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Fausto Trávez llama a seguir con las donaciones: Nadie vive de tus lágrimas, vive de tu ayuda


Redacción
La Conversación EC
domingo, abril 24, 2016
Un minuto de silencio, flores y velas encendidas caracterizaron el homenaje que los habitantes de Quito rindieron a los 654 fallecidos, así como a los miles de heridos y damnificados que dejó el terremoto de magnitud 7,8 que sacudió el país el sábado 16 de abril a las 18:58, según el portal de Ecuavisa. Cuando el reloj marcaba […]

Un minuto de silencio, flores y velas encendidas caracterizaron el homenaje que los habitantes de Quito rindieron a los 654 fallecidos, así como a los miles de heridos y damnificados que dejó el terremoto de magnitud 7,8 que sacudió el país el sábado 16 de abril a las 18:58, según el portal de Ecuavisa.
Cuando el reloj marcaba las 18:58, el momento justo del terremoto del 16 de abril, el arzobispo de Quito y presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), Fausto Trávez, pidió a los presentes en la llamada Cruz del papa, en el parque La Carolina, que orasen en silencio durante un minuto.
Travez, con micrófono en mano, contó sus vivencias en recorridos por pequeños pueblos “arrasados completamente” donde, dijo, el terremoto dejó a gente sin nada. En Bahía de Caráquez la iglesia se había convertido en la cocina, el comedor, la enfermería y los dormitorios de los más necesitados.
“Ellos tenían el rostro sin gesticular, yo digo, como una estatua mal hecha -dijo-. Ni siquiera lloraban porque jamás se imaginaron que eso iba a suceder en el lugar turístico en donde la gente va a descansar y tener momentos de esparcimiento”.
En Canoa la iglesia se cayó, pero muchas imágenes religiosas permanecieron en pie. En Jama, dijo, vio una escena conmovedora: “maquinaria, ejército, policía y obreros trataban de levantar dos losas pegadas una sobre otra. El primer piso no se había caído, el segundo y tercero sí. Las dos losas aplastaban a una chica de 16 años” que quedó atrapada cuando intentaba ayudar a su abuela.
El sacerdote llamó a continuar con la donaciones porque los niños, como el resto de damnificados, no necesitan compasión: “Nadie vive de tus lágrimas, vive de tu ayuda”.
Trávez, que estaba junto al alcalde de Quito, Mauricio Rodas, y su esposa, se unió en oración con los asistentes, mientras a pocos pasos, manos anónimas y voluntarias, seguían clasificando las donaciones que continuaban llegando entrada la noche.
Flores, velas encendidas y una bandera del país levantaron los asistentes cuando se escucharon las notas del himno nacional, al que le siguió un gran coro ciudadano que entonó la canción. Quito desde el pasado sábado no ha cesado en donar vituallas, que el Municipio envía a la zona del desastre. (I)

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