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Felicidades nuevos graduados…


Juan Manuel García Samaniego
Universidad Técnica Particular de Loja
viernes, febrero 17, 2017
La sencillez de las palabras es complicada. Por sencillo no deja de ser profundo. En un modelo global en el que se privilegia lo momentáneo versus la trascendencia. Hace falta el reto de la sencillez para mostrar que tenemos posibilidades infinitas de ser buenos, de excelencia, de santidad, de entrega sin medida por los demás, […]

La sencillez de las palabras es complicada. Por sencillo no deja de ser profundo. En un modelo global en el que se privilegia lo momentáneo versus la trascendencia. Hace falta el reto de la sencillez para mostrar que tenemos posibilidades infinitas de ser buenos, de excelencia, de santidad, de entrega sin medida por los demás, también de auto exigencia, también de ser extraordinario en lo ordinario.

Se ha establecido una corriente que desdice de la exigencia de pensar. Parecería que el final de una vida es haber cumplido las funciones vitales, y claro está sin ellas no existiríamos, pero de ellas en su totalidad no depende la trascendencia. Si, esa es una de las ‘palabritas’ que como la consideran sofisticada y etérea no se la intenta discutir o se la oculta bajo el tapete de la mesa o la alfombra es más fácil mostrar el día a día, vivir el presente, no pensar en el futuro, las consecuencias se anulan con un soborno al robo, para qué ser honesto, con pastillas del día después desaparece el desenfreno moral, para qué preocuparme por las células que otros llaman vida si aún no llega a la cuarta semana, librémonos de problemas, esa es la nueva forma de vida.

Forma de vida que debe ser contrarrestada. La estrategia es simple, la sencillez de la vida. Debemos entender que la acción y reacción no solo son un principio físico caracterizado e identificado por Newton. Causa y efecto, consecuencias, opciones de vida, valores, normas de trabajo y vida. Si trabajo tendré dinero para cubrir mis necesidades y de los míos, nada más deleznable que el recibir un bono o que me ofrezcan subirlo para que no haga nada más que perpetuar el modelo de la vagancia absoluta.

Próximos a elecciones, deberíamos preguntarnos ¿quiero trabajar libremente o deseo que me impongan un sistema en donde el cómodo y vago vive del trabajo de otro? Quienes son ya profesionales estoy seguro que decantarán por lo primero.

Ser ordenados, limpios, solidarios. Estrategias de todos los días, herramientas que debieron aplicar para estudiar y ahora, seguramente las están aplicando en su trabajo, en su emprendimiento.

Ser ordenados significa disciplina, por lo tanto hábitos adecuados que te permiten ser eficiente, eficaz, que la gente cuando te mire reconozca tu estilo de vida y trabajo, orden en tu vida privada, orden en tu vida pública. Limpieza, física, emocional y espiritual, nadie puede ser el mejor trabajador, el mejor gerente de una empresa sino es el mejor ser humano y el mejor Gerente de su vida privada.

Solidaridad, ¡qué palabra tan hermosa! y tan prostituida a la vez. Nuestro país, un ejemplo de solidaridad, cómo explicas que un terremoto no pudo romper y separarnos del abrazo que nos dimos los ecuatorianos. Cuánta nausea, sin embargo, el político que se aprovecha de nuestros salarios para venderse como el mecías y reparador de lo que por solidaridad dimos los ecuatorianos a quienes lo necesitaban. Bajo esta palabra se esconde el principio de la falsa caridad, el comenzar a tener ciudadanos incapaces de crecer por si solos. Es muy cierto todos nosotros debemos preocuparnos y ser responsables por aquellos que física e intelectualmente no podrían surgir por si solos, pero lo que no podemos es que nuestro trabajo sea expropiado por otros para establecer un circulo pernicioso de dependencia y que privilegia la pobreza económica porque significan dependientes de un modelo que luego debe ser ratificado mañosamente en las urnas.

Ser respetuoso del medio ambiente. Primero, dejemos el consumismo extremo, lo justo y necesario; nada más. Cuidemos la casa grande, y se la cuida desde nuestros hogares y trabajos. Somos profesionales, sabemos los ahorros que debemos hacer para que nuestras empresas propias o en las que trabajemos, perduren en el tiempo. Proteger el ambiente significa ser eficiente con los insumos que me dan en mi trabajo, significa cuidar el patrimonio empresarial. Eso también es aplicable en mi hogar.

El consumismo desmedido solo te genera insatisfacción personal, deseos de tener más, mejor casa, mejor vehículo, mejor TV, mejores hijos o mejor esposo o esposa, ¿terminarás cambiando todo eso? ¿Somos sujetos de descarte? Pues no, el ambiente es la naturaleza, los recursos renovables, pero también nuestra sociedad. La naturaleza nos dio otros recursos ambientales, nuestras relaciones familiares, los conceptos de familia extendida que son la mejor red de protección social, no el Ministerio de Inclusión Económica y Social (Mies), ni el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), ni esas instituciones que son caja chica de cada gobierno; es la familia la que protege el ambiente, al individuo y nos da trascendencia.

Como profesionales, tienen una cita importante este fin de semana, primera vez que votaran como profesionales. He escuchado, también lo he repetido que no importe quien gane el domingo, igual debo seguir trabajando. Si obvio, debemos seguir trabajando. Ustedes tienen una especial competencia desarrollada en estos años en la UTPL, ¿no importa lo que pase o ustedes pueden hacer que pase? Yo creo que es lo segundo, como dijo el Papa Francisco en su emotiva reunión con los Jóvenes en Brasil: “hagan ruido, mucho ruido, cambien el mundo, no se dejen cambiar por el sistema, mucho menos no dejen que coarten su libertad por un trozo de pan en su mesa”.

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