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Los bloggers ahora recorren Quito y comentan sobre sus planes en la ciudad


Redacción
La Conversación EC
viernes, noviembre 4, 2016
Toya Viudes, Daniel Tirado y Arianna Arteaga, tres Travel Bloggers, fueron invitados a recorrer el Centro Histórico de quito, la Reserva Geo botánica Pululahua, la Basílica del Voto Nacional, el Parque Navarro, La Capilla del Hombre y otros sitios más. Una de ellas escribió sobre sus cinco planes en la ciudad. Toya Viudes, bloguera colombiana Dicen que […]

Toya Viudes, Daniel Tirado y Arianna Arteaga, tres Travel Bloggers, fueron invitados a recorrer el Centro Histórico de quito, la Reserva Geo botánica Pululahua, la Basílica del Voto Nacional, el Parque Navarro, La Capilla del Hombre y otros sitios más. Una de ellas escribió sobre sus cinco planes en la ciudad.

Toya Viudes, bloguera colombiana

Dicen que su nombre viene de una tórtola o que significa tierra en la mitad del mundo. Hace años que Quito me esperaba y felizmente llegué con Dani Tirado y Arianna Arteaga para grabar un nuevo episodio de nuestro programa 3 Travel Bloggers para Avianca y #UnNuevoDestino. ¿Me gustó? Mucho, regresé a casa asombrada de esta ciudad fundada en el siglo XVI sobre las ruinas de una capital inca, encaramada a casi 3.000 metros de altura y que presume, y con razón, de uno de los centros históricos más grandes y mejor conservados de América Latina a pesar del terremoto que la sacudió en 1917. Todo un orgullo.

Planes en Quito hay muchos, pero estos son mis cincos preferidos.

De paseo por el Centro Histórico

En 1978 la Unesco elaboró su primer listado de lugares declarados Patrimonio de la Humanidad y Quito, junto a Cracovia, consiguió posicionarse como la primera ciudad del mundo en conseguir este reconocimiento. Rodeada por los volcanes Pichincha, Antisana, Cotopaxi y Cayambe, la capital ecuatoriana muestra orgullosa su pasado colonial y religioso con el que tropiezas en cada esquina.

Iglesia de la Compañía de Jesús, Plaza Grande, Santa Bárbara, La Concepción, Santo Domingo, la Catedral, La Merced, Carmen Alto, Iglesia del Sagrario, San Lázaro… Y San Francisco, de la que se dice de todo, incluso que la construyó en una sola noche un ejército de diablillos que bajaron por orden de Satanás para ayudar al indígena Cantuña que pactó entregar su alma pero que al final, desafiando al Príncipe de las Tinieblas, no lo hizo. Leyendas diabólicas aparte, lo cierto es que su construcción la comenzó hacia 1536 fray Jodoco Ricke y tardó setenta años en terminar este conjunto arquitectónico, uno de los más grandes de los centros históricos de América Latina y al que más de uno se ha atrevido a bautizar como El Escorial del Nuevo Mundo.

Guayasamín en estado puro

“Durante siglos el ser humano ha levantado capillas para los dioses, pero nunca le había dedicado una al hombre”, pensó el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín y ni corto ni perezoso, la hizo pero bajo esta premisa: “La Capilla del Hombre se aleja de lo religioso. Será un centro de recogimiento, un sitio donde se pueda meditar sobre la trayectoria de la humanidad en este continente, desde hace milenios, hasta nuestros días.”.

Ubicado en el barrio de Bellavista, al norte de Quito, el templo es el edificio emblemático del complejo cultural de la Fundación Guayasamin que integra un conjunto de instalaciones entre las que destacan la Casa Taller, ahora convertida en museo y que fue la residencia del artista; el sitio arqueológico con varias tumbas pre-incas, la Plaza de la Integración Iberoamericana y, el Árbol de la Vida donde reposan las cenizas del artista.

La capilla, con una superficie de 3.600 metros, es un gigantesco cuadrado de piedra con cúpula que araña el cielo desde en el cerro de Guanguiltagua. Posicionada astronómicamente y con una arquitectura claramente andina, en su interior, cuadros de gran formato que el pintor realizó exclusivamente para este museo y en los que en su mayoría se refleja el dolor de los pueblos de América Latina.

Un agachadito en La Floresta

No, no piensen que es el nombre de un plato sino la forma de comerlo, sentado en un taburete o banquito pequeño, es decir, “agachadito”. El mejor lugar para probar estos platos populares cocinados en plena calle es el barrio La Floresta; eso sí, vayan preparados para grasientos manjares como la tripa miski (tripas de vacas), guatita (estómago de vaca cocido en maíz), cuero (pellejo de cerdo) y la fritada (carne de cerdo cocida con su propia grasa). Toda una experiencia gastronómica no apta para todos los estómagos o por lo menos no para el mío y eso que lo intenté pero la tripa de vaca pudo conmigo.

Desde alturas

Muchos piensan que el día que se termine de construir la Basílica de Voto Nacional se acabará el mundo, así que no me extraña que nadie se atreva a hacerlo y que aún falten detalles decorativos y pequeños espacios por cimentar. La puerta principal de este templo de estilo neogótico es muy bonita y las gárgolas no son figuras mitológicas sino caimanes, tortugas, piqueros de patas azules, armadillos, monos aulladores y pumas son divinas, pero lo que más disfruté fue la subida a la Torre del Cóndor a casi 100 metros de altura. Las vistas de la ciudad son increíbles pero si sufre de vértigo mejor quédese abajo admirando los enormes vitrales y la nave en forma de cruz.

El único volcán habitado del mundo

¿Un pueblo en un cráter volcánico? Sí, y no en uno cualquiera sino en el del Pululahua, uno de los más grandes del mundo con sus cuatro kilómetros de diámetros y 300 metros de profundidad, que además, y por si fuera poco, todavía sigue activo, ya que su última erupción fue hace 2.500 años y, aunque ha pasado mucho tiempo la clasificación de los expertos lo incluye en esta categoría. Alrededor de cincuenta familias viven allí y seguro que ustedes, como yo, se preguntarán cómo es esto posible. Primero por la gran caldera que permite la presencia de zonas planas donde la gente puede asentar sus casas, sus cultivos y sus animales y el suelo que es muy productivo por su actividad volcánica.

Al interior de la caldera se puede llegar caminando desde la Reserva Geobotánica Pululahua –la única área del país que tiene esta categoría- pero nosotros, como no teníamos mucho tiempo, nos conformamos con mirarlo desde el Mirador de las Ventanillas y tuvimos suerte porque ese día no nos molestaron mucho las nubes cargadas de humedad de la costa del Pacífico que tapan todas las vistas.

 

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