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Clarín: Una bala letal contra el kirchnerismo


Redacción
La Conversación EC
miércoles, junio 15, 2016
Eduardo van der Kooy* El kirchnerismo ha sufrido en las últimas horas un golpe político demoledor. La detención del ex secretario de Obras Públicas, José López, en circunstancias escandalosas, supone un montón de imprevisibles desencadenamientos. Entre ellos el más infausto para la oposición radicalizada: ningún juez podría desde ahora hacerse el distraído respecto de la […]

Eduardo van der Kooy*

El kirchnerismo ha sufrido en las últimas horas un golpe político demoledor. La detención del ex secretario de Obras Públicas, José López, en circunstancias escandalosas, supone un montón de imprevisibles desencadenamientos. Entre ellos el más infausto para la oposición radicalizada: ningún juez podría desde ahora hacerse el distraído respecto de la situación de Cristina Fernández. Es decir, una bala enfila hacia el corazón del debilitado sistema de los K.

La afirmación no resulta caprichosa. El ingeniero tucumano López fue un hombre histórico del palo de los Kirchner. Desde que el ex presidente fallecido llegó en los 90 a la gobernación de Santa Cruz. ¿No hubo otros, acaso? Los hubo, aunque con distintas ponderaciones.

Ricardo Jaime, el ex secretario de Transporte preso, representó una llave maestra de la recaudación de Kirchner. Pero jamás contó con la simpatía de Cristina. Julio De Vido terminó siendo el zar de la obra pública y tuvo la amistad del matrimonio. No fue similar, sin embargo, la intensidad de la edificada con Néstor que con Cristina. Permaneció todo el ciclo del poder kirchnerista porque concentró las decisiones en relación a los sobreprecios en las adjudicaciones. Pero la ex presidenta pareció tentada varias veces con darle un empujón. Hubiera resultado peligroso. Conoce demasiado. Por esa razón se abstuvo.

Con López, en cambio, mantuvo hasta el 10 de diciembre del 2015 un vínculo estrechísimo. De audiencia casi diaria. Como no pudo disfrutar De Vido. Lo unía a la ex presidente similar altanería. Formaba parte de un grupo selecto al cual le brindó protección cuando llegó la época electoral. El ex secretario de Obras Públicas es diputado por el Parlasur. Su hijo Máximo, diputado nacional. Diego Bossio, el ex jefe de la ANSeS, también entró al Congreso. Su ruptura fue posterior. Alicia Kirchner es mandataria de Santa Cruz. Ese primer círculo podría cerrarse con Ricardo Echegaray. En otro plano estarían los militantes de La Cámpora, también bajo un paraguas.

Echegaray fue poco previsor. O aceptó la última imposición de su jefa. En vez de pelear por un lugar en el Congreso fue empinado en la Auditoría General de la Nación (AGN). Para bloquear todo intento de indagar en el último año de gestión kirchnerista. Sus defensores dicen que permitió la apertura de 13 informes. Puro humo. El estallido del caso de Lázaro Báez, a quien protegió según las indagaciones judiciales, lo dejó a la intemperie.

El patético espectáculo de López intentando ocultar en un monasterio de General Rodríguez bolsos con más de 8 millones de dólares representa para el kirchnerismo un episodio mucho más gravoso que el de las andanzas del empresario K. Báez fue una obra exclusiva de Kirchner. López, del matrimonio. El ex presidente ya no puede responder. Cristina sí.

Existe otra cuestión que podría ayudar a sepultar para siempre lo poco y pobre que queda del relato de la “década ganada”. La debacle de López no se produjo por ninguna revelación del periodismo. Como sucedió con Báez, a partir de los videos de La Rosadita que despertaron al juez Sebastián Casanello. No habría en este caso ninguna hipotética operación mediática detrás del descubrimiento. Aquel relato quedaría hueco, sin enemigos a la vista.

La desesperación de López en plena madrugada de ayer validaría toda la historia de corrupción kirchnerista, atravesada por peripecias insólitas. Nadie discutiría ya la metodología de los bolsos para escurrir dinero estatal espurio. Tampoco la existencia de las bóvedas, que Báez supo disimular por la impericia judicial con bodegas en una de sus fincas en Santa Cruz. López no habría concurrido al monasterio por ocurrencia o repentina necesidad religiosa.

La desesperación de López en plena madrugada de ayer validaría toda la historia de corrupción kirchnerista, atravesada por peripecias insólitas.

Los escondites de dinero en efectivo también constituyeron una pieza del esquema defraudatorio. Ahora no sonaría exagerada la determinación del fiscal Guillermo Marijuan, que dispuso la utilización de excavadoras para rastrear plata sin suerte en una de las estancias del empresario K. Incluso cobrarían vida los rumoreos sobre la inversión en joyas. El ex secretario de Obras Públicas fue pescado con un bolso repleto de relojes de alta gama.

La imagen de López podría interpretarse como la de una banda en fuga desordenada. Tanto, que resulta difícil aceptar que resultó descubierto por un vecino con insomnio mientras arrojaba los bolsos a través del enrejado del monasterio bonaerense. La realidad podría haber recorrido otro andarivel. El viernes último el juez Julián Ercolini había dispuesto peritajes urgentes a raíz de una denuncia de Vialidad Nacional, que expuso la arbitrariedad de López para favorecer a Báez con rutas que ni siquiera se hicieron. Varias de ripio en Santa Cruz. Una filtración desde Comodoro Py le anticipó al ex secretario de Obras Públicas la cercanía de un allanamiento en sus propiedades. Eso explicaría su excursión despavorida.

La caída de López podría provocar a futuro un efecto dominó. A De Vido le resultará difícil continuar amparándose en sus fueros para ocultar lo que posee. A Casanello, que sustancia la ruta del dinero K, y a Ercolini, a cargo de Hotesur, la empresa que administra una cadena hotelera de los Kirchner en El Calafate, también les será dificil seguir evadiendo la conexión de los asuntos que investigan con la punta del ovillo que quedó a la vista: los sobreprecios de la obra pública como herramienta central de la corrupción.

La imagen de López podría interpretarse como la de una banda en fuga desordenada. Tanto, que resulta difícil aceptar que resultó descubierto por un vecino con insomnio mientras arrojaba los bolsos a través del enrejado del monasterio bonaerense.

En su mareo político, los kirchneristas condenaron a López pero protegieron a De Vido. El bloque de diputados, que preside Héctor Recalde, emitió una declaración de repudio contra el ex secretario de Obras Públicas. En aquel bloque figura el ex ministro de Planificación. Ninguno dijo nada. Los K votaron la semana pasada en contra del dictamen de la Comisión de Asuntos Constitucionales que, por 15 votos contra 10, autorizó al magistrado Luis Rodríguez a allanar un departamento de De Vido en una causa por enriquecimiento ilícito. El macrismo decidió guardar el dictamen para debatirlo en el recinto recién después del fin de semana extra largo. No desea que interfiera en la aprobación del blanqueo de capitales y la reparación histórica para 2,5 millones de jubilados.

La preocupación de Cristina tendría motivos para multiplicarse. La ruptura del pacto de silencio de la familia Báez –al menos de sus hijos– podría significar quizás una nimiedad en comparación con la caída de López. Si el ex secretario de Obras Públicas hablara se produciría la implosión del kirchnerismo que sobrevive. Marijuan sigue obstinado en lograr que el empresario K se acoja a la figura del arrepentido. ¿Podría suceder lo mismo con López?

La ex presidenta, pese a todo, continúa disponiendo de algunas trincheras en el mundo judicial. La Sala I de la Cámara Federal, con los votos de Eduardo Freiler y Jorge Ballestero, aceptó su inclusión como querellante contra Claudio Bonadio en la causa por la compra de dólares a futuro. El juez tiene procesada a la ex presidenta. Ella lo acusa de damnificarla. Curiosidad argentina.

Tales resguardos, luego del vergonzoso episodio de López, parecen haber ingresado definitivamente en zona de riesgo. Hay una sociedad dolida por el ajuste económico que, al mismo tiempo, exigiría un rápido resarcimiento ante tamaña impunidad.

*Clarín

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