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Dilma Rousseff es el resultado de tres periodos de gobierno en Brasil 


Modesto Correa
Universidad Casa Grande
viernes, agosto 19, 2016
El juicio de destitución a la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, ha causado inestabilidad a un país considerado como la octava potencia del mundo,  líder de América del Sur, en cuanto al tamaño de su economía, de su población, y a su  liderazgo.  Fernando Henrique Cardoso, quien gobernó desde 1995 hasta 2005,  dejó un país […]

El juicio de destitución a la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, ha causado inestabilidad a un país considerado como la octava potencia del mundo,  líder de América del Sur, en cuanto al tamaño de su economía, de su población, y a su  liderazgo.  Fernando Henrique Cardoso, quien gobernó desde 1995 hasta 2005,  dejó un país estable de manera general, antes de entregar el poder a  Luiz Inácio Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores.

En este sentido, el juicio a Dilma es una derivación de los dos periodos que gobernó Lula Da-Silva, de  quien  fuera su principal colaboradora, además de ser del mismo partido.  Este exceso de poder no es positivo para los políticos de nuestra región, de hecho los hace perder la perspectiva, como fue el caso de Lula, de quien incluso se llegó a decir que “era el hombre más poderoso del mundo”. Hoy tenemos un Brasil que está venido a menos, no solo en lo político  sino también en lo económico y en general en muchos aspectos importantes que posicionaban a este país en aquel momento.

En la parte política debe establecerse un acuerdo entre todos los partidos, ya que el  estancarse en lo mismo no beneficia a la democracia ni a la economía de Brasil. Los que se quedan -en caso de que el juicio político termine con la destitución de Dilma Rousseff- tienen que convocar a elecciones de forma rápida, ya que  no se puede tener una estabilidad con jefes de Estado encargados o con quienes hayan asumido interinamente el poder. Por ello -recalco- se tiene que llamar inmediatamente a elecciones y que se hagan todas las reformas necesarias e incluso constitucionales, si fuese  necesario para poder manejar la situación.

En caso de que Dilma Rousseff no sea enjuiciada va a ser muy difícil recuperar la estabilidad política porque hay muchos cuestionamientos a la gestión por el lado de la honestidad con la que se han manejado los bienes públicos. Los cuestionamientos son evidentes y se citan dos ejemplos: está en prisión el principal ejecutivo de una empresa  grande e importante como Odebrecht, que ha hecho tanta obra en los países de la región, incluso en EE.UU. Está además el caso de Petrobras, que es una empresa inmensa que pesa mucho no solo en la economía de Brasil sino a nivel internacional.  El hecho de que todo eso haya sido materia de negocios que no están claros o que haya habido inciertas negociaciones de contratos, deja mucho que pensar. A esto se suman todas las vinculaciones de corrupción que ha habido a nivel de gobierno.  

Es por ello que Dilma es el resultado de tres periodos donde se han dado diferentes acciones que ya  han salido a la luz y que aún siguen descubriéndose.  Rousseff ejerció el poder desde el 2011 hasta el 12 de mayo de 2016, cuando fue suspendida de sus funciones. Sin embargo, es su mismo partido, el Partido de los Trabajadores, también lleva  adelante el juicio de su destitución y hasta aquí no ha habido una respuesta encaminada a dejar de lado este tema, más bien siguen los pasos para que se concluya con la destitución definitiva de la Presidenta. De aquí la  pregunta que hay que hacerse, puesto que existen  también otros implicados -hasta lo que se ha dicho- entre líderes del gobierno es ¿este juicio debilita a todo el partido? 

En el aspecto social, los brasileños están cansados de la pobreza, las favelas tienen  unos problemas inmensos que deben ser resueltos, pues no se trata solamente de pobreza, sino además de delincuencia, drogas, etc., que van creciendo y permanecen latentes. Ahí se concentra la gran protesta y más ahora que Brasil es sede de los Juegos Olímpicos. Aunque es un evento mundial que se ha manejado bastante bien -hasta lo que se conoce- porque los deportistas siguen compitiendo y no se ha escuchado problemas en la seguridad por el momento. Felizmente,  para el bien de Brasil, se construyó a tiempo la infraestructura para estos juegos y no se han presentado mayores  inconvenientes, lo que  habla bien del país. 

De hecho la coyuntura de los juegos se podría aprovechar en cuanto a la imagen, porque al hacer un recuento del panorama en la región, se observa Argentina que está tratando de emerger como un país importante en América del Sur mientras Brasil se va quedando. Venezuela también estuvo vinculada con Brasil, el expresidente Lula fue muy amigo del expresidente Hugo Chávez, cosas que antes no se daban; pero ese acercamiento no trajo mayor beneficio a la región por diferentes razones. Por ello ahora se espera que la situación de Brasil se resuelva de la mejor manera y por el bien de una región que espera encaminar su representatividad en el mapa mundial. 

Precisamente América Latina necesita de países como Brasil,  cuando estuvo en su apogeo, de esos liderazgos que pueden hacer mucho por las otras naciones. Ojalá que,  después de toda esta situación que se va a dar,  venga un resurgimiento de las libertades y de los objetivos de que esta  nación se recupere y que vuelva a ser  el líder que todos quieren que sea. 

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