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La Ley Notarial y los divorcios


Juan Tibanlombo
La Conversación EC
viernes, noviembre 25, 2016
El ambiente político está tan turbio en el país que pasan desapercibidos hechos positivos como la reforma a la Ley Notarial aprobada por la Asamblea la mañana del 24 de noviembre. Una reforma significativa, a todas luces, porque simplifica la vida de la gente, de las parejas que deciden vivir juntos, casarse o también divorciarse. Parejas, […]

El ambiente político está tan turbio en el país que pasan desapercibidos hechos positivos como la reforma a la Ley Notarial aprobada por la Asamblea la mañana del 24 de noviembre. Una reforma significativa, a todas luces, porque simplifica la vida de la gente, de las parejas que deciden vivir juntos, casarse o también divorciarse. Parejas, que pese a no tener hijos, deben recurrir a abogados que hacen su agosto con sus divorcios.

En 2005, según las estadísticas del INEC, se tramitaron 11.725 divorcios, diez años más tarde la cifra subió a 25.692, un incremento del 119%. De los divorcios tramitados en 2015, el 68,4% fue por mutuo consentimiento y de matrimonios con un promedio de duración de 16 años.

Los divorcios en el país se convirtieron en trámites engorrosos y traumáticos que podían durar meses, sino años por las apelaciones. Con las reformas a la Ley Notarial basta un momento de lucidez de la pareja para disolver su vínculo matrimonial en cuestión de días y sin la necesidad de contratar abogados.

Con la reforma artículo 18, numeral 13, ahora la Ley dispone autorizar la petición de disolución de la sociedad conyugal o de la sociedad de bienes de la pareja por mutuo consentimiento, siempre y cuando no existan hijos, y previo reconocimiento de las firmas ante el Notario de los solicitantes o de sus apoderados.

La pareja solo tiene que acompañar la partida de matrimonio, la sentencia o acta de reconocimiento de la unión de hecho, y el Notario, en un plazo máximo de 10 días, después de reconocida la petición, deberá redactar el acta de disolución dicha sociedad. Una reforma positiva, sin duda, porque no solo facilita la vida de las personas que ya no desean vivir juntas, sino que además descongestiona el trabajo de los jueces de lo civil.

 

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