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Un repaso por una tradicional forma de comercio que va apagándose


Redacción
La Conversación EC
martes, noviembre 1, 2016
Fue inaugurada a propósito de Hábitat 3, pero estará abierta al público hasta marzo de 2017. La exposición Cajoneras de los Portales plantea un acercamiento a la memoria de la ciudad a través de una propuesta innovadora y atractiva que permitirá a los visitantes conocer más sobre el comercio popular y la vida cotidiana en […]

Fue inaugurada a propósito de Hábitat 3, pero estará abierta al público hasta marzo de 2017.

La exposición Cajoneras de los Portales plantea un acercamiento a la memoria de la ciudad a través de una propuesta innovadora y atractiva que permitirá a los visitantes conocer más sobre el comercio popular y la vida cotidiana en Quito.

La figura de la cajonera destaca por su papel dinamizador del comercio. En ella confluyeron decenas de labores artesanales desarrolladas en la ciudad y fuera de ella. La riqueza patrimonial que conserva este oficio forma parte de la memoria de Quito.

Es un acercamiento a la estética, los colores, los oficios y las relaciones sociales alrededor de las cajoneras de Quito. Un oficio que prosperó en el siglo XIX y que ha sobrevivido al tiempo como al surgimiento de bazares y tiendas que fueron ocupando más y más locales en el Centro Histórico.

En los años 50 del siglo pasado el negocio de la cajonera prosperó de tal manera que decenas de ellas ocupaban los bajos del antiguo Municipio y el Palacio Arzobispal. Fajas, cintas, máscaras, peines, muñecos de trapo, juguetes de madera y de metal, trompos y decenas de otros artículos populares fueron los más solicitados por parte de compradores durante décadas.

La Cajonera paulatinamente se convirtió en la mediadora entre los productores y los compradores, un dinamizador del comercio popular surgido espontáneamente de las necesidades cotidianas, pues muchos de los productos expuestos en estos pequeños “almacenes” no eran fácilmente encontrados en otros lugares.

La cajonera propuso una forma de comercio que se mantiene, aunque sin el característico cajón en medio de un portal, en las calles de la ciudad.  La Cajonera fue cambiando y adaptándose para no desaparecer. La Plaza de Santo Domingo es su último reducto. Donde hace treinta o cuarenta años había un portal lleno de ellas, hoy solamente quedan dos cajoneras.

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