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Los manifestantes y los generales

Antonio Aguirre Fuentes
Universidad Católica de Santiago de Guayaquil
jueves, febrero 23, 2017
La política no cae en los excesos de la autoridad ni en la permisividad del vandalismo. Es eso lo que encuentro en el comunicado del Consejo de Generales del Ejército Ecuatoriano. Cada uno de los términos de ese comunicado revela una concepción de la política como una virtud cívica que no se deja llevar por el fanatismo partidista, caballo de carga de los astutos aprovechadores de esta hora...

Es consustancial a lo humano constituirnos subjetivamente a partir del Otro. Lo que vivimos en nuestro cuerpo sin que tengamos aún representación de él , el desorden de las pulsiones, tiene que encontrar en lo simbólico palabras, signos, para pedirle a ese Otro que venga en nuestro auxilio. La polaridad significante del “Sí” y del “No”, de lo bueno y lo malo, del adentro y del afuera, del mí y el tú, y luego del nosotros y los otros, se amarra a la experiencia de goce, esa amalgama siempre extraña de placer y dolor. Estos son los principios de entendimiento que Freud , Lacan y los analistas aportan.

Esta distribución de grupos se complejiza. El mundo de los amigos y los enemigos nunca es natural, es construido. De ello el populismo ha sacado provecho como nadie antes en la historia. El marxismo lo entendió tarde. Creyó demasiado en la consciencia en sí. Fueron los nazis los que dieron el método: la propaganda, el espectáculo propagandista, la escenografía, la música, la estética épica. Fueron ellos el Otro en el que las masas al fin hallaron sus metas, sus anhelos, sus odios, representados en una escena, en un imaginario.

El populismo en la actualidad tiene su manual. El más notable es el de Ernesto Laclau, quien llegó hasta tomar uno que otro concepto lacaniano, separándolo del psicoanálisis y su ética, que es ajena al espíritu hipnotizado de los grupos y a todo proyecto totalitario y estatista.

Así lo definió Freud en su clásico “Psicología de las masas y análisis del Yo”. El lugar del líder no es en absoluto el que pretenden, mojigatamente, darle los teóricos marxistas para los cuales es el papel de las masas lo que cuenta. El líder acontece, es una personalidad.

Unamos aquí otra referencia mayor con la tesis de psiquiatría de Lacan “De la psicosis en sus relaciones con la personalidad”. Hizo falta que Lacan sea ya un psicoanalista para que se corrigiera: la paranoia no se relaciona con la personalidad, la paranoia es la personalidad.

Es en esta situación que se halla el Ecuador. Al borde de una locura paranoide, megalomaníaca y asesina. Las manifestaciones en la calle reclamando democracia, respeto a las libertades de comunicación, de asociación y otras, pueden ser disueltas violentamente. Es la experiencia más cercana de Venezuela: los colectivos de matones, la fuerza policial, finalmente los militares, reprimen con efectividad las manifestaciones de oposición. No ha sucedido aquí, no porque falte “voluntad revolucionaria”, sino por la advertencia del Consejo de Generales del Ejército.

Recuerdo vivamente el asalto a la Casona Universitaria el 29 de mayo de 1969 . La sensación de rabia e impotencia ante la fusilería que caía sobre el edificio y sus ocupantes. El ejército se cubría de una capa de verguenza y cobardía. Obedecía la orden de ese otro gran populista, Velasco Ibarra, el líder del 28 de Mayo de 1944, que también supo jugar la mascarada de izquierda, codeándose con Allende, con Fidel, acompañado con un muñeco humano que usaba boína, con un ala de izquierda afín a Carlos Julio, etc etc.

En otro momento, en La Conversación, hablamos de política, de la acción política en términos de moderación, sensatez, convivencia, tolerancia. La política no cae en los excesos de la autoridad ni en la permisividad del vandalismo. Es eso lo que encuentro en el comunicado del Consejo de Generales del Ejército Ecuatoriano. Cada uno de los términos de ese comunicado revela una concepción de la política como una virtud cívica que no se deja llevar por el fanatismo partidista, caballo de carga de los astutos aprovechadores de esta hora.

Los que estaban en las calles reclamando respeto a unas elecciones lo pudieron hacer, sin que los ataque la “banda armada” (Federcio Engels) del gobierno. No estaban protegidos por los pronunciamientos de los empresarios: ellos siempre tienen las maletas listas y el botón listo para la transferencia de fondos. Negocios hay en todos lados, incluso con los socialistas. Tampoco pesa el llamado de la Iglesia. Los católicos están  en ambos bandos y si se le da a Dios lo que es de Dios – que sólo Dios sabe qué será- lo que se le de al César de turno no les incumbe como Iglesia. El Papa ha visitado y conversado con todos los autoritarios y dictadorzuelos de la región. Pensemos en lo que pasó en Venezuela con la intermediación papal. Y lo que pasó aquí con su llegada.

Las manifestaciones en las calles estaban protegidas por el pronunciamiento de los generales. Una lección hobessiana.

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