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Ecuador siembra lo nativo y camina al urbanismo biodiverso


Martha Natalia Molina Moreira
Universidad de Especialidades Espíritu Santo
viernes, octubre 14, 2016
Las ciudades se deben convertir poco a poco en corredores de conexión para que los ecosistemas no queden aislados. En ese sentido, la propuesta es mantener en la ciudad los árboles y arbustos nativos y endémicos de los bosques naturales, de aquella flora que se pueda sembrar. En la ciudad -por supuesto- hay que tener […]

Las ciudades se deben convertir poco a poco en corredores de conexión para que los ecosistemas no queden aislados. En ese sentido, la propuesta es mantener en la ciudad los árboles y arbustos nativos y endémicos de los bosques naturales, de aquella flora que se pueda sembrar. En la ciudad -por supuesto- hay que tener cuidado al momento de plantar estas especies, ya que son otras condiciones ambientales. No se trata de hacer bosques en la ciudad, sino que la ciudad sea un corredor y eso se puede lograr con avenidas sembradas con especies que ayudan a mantener esta continuidad.

Por ejemplo, Guayaquil tiene manglares en el interior de la ciudad, ahí la propuesta ha sido que se  siembre el mangle jelí, que es un manglar facultativo. Eso significa que es un mangle que tolera la sequedad, que se puede sembrar en los parterres, que no es tan grande; pues muchas veces se distorsiona la idea de manglar al relacionarlo con inmensas raíces, características de los mangles rojos, pero es importante conocer que en Ecuador hay 12 especies de mangle. En Galápagos por ejemplo, sí se encuentra este mangle en los parterres. En el libro Árboles de Guayaquil  he propuesto que se siembren determinadas especies en los parterres para que de esa continuidad a los ecosistemas naturales. En Guayaquil existe además el bosque seco, entonces la ciudad creció sobre estos dos ecosistemas; la propuesta es que se siembren estas especies que sirven de refugio y de alimento para muchos otros seres. Guayaquil tiene algo muy singular en sus parques, pues hay ardillas del bosque seco e iguanas, que  dejaron el manglar y se adaptaron  a estas áreas verdes.

Entonces, al hablar de urbanismo se trata de cuidar que las especies que se siembren tampoco representen un riesgo para la ciudadanía. Por ejemplo la seguridad. En todas las ciudades hay riesgos, no solo por asaltos, sino por accidentes. Muchas veces se deben podar los árboles porque hay un ojo de águila que está obstruido por una densa vegetación. En ese sentido, las especies arbustivas son una buena alternativa para los parterres.

El trabajo urbanístico es integral e involucra a los ecólogos, los biólogos, los ingenieros forestales y por supuesto a los arquitectos, que son quienes diseñan el paisaje. Los arquitectos cuidan mucho la estética, por ejemplo si son palmeras quieren mantenerlas hasta  con el mismo número de hojas, si son árboles que tengan la misma estructura pero esa simetría debe considerar la parte biológica que debe ser una  conexión con los ecosistemas naturales de la ciudades.

En Quito, por ejemplo, ya no hay bosques nativos naturales a su alrededor, ahí el desafío es mayor porque tendría que rescatar sus especies nativas de los bosques más cercanos como el que se ubica en Pasochoa, que es uno de los remanentes  de bosque nativo andino más cercano a Quito.

En Guayaquil -en cambio- el manglar es muy resistente y tiene especies que se podrían aprovechar muy bien.

Municipios de los cantones de Durán y Samborondón se están  integrado al esfuerzo del gobierno, que a través del Acuerdo Ministerial 018 -publicado el 23 de febrero pasado- aprueba directrices nacionales para que  la Autoridad Ambiental Nacional (MAE) y las alcaldías asuman la responsabilidad de formular e implementar las políticas públicas para conservación, uso y manejo de los árboles en zonas urbanas. Los municipios deben elaborar un inventario y controlarán la tala de árboles en zonas urbanas.. Estas instituciones están haciendo el inventario de la flora nativa para preservar y promover su desarrollo en vías del ornamento de la ciudad. Aunque hay que destacar que las especies introducidas tienen un rol muy importante porque son parte de la historia de cada ciudad.. En Guayaquil -por ejemplo- hay árboles introducidos desde épocas precolombianas, así como desde la colonia; entonces, el objetivo no es quitar las especies introducidas,, sino rescatar la identidad florística de cada ciudad y saber cada una de sus características. El árbol de saiba Pseudobombax guayasense lleva el nombre de la provincia. Se trata de una especie que está en la lista roja de especies amenazadas con datos insuficientes para determinar su estatus,. En Guayaquil he visto uno en el sur de la ciudad  en el patio de una casa. Sin embargo, especies como estas deberían estar en el centro de los parques. Pero en su lugar se encuentran palmeras, que son hermosas, pero hay que armonizarlas  con las especies nativas. Se trata de lograr un ecosistema urbano que sea útil para los seres humanos y que cumpla con la función de un corredor natural para las especies.

Para lograr esta modificación, hay que tomar en cuenta que en las ciudades hay tuberías, hay cables, hay cámaras, hay peatones, hay negocios y todo eso es parte del ecosistema urbano, entonces no se puede tampoco desconocer este aspecto esencial el momento de elegir las especies para sembrar en una ciudad..

Para lograrlo, las ciudades deben hacer un inventario y partir de esa base de datos  planificar la implementación de especies nativas y endémicas. Uno de los problemas que existen es que esas especies no están en los viveros. El trabajo del Municipio es crear los viveros con especies nativas. El Ministerio de Ambiente y algunos gobiernos autónomos como la Prefectura del Guayas están trabajando con las especies nativas.

Una de las propuestas es que en la época de lluvia se trasplanten  árboles y arbustos que crecen  de manera natural al borde de carreteras. Esas especies  trasplantadas tienen un plus: ganar tiempo. Esto se ha probado, en el Parque Histórico Guayaquil  trasplantamos  manglares de hasta cuatro metros de alto y estoy segura que se pueden hacer con otras especies. Lo mismo ha pasado con palmeras, por eso creo que en jardinería esto se puede replicar, incluso en áreas protegidas, en donde en una determinada época del año hay una repoblación natural de las especies nativas y se pueden trasplantar para no empezar de semilla que tomaría más tiempo.

En Quito ya hay viveros de especies nativas. En Guayaquil, por ejemplo, hay viveros como el de cerro blanco que solamente tiene especies nativas del bosque seco y desde hace muchos años producen estas especies. En Milagro hay viveros que tienen guayacanes de cuatro metros y muchas otras especies nativas. Entonces, en unas ciudades este trabajo será más fácil que en otras, en algunas el clima será un aliado; pero se trata de que los Municipios tome la decisión de hacerlo y canalizarlo.

De hecho los contratistas de áreas verdes en Guayaquil deben cumplir con  normativas para sembrar, a estas se debe implementar que se siembre  un porcentaje mayor de especies nativas  de acuerdo a las condiciones de los parterres, de los parques, etc. Entonces, el paisajismo en las ciudades debe ser un plan interdisciplinario que armonice lo estético con la funcionalidad ecológica, biológica y forestal..

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La idea es que se identifique a las ciudades por su flora, que los visitantes reconozcan que solo esas determinadas especies se dan solo en una región sea esta andina, amazónica o costa. La gente debe participar y empoderarse. Debe conocer la historia de la flora, debe conocer las razones de los nombres científicos. Hay muchas especies que llevan el nombre de guayaquilense mantense,o quitense. Las especies nativas tienen el nombre de  ciudades, regiones o países en la que fueron descubiertas. Eso va a dar un sentido de pertenencia.

Ecuador es un país megadiverso, tiene más de 18.000 especies por esto introducir especies para el ornamento de ciudades es  contradictorio. Podemos apreciar mucho las especies extranjeras pero debemos preferir   las especies que tienen nuestra identidad.

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