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Llegó la hora de pagar una fiesta de nueve años


Santiago Bucaram
Universidad San Francisco de Quito
domingo, mayo 8, 2016
Con las salvaguardas, en términos económicos, el Fisco sí ha tenido una mayor recaudación. Hace tres semanas se publicó un reporte en el cual se mostraban cifras positivas. Sin embargo ¿a qué costo vino ese beneficio? El costo fue impactar en la competitividad de las empresas, porque el costo de producción aumentó, dado que muchas empresas […]

Con las salvaguardas, en términos económicos, el Fisco sí ha tenido una mayor recaudación. Hace tres semanas se publicó un reporte en el cual se mostraban cifras positivas. Sin embargo ¿a qué costo vino ese beneficio? El costo fue impactar en la competitividad de las empresas, porque el costo de producción aumentó, dado que muchas empresas emplean materia prima importada.

De forma global esta medida también ha tenido un impacto negativo para el consumidor pues tiene menores opciones de consumo. Todo se volvió más caro. Obtener vestimenta o tecnología en Ecuador es mucho más caro que hacerlo en Colombia.

Por tanto, tratar de curar cáncer con aspirina no es la mejor solución: tienes que ir a la causa del problema. Y lo que genera desequilibrio en la balanza comercial es el gasto público. Se había expandido demasiado y no estaba en niveles que se pudieran considerar sostenibles. Así, atacar el síntoma y no la causa hace que el problema se haga mayor.

En este contexto, lo obtenido con las salvaguardas no supera los USD 1 000 millones y el hueco fiscal está ya en alrededor de USD 12 000 millones. De nuevo: es una relación de costo-beneficio. Así, al día de hoy, el ingreso más importante que tiene el Estado es por la recolección de impuestos. Y sin embargo la recaudación tributaria está cayendo. Lo que hay que hacer es que el sector empresarial reviva para, a través de ello, lograr una mayor recaudación impositiva y cubrir el hueco fiscal. Con las salvaguardas se ve el problema demasiado rápido, pero lo otro toma más tiempo y el efecto es más sostenido.

Al momento, una de las consecuencias más directas es la contracción del empleo en 300 000 personas. El Gobierno, en este caso, da una explicación muy confusa de lo que son los sectores formal e informal. Entonces lo que sí se sabe es que el porcentaje de desempleo ha aumentado. Todas las medidas que ha establecido el Gobierno tienen un fin específico que es el de recolectar ingresos. Pero ese no debe ser el fin, sino impulsar el desarrollo económico. Por ello el objetivo no debe ser proteger al Gobierno, sino a la economía en su conjunto.

En el caso del IESS, por ejemplo, cuando el Gobierno deja de hacer sus aportaciones, hasta cierto punto uno no entiende si es legal lo que han hecho. El Gobierno reduce de esa forma lo que tiene que pagar, pero eventualmente en el próximo gobierno eso se tendrá que cubrir. Quizá este Gobierno piense que es una buena estrategia, pero al igual que en el IESS (ente con el cual se mantiene una deuda de alrededor de USD 11 000 millones) también hay retrasos ya de dos meses con los gobiernos seccionales. Y ocurre lo mismo con los proveedores del Estado.

Por ello actualmente el Gobierno se está financiando con crédito interno, en la medida en que no está pagando lo que tiene que pagar. Hay una especie de default interno que ya se siente y tiene consecuencias muy funestas para toda la economía porque los más afectados son aquellas mismas personas a las cuales el Gobierno tiene que cuidar.

A la par, con el actual nivel impositivo ya había una contracción en la recaudación, por simple lógica de oferta y demanda: a mayor precio, menor demanda. Ahora con este shock en que aumentan más los precios, es de esperarse una caída mayor. Con el aumento de los tributos a los cigarrillos, la recaudación tuvo una contracción del 2 por ciento en este año. Y en el caso del IVA ya teníamos una contracción acumulada del 13 por ciento.

Al respecto, Pablo Arosemena, presidente de la Cámara de Comercio de Guayaquil, tiene un dicho: los martillos ven todo como un clavo. Y es verdad, porque el Gobierno toma las políticas impositivas más por dogma que por cálculos técnicos y económicos. Pues si uno hace el análisis de todas las reformas, la mayoría no está relacionada con sucesos negativos. Por ejemplo: entre enero de 2007 y junio de 2008 el dólar se depreció (lo cual es bueno para nuestra realidad) y el petróleo subió. ¿Qué pasó entonces? Se estableció la Ley Reformatoria para la Equidad Tributaria y se creó el ISD (impuesto a la salida de divisas). Entre julio de 2008 y febrero de 2009 el dólar se aprecia y baja el petróleo y el Gobierno sube el ISD al 1 por ciento y se establecen las primeras salvaguardas de balanza de pago. Marzo de 2009 y julio de 2011: el dólar se deprecia y de nuevo estamos en una situación positiva. Y el Gobierno sube el ISD al 2 por ciento. Luego, entre agosto de 2012 y julio de 2014 fue el período fantástico en que todo salía a pedir de boca, con un precio de petróleo que bordeaba los USD 130. ¿Qué se hizo? Se subió el ISD al 5 por ciento, se estableció el impuesto verde, el ICE a autos híbridos, aumento del ICE a cigarrillos y bebidas alcohólicas, IVA a los servicios financieros y varias restricciones tributarias adicionales.

En el ciclo actual, agosto de 2014 y marzo de 2016, el dólar se aprecia y baja el petróleo, se pone un ICE del 100 por ciento a cocinas de gas, las salvaguardas y el resto de reformas de las cuales hemos estado hablando. Entonces, decir que el Gobierno está tomando estas medidas tributarias debido a que tenemos una economía adversa no va acorde con el comportamiento que ellos han registrado históricamente sin importar que la economía vaya bien o mal.

¿Por qué el Gobierno lo ha hecho? Porque no tiene un plan económico. Subir impuestos responde más a un plan político, porque vivimos en una sociedad rentista-populista. Entonces, para mantener el poder político el Gobierno necesita convertirse en Papá Noel. Y para ello requiere dinero. Y no lo puede negar pues, pese a los precios altos de petróleo, desde 2009 hasta la fecha, el Gobierno siempre ha estado en déficit.

El Gobierno pudiera argumentar que no es bueno mantener fondos de contingencia por el costo de oportunidad. Digamos que le concedemos tal argumento. Pero el Ejecutivo no solo que se gastó el dinero que llegó de forma adicional por los precios altos del boom petrolero, sino que además se endeudó.

Ahora hay deuda externa, pero también una deuda muy peligrosa e interna que mantiene con el IESS, el ISFFAA y el Banco Central. El ente se ha convertido actualmente en el prestamista de última instancia del Gobierno. Esta deuda alcanza niveles de USD 2 500 millones. Esta contracción de la reserva se ha dado porque hay una presión del Gobierno por obtener fondos.

El Gobierno está obligado a desarrollar un plan integral que entre otras cosas involucre una reducción del tamaño del Estado. En este caso hay 3800 empleados que ganan más de USD 3 000 dólares mensuales con lo cual se ha generado una distorsión en el sector privado, con salarios que no están relacionados con la productividad.

Luego, aquí hay una responsabilidad muy importante de la oposición: llevar al debate público un discurso honesto. La oposición debe decir que estamos en un serio problema. Durante nueve años el Gobierno no ha utilizado los recursos de manera adecuada. Además el hecho de que haya sido adicto al petróleo y al gasto generó una adicción en el sistema. Las empresas son adictas a los subsidios, a las rentas, a los contratos privilegiados. Y los ciudadanos también hemos sido adictos a los subsidios y a todas las ayudas y prebendas del Gobierno.

En este momento, el axioma de que en economía no hay almuerzo gratis nos va a explotar en la cara. Por ende, es necesario reducir el Estado, eliminar los subsidios y quizá, luego de analizar todo lo que ha pasado, recién allí comenzar a pensar en impuestos. Hemos llegado a esta situación crítica por la irresponsabilidad del Gobierno y porque ciudadanos y empresas hemos sido cómplices. Llegó la hora de pagar la fiesta en que hemos vivido durante estos nueve años.

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