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El tablero electoral es ahora una guerra de discursos, ya no de ideologías


Pablo Ruiz Aguirre
Universidad Técnica Particular de Loja
lunes, marzo 27, 2017
El próximo 2 de abril de 2017 se define el futuro político de Ecuador en las urnas. Los candidatos ya no responden a ideologías: derecha o izquierda. Sus discursos se centran en "volver al pasado" o "escoger la democracia y guiarse por el cambio"¿Cómo entenderlo?

En el camino de las elecciones generales de Ecuador 2017 se ha apelado al voto útil o al voto estratégico, más allá del voto ideológico; el resultado es que durante la campaña electoral, las organizaciones políticas y los movimientos políticos no obedecen a una ideología de izquierda o de derecha, sino que están respondiendo a un discurso que simplemente polariza y tiene como fin ganar unas elecciones ¿Ganar una elección es igual a ganar democracia o ganar país?

Precisamente, esto es lo que está transmitiendo el candidato Guillermo Lasso cuando pregunta: ¿el continuismo o  la democracia? En ese sentido, CREO le pide al elector que simplifique su capacidad de razonamiento, es decir, utiliza mecanismos heurísticos para interpretar la realidad que permitan la toma decisiones sencilla y rápida sin cuestionamiento de fondo. Entonces, a la ciudadanía le están diciendo que no hay terceras vías ofreciendo dos caminos excluyentes y absolutos.

Otro ejemplo de esta misma organización va más allá y le va a decir al elector: ¿escoge usted democracia o escoge dictadura?, nuevamente el uso de sustantivos como significantes vacíos sin el estudio de cuestiones estructurales buscarán posicionar al ciudadano electoral que no comparte con el oficialismo entre una dicotomía que por naturaleza política hará que el elector se incline a quien maneja este discurso.

Exactamente de la misma manera es lo que el oficialismo le va a responder al otro candidato y le va a preguntar al electorado: ¿queremos futuro en base a la revolución ciudadana o volvemos al pasado? Se utilizarán narrativas que incluyan a la ciudadanía emociones inmediatas como el feriado bancario o la vieja política  a través de la partidocracia por ejemplo, con el objeto de plasmar en el discurso el papel heroico-político que mantiene el gobierno de turno.

Así, este tipo de discurso basado en metáforas, abstracciones y mitos construidos toma fuerza y ya no evoca una cuestión de ideologías, sino que ahora el tablero electoral es una guerra de discursos.

¿Cómo pretenderán ganar el voto los elegidos? El oficialismo –a través de Lenin-, por ejemplo, seguirá tratando de posicionar en el imaginario cuestiones como el feriado bancario que pretenden causar resonancia cultural para que el discurso sea más efectivo. Y ese imaginario no muestra nada más, no habla de una posición de revolución, de hecho habla de cambio verdadero, porque la revolución ya se agotó y tampoco la confronta a larga y triste noche neoliberal porque esta frase entró en decadencia discursiva cuando para muchos de los sectores de la sociedad civil la políticas públicas aplicadas por este gobierno han sido de corte neoliberal. Del otro lado, Lasso tampoco habla del socialismo sino del continuismo, que es la dictadura a través de la democracia en su interpretación.

Más grave que esto es cómo en redes sociales se utiliza el razonamiento por analogía para que la gente capte el mensaje. Los oficialistas dicen: “nos dijeron hace 10 años que íbamos a ser como Venezuela, estuvimos 10 años con Correa y no somos como Venezuela, pero estamos seguros que un año con Lasso es igual a un año con Macri” Falso. Esto quiere decir que si no es válido lo uno, tampoco es válido lo otro porque se utilizan dos contextos diferentes y utilizando la Teoría Crítica, cada realidad tiene que ser analizada de acuerdo a su contexto. Si no vale lo uno para comparar a Ecuador frente a Venezuela, tampoco vale la comparación de Ecuador con Argentina, pero los candidatos se defienden así; entonces, la circunscripción va más allá de la ideología, la circunscripción va desde el punto de vista discursivo de polarizar a la sociedad y ver cómo utilizan estos mecanismos reduccionistas de pensamiento para que la sociedad decida.

El problema que tiene Lenin Moreno es que quiere diferenciarse del “correismo” al usar el término ‘cambio verdadero’ en su discurso –no obstante todos los candidatos hablaron en su momento de cambio, un término propio de la ideología izquierdista – pero él es parte de ese continuismo y le pesan los casos de corrupción y todo el legado del gobierno. Así no tiene un imaginario nuevo para posicionarse dentro del discurso más que utilizar su pasado “limpio” en asistencia social y diálogo para intentar posicionar un nuevo discurso. En cambio, Guillermo Lasso sí ha construido ese imaginario al ser en sí mismo una ruptura en la continuidad a través de slogans como el cambio y la generación de empleo pero con un pasado “oscuro” que lo posiciona como conservador y como haber afectado al desempleo del Ecuador. He ahí la tarea de posicionar discursos nuevos.

Ahora bien, en esta guerra de discursos el ciudadano es posicionado a pensar en blanco y negro, en el bien y el mal, reduciendo su realidad a dos opciones ¿es válido esto? Si para el sistema político que mantenemos y no si queremos una nueva política. Si, si entendemos a la democracia como elecciones y No, si entendemos que la democracia comprende todos los espacios del actuar público y todo y todos cuanto incluye un Estado. Ir más allá de un pensamiento binario, es el reto de esta nueva generación, tal ver por ejemplo de construir una tercera vía desde nuestro contexto, desde la epistemología del sur, que vaya más allá del discurso, de la guerra de palabras y más bien de un salto cualitativito a una política técnica pero llena de humanismo.

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