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Michel Temer da prácticamente el adiós a Dilma Rousseff con un gorro de wáter-polo


Redacción
La Conversación EC
miércoles, agosto 31, 2016
El lunes, mientras la presidenta apartada del poder Dilma Rousseff se defendía en el senado y respondía uno por uno a los senadores en el juicio político en el que se jugaba su destitución, el presidente en ejercicio Michel Temer, recibía muy sonriente a los atletas olímpicos. Bromeó con ellos y hasta se puso un […]

El lunes, mientras la presidenta apartada del poder Dilma Rousseff se defendía en el senado y respondía uno por uno a los senadores en el juicio político en el que se jugaba su destitución, el presidente en ejercicio Michel Temer, recibía muy sonriente a los atletas olímpicos. Bromeó con ellos y hasta se puso un gorro blanco de los del equipo de wáter-polo.

La imagen, algo ridícula, según diario El País, salió el martes reproducida en todos los periódicos de Brasil. Todo estaba calculado: Temer, que será presidente el miércoles a menos que ocurra un milagro en la votación final, trata de apartarse de la última hora del sombrío proceso de impeachment a fin de que su imagen no se resienta y sea capaz de encarnar una nueva era. Su Gobierno tendrá poco tiempo y muchos problemas y se centrará, sobre todo, en sacar al país del hoyo económico en que yace.

Temer afirmó la mañana del gorro de wáter-polo que no había seguido la sesión histórica del senado a la que acudió Rousseff (de la que fue vicepresidente y aliado y ahora es su enemigo político más enconado). “He estado trabajando”, aseguró. Como si la cosa no fuera con él. Dos ejemplos aportados por A Folha de S. Paulo demuestran que no es así: ese día, Temer prometió al senador Roberto Rocha un cargo de director del Banco del Nordeste para convencerle de que no cambiara de opinión –Lula lo había tentado desde el otro lado- y siguiera pensando en votar en contra de Rousseff. Y también ese día telefoneó a una senadora de su propio partido, Rose de Freitas, para llamarla al orden porque, en broma, De Freitas había asegurado minutos antes a un colega que hablaría a favor de Rousseff. Por teléfono, la senadora, con lágrimas en los ojos, prometió a Temer que todo había sido un malentendido y que votaría tal y como estaba acordado.

Si todo sale como está previsto, Temer, un ex catedrático de Derecho Constitucional sin mucho carisma que ha sido vicepresidente de Rousseff un mandato y medio, será presidente completo el miércoles por la tarde. Dejará de ser presidente interino, cargo que ha ocupado desde el pasado 12 de mayo. Y lo primero que hará después de tomar posesión será, sin perder un minuto, coger un avión e irse a China, a participar en la cumbre del G-20 que se celebra ese fin de semana.

Brasil vive la mayor recesión económica en 80 años. El desempleo escala por encima del 11%, el PIB retrocederá este año más allá del 3%, por segundo año consecutivo y la inflación, el talón de Aquiles de la economía brasileña, controlada en épocas anteriores, lleva ya más de un año disparada, por encima del 7%. A favor de Temer juega la (volátil) confianza de los empresarios e inversores y una razón política: él ha asegurado que no va a presentarse a reelección, con lo que estará con las manos libres para llevar a cabo esos ajustes que los economistas juzgan inevitables. Entre ellos se cuenta una reforma de las pensiones y una reforma de las leyes laborales. (I)

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