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Vacunas, prevención de la violencia y manejo de residuos: la tarea continúa


Beatriz León
Universidad San Francisco de Quito
sábado, abril 30, 2016
Las zonas devastadas por el terremoto ya eran regiones con mucha depresión socioeconómica y falencias en educación, salud y saneamiento. La catástrofe ha empeorado estas circunstancias. La semana anterior, junto con colegas y estudiantes de Medicina de varias universidades, pude viajar al centro de atención que el Hospital Metropolitano instaló en Cojimíes para atender a […]

Las zonas devastadas por el terremoto ya eran regiones con mucha depresión socioeconómica y falencias en educación, salud y saneamiento. La catástrofe ha empeorado estas circunstancias.

La semana anterior, junto con colegas y estudiantes de Medicina de varias universidades, pude viajar al centro de atención que el Hospital Metropolitano instaló en Cojimíes para atender a la zona cercana. Desde allí pudimos ofrecer primeras atenciones precisamente a madres adolescentes con sus niños, quienes presentaban muchos problemas en la piel y desnutrición.

El pequeño centro de salud de Pedernales, antes del desastre, atendía a una población de 20 000 habitantes en promedio. Imaginemos hoy la magnitud de la demanda, no solo por el tratamiento de lesiones, sino por el aparecimiento de enfermedades gastrointestinales  y otras amenazas producto de la situación de hacinamiento.

Las personas que acuden a las escombreras en los ingresos a Pedernales, a tratar de recuperar algo, se enfrentan a montañas de hormigón y hierro y se lastiman mucho. Allí se requiere un mayor tratamiento técnico porque para cuando salí ya habían sido depositados allí los restos del 20 por ciento de construcciones de la ciudad. Entonces hemos visto que las volquetas van y arrojan los escombros sin diferenciación, incluso hay material biológico, por lo cual empiezan a sobrevolar aves y se evidencian ratas.

Luego, la estación invernal incide. Cuando se cumplió una semana del terremoto cayó una lluvia muy fuerte y persistente a lo largo de 12 horas. Estas circunstancias son proclives a la proliferación de mosquitos que son vectores de enfermedades que ya existían en la zona como el dengue, la chikungunya y el zika.

Además da mucha penar ver que, pese a la gran cantidad de voluntarios, hay pocos momentos para la distracción de los niños.  Hay mucho tiempo sin una actividad recreativa y empiezan a aparecer otros riesgos de las situaciones de hacinamiento. Afortunadamente, las organizaciones de la sociedad civil y las universidades identifican un manejo adecuado de las letrinas, de modo que los desechos humanos no contaminen los espacios aledaños a los refugios.

Por ello, se necesita más letrinas y servicios higiénicos y un traslado más rápido de los residuos a espacios para un adecuado tratamiento. En ese sentido quizá una alternativa sería construir más refugios para albergar a menos gente, porque en esa situación pudiera ser más fácil ejercer un control sanitario y establecer acciones de prevención de la violencia que ya empieza a aparecer.

Una de las necesidades que se pueden solventar más urgentemente implica hacer más fumigaciones. Asimismo, si bien han llegado bastantes repelentes no son suficientes: se necesita mucho más y tengo la impresión de que a escala nacional este producto ya se agotó. Además, para poder distribuir mejor el agua de aseo personal, sí pudiera ser útil continuar con la donación de productos que ayuden al aseo personal, especialmente para las manos.

Finalmente es clave reforzar las campañas de vacunación, pues hasta cuando estuve en la zona ya empezaron a aparecer casos de varicela y habría que evitar, por ejemplo, un nuevo brote de H1N1.

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