan encaminado a asegurar la frontera, en el que participen los distintos sectores involucrados: Ejecutivo, Defensa, Relaciones Exteriores, Economía, Policía Nacional, que al mismo tiempo permita trabajar en forma conjunta con el Estado colombiano.

Hoy por hoy parece difícil lograr lo señalado, por cuanto el único cambio positivo ha tenido lugar en el Ministerio de Defensa, a diferencia de la cartera del Interior donde se nombró a una persona con mínimo conocimiento de seguridad. Peor aún con una Cancillería que prácticamente está en acefalía.

En nuestro país puede haber estrategias planteadas por el Ministerio de Defensa sobre lo que debe hacerse en la frontera norte pero su campo de acción es limitado, puesto que los objetivos, que deberían estar ligados a la política exterior, no pueden estar claros cuando quien maneja el Ministerio de Relaciones Exteriores se preocupa únicamente de su protagonismo individual mas no de la nación.

Como Estado, Colombia siempre ha mirado de lejos a su frontera sur porque no había palpado la inseguridad de la zona como sí lo había hecho en el interior mismo del país o en su frontera norte (con Venezuela).

Empero, los últimos acontecimientos cuyo pico más mediático fue el secuestro y asesinato a un equipo periodístico de El Comercio sacaron a relucir que la frontera compartida con Ecuador merece atención. Y Colombia está dispuesta a hacerlo, aunque para actuar en conjunto es imperioso que nosotros propongamos una política internacional de cooperación, con objetivos y metas comunes.

Durante el Informe a la Nación del primer año de labores de Lenín Moreno, el mensaje abordó varios temas de fondo en lo político, económico, social; en cambio, en lo atinente a política exterior, solo hizo alguna mención tangencial. Esto, porque no tenía nada que destacar en ese aspecto.

El Ecuador mantiene una posición tibia sobre el conflicto que se vive en la frontera con Colombia, lo mismo en relación a lo que ocurre en Venezuela, igual sobre la situación de Julian Assange y así en casi todos los temas de política exterior, porque, reitero, la Cancillería está a la deriva.

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