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Los albergados por el terremoto ahora solo piensan en la migración


Redacción
La Conversación EC
miércoles, mayo 4, 2016
“Allá no hay nada”, es la frase que se repite entre los damnificados por el terremoto y que residen en Quito en condición de albergados, según diario El Comercio. Su ideal es buscar trabajo y radicarse en la capital con sus familias. En Quito hay nueve albergues operativos para personas víctimas del terremoto del 16 […]

“Allá no hay nada”, es la frase que se repite entre los damnificados por el terremoto y que residen en Quito en condición de albergados, según diario El Comercio. Su ideal es buscar trabajo y radicarse en la capital con sus familias.

En Quito hay nueve albergues operativos para personas víctimas del terremoto del 16 de abril. Están abiertos para familiares de heridos que están internos en casas de salud o que recibieron el alta y personas que salieron de la zona de desastre por su propia cuenta.

Según datos del Ministerio de Salud Pública (MSP), al momento 128 personas utilizan estos lugares temporales. El Hospital Eugenio Espejo (53) y el Hospital Baca Ortiz (24) son los que registran más albergados (ver tabulado). En el albergue de La Y, ubicado en la Comandancia Zonal de la Policía Metropolitana de Quito, fueron ubicadas ocho personas: tres mujeres y cinco varones.

En este lugar nadie quiere volver a Manabí. Jairo Morales quedó bajo una pila de escombros el día del sismo. Fue rescatado por un grupo de bomberos y dos días después, trasladado al Hospital Metropolitano de Quito con politraumatismos en sus piernas y costillas. El pasado viernes fue dado de alta y junto con su madre, Olga Morales, fueron albergados en La Y.

Morales vivía en Portoviejo junto con sus padres. Su madre lo acompañó a Quito y su papá se fue a La Libertad, en la provincia de Santa Elena, donde vive su otra hija. Esperan que Jairo encuentre trabajo en Quito para asentarse en esta ciudad.

En el albergue del hospital Eugenio Espejo el sentimiento es parecido. Ocho de los 53 residentes de ese lugar paseaban la mañana de ayer por el parque La Alameda, mientras limpiaban la habitación en la que duermen. Carlos Loor tiene 53 años y es oriundo de Jama. “Nadie quiere volver”, afirma. Asegura que para muchas personas que perdieron casas y familiares en el terremoto esa es la última opción. (I)

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