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Bataclan se reabre tras un año de los atentados en París como un homenaje a la vida


Redacción
La Conversación EC
lunes, noviembre 14, 2016
La sala Bataclan era una institución del rock y ahora es un símbolo de resistencia contra el oscurantismo. Fue el escenario del más sangriento de los atentados en París hace un año y reabrió con un concierto de Sting, quien había aceptado estrenar su renovado recinto en el primer aniversario de los atentados, tras la aparente negativa de numerosos artistas […]

La sala Bataclan era una institución del rock y ahora es un símbolo de resistencia contra el oscurantismo. Fue el escenario del más sangriento de los atentados en París hace un año y reabrió con un concierto de Sting, quien había aceptado estrenar su renovado recinto en el primer aniversario de los atentados, tras la aparente negativa de numerosos artistas franceses e internacionales.

Lo hizo ante un público formado por 1.500 personas, entre medidas de seguridad extremas y con la circulación cortada en un extenso perímetro de seguridad. Al salir al escenario, Sting no se anduvo con rodeos, reconociendo en un francés impecable que su misión era titánica.

“Esta noche tenemos dos cometidos por conciliar. De entrada, recordar a quienes perdieron la vida hace un año. Y después, celebrar la vida y la música en esta sala histórica”. Pidió entonces un minuto de silencio por las víctimas, jurando que “nunca las olvidaremos”, y entonó Fragile, un delicado tema de los ochenta, que supuso más bien una excepción en una noche de orientación más eléctrica que acústica. No fue un gesto totalmente trivial: ante este contexto, la sonoridad de una guitarra puede convertirse en un asunto político y moral.


“Este retorno de la vida al Bataclan es la victoria de la juventud y de los ideales humanísticos en contra del terror y la división”, dijo por su parte la ministra de Cultura francesa, Audrey Azoulay.

Horas antes del concierto, Sting contó que vivió los atentados terroristas como una pesadilla. “Realmente, fue una catástrofe”, dijo el músico de 65 años a la página web de la emisora alemana n-tv. “Yo acababa de pasar mucho tiempo en París. La cultura francesa siempre ha sido importante para mí. Cuando uno piensa en el romanticismo, en el amor y en la sensualidad, es imposible no pensar en París. Y de repente uno sale disparado de la película. Fue terrible”, rememoró el cantante, quien no cobró por su presentación.

Mientras en la platea el público daba brincos con todo el hedonismo del que uno es capaz tras superar cuatro controles de seguridad, en el palco una sexagenaria llamada Françoise aseguraba, con ojos lagrimosos, que podía sentir las almas de los fallecidos flotando sobre el escenario.

“Perdimos a un hijo, a un hermano, a un cuñado. Ha sido muy difícil venir. Pero la música debe seguir sonando”, afirmaba una de las pocas familiares de víctimas que aceptaban hablar, rodeada de su familia. “Son personas que han vivido el horror absoluto. Volver a este lugar supone un nuevo hundimiento, aunque a algunos les sirva para cerrar un círculo”, explicaba el psiquiatra Didier Cremniter, especialista en situaciones de emergencia, que dirige la unidad que ha acompañado a supervivientes y familiares de víctimas durante los últimos doce meses.

Sting supo encontrar un equilibrio emocional razonable. El concierto, que apenas superó una hora de duración, se fundamentó en los temas de su nuevo álbum, 57th & 9th, rock excesivamente educado que no parece estar al nivel de sus horas de mayor gloria.

Si el Bataclan de otro tiempo apestaba a sudor y cerveza, el que se inauguró ayer huele a pintura fresca y corrección política. Lo de Sting suponía un regreso. Ya actuó en Bataclan en 1979, cuando estrenó algunas de las canciones que había compuesto meses atrás durante una estancia en París. Entre ellas, Roxanne, que sonó casi al final del concierto, en el que también participaron invitados como el trompetista Ibrahim Maalouf o el guitarrista Henry Padovani, miembro original de The Police. El punto final lo puso The Empty Chair, un homenaje al reportero James Foley, decapitado por el Isis en 2014, que el cantante hizo extensible “a todas las familias que hayan perdido a un ser querido”.

“Agradezco mucho el gesto de Sting, aunque lo he pasado mal. He necesitado esfuerzo y coraje para venir”, sostenía a la salida Nancy Valle, madre de Luis Felipe Zschoche, el chileno de 35 años que murió junto a su esposa durante el atentado. Aterrizó la noche anterior desde Santiago para participar en distintos homenajes a su hijo, líder de la banda Captain Americano.

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