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La marcha de las banderas rojas


Redacción
La Conversación EC
jueves, agosto 25, 2016
Con las mismas consignas, sindicatos y movimientos sociales marcharon contra el Gobierno de Rafael Correa para rechazar sus políticas económicas y las reformas a la Ley de Seguridad Social de la Policía y las Fuerzas Armadas. Desde las cuatro de la tarde del 25 de agosto comenzaron a concentrarse en los exteriores de la Caja del Seguro […]

Con las mismas consignas, sindicatos y movimientos sociales marcharon contra el Gobierno de Rafael Correa para rechazar sus políticas económicas y las reformas a la Ley de Seguridad Social de la Policía y las Fuerzas Armadas. Desde las cuatro de la tarde del 25 de agosto comenzaron a concentrarse en los exteriores de la Caja del Seguro Social, frente al parque El Ejido, con dirección a la Plaza de Santo Domingo, en el centro histórico de Quito.

A los sindicatos, organizaciones de mujeres y jubilados se sumó la de la Unión Nacional de Educadores para rechazar la disolución de esa agrupación ordenada por el Ministerio de Educación. Un grupo compacto lleno de banderas rojas con las siglas de la UNE. Casi toda la marcha estaba compuesta de banderas rojas, las mimas que enarbolaba Alianza País, en sus inicios, antes de que hiciera a un lado a esa organizaciones en el transcurso de sus casi diez años de gobierno.

La marcha se desarrolló sin mayores inconvenientes. Un grupo de policías y otro de la Agencia Municipal de Tránsito encabezaba la marcha con carros y motos último modelo que avanzaban conforme avanzaba el grupo. En el primer telón estaban los sindicalistas como Mesías Tatamuez y el presidente de la Conaie, Jorge Herrera. Las bases de esa organización ya no llegaron como en otras ocasiones ni había la guardia de la dirigencia indígena. Ya nadie gritaba: ¡Guardia, guardia!

Todos iban agarrados de la mano y de vez en cuando se detenían para dar declaraciones a la prensa.

Un poco más atrás iba Carlos Pérez Guartambel, de la Ecuarunari, con su saxofón y un grupo que acompañaba la música de todas las marchas, sin una nota de variación. Cada grupo iba separado por una distancia de unos diez metros. Al entrar al centro histórico la tónica fue la misma. Gritar a los que estaban en las aceras que los curiosos y elevados también eran explotados.

En la calle Mejía apareció el primer piquete de policías, que custodiaba la entrada al occidente de la ciudad, hacia la calle Venezuela, la entrada a Carondelet, el palacio de Gobierno. Pocos se detenían a gritar contra los uniformados y casi todos siguieron su camino. En la calle Chile pasó igual, con la novedad de que el piquete de policías era más grande y estaba apoyado con un carro cisterna. Al parecer, el Gobierno esperaba una marcha más grande.

El grupo seguía avanzando y esta vez ya portaba carteles no solo contra el presidente Correa sino contra el precandidato presidencial Guillermo Lasso y el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot. La marcha contra el Gobierno ya parecía una marcha electoral.

En la remodelada Plaza Chica, con una estación de Trolebús aún sin inaugurar, solo un grupo se detuvo para pararse frente al pelotón de policías donde un hombre vestido de negro les increpaba porque las reformas a la seguridad social de las Fuerzas Armadas y la Policía también los iba a afectar a ellos. El Isspol va a desaparecer les gritó. Y pidió un aplauso para los policías antes de seguir su camino al igual que unas 50 personas que lo escoltaban. 

Pasadas las 18:00, pasó por la Plaza Chica el grupo de la UNE que protestaba por su disolución de su organización. Pasó de largo, no se detuvo. Solo con los gritos de siempre: “Ahí están, esos son, los que cuidan al…” La marcha opositora, llena de banderas rojas, en contraste con las banderas verdes que estaba en la Plaza de la Independencia en apoyo al Gobierno, siguió. Las banderas de Ecuador en la marcha contra el Gobierno casi desaparecieron. Ahí primó la de las organizaciones sindicales y organizaciones sociales.

En la Plaza de santo Domingo estaba lista una tarima, otra vez para los discursos de los dirigentes sindicales que agradecían a la prensa por su cobertura y más. Poco a poco los grupos se fueron dispersando, mientras en la Plaza de la Independencia seguía el festival musical ya sin mucha seguridad, con música lastimera y consignas similares a las de la marcha de la oposición -como la repetitiva de que camina por América Latina la espada de Bolívar-, con los discursos de rigor y el discurso principal a cargo del vicepresidente y potencial candidato del oficialismo, Jorge Glas. (I)

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