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El Gobierno de Maduro ya no tiene nada que ofrecer al pueblo, solo armas


Modesto Correa
Universidad Casa Grande
domingo, abril 23, 2017
El chavismo se aferra al poder. Quiere continuar gobernando un país militarizado. ¿Hasta cuándo? El chavismo pretende subsistir políticamente militarizado, bajo el orden militar, y quiere subsistir económicamente a base de las devaluaciones, de la inflación y de los ingresos petroleros que todavía les queda.

Venezuela es un país que lo tuvo todo. Hasta ahora tiene más petróleo que Ecuador; es el tercer país con mayor producción del cartel de la OPEP, con casi tres millones de barriles por día. Tenía proyectos hidroeléctricos impresionantes en toda la cuenca del Orinoco.

Venezuela no solo tenía petróleo, sino también una sobreproducción de energía hidroeléctrica que vendía al estado Rorayma, uno de los más grandes de Brasil, al igual que a Colombia. Tenía un superávit importante como para abastecer de energía a sus países vecinos. La empresa petrolera PDVSA tenía una imagen internacional de alto nivel, por su cuerpo directivo y técnico de primera, que tuvo la visión para invertir y crear en Estados Unidos la empresa Citgo, que todavía subsiste porque fue fundada bajo las reglas norteamericanas.

La misma empresa que después, en la época de Hugo Chávez, comenzó a regalar gasolina en Harlem.

Pero Venezuela no solo tenía petróleo y energía, también una producción agroindustrial grande, mucho turismo. (…) En el aeropuerto de Maiquetía estaban todas las empresas aéreas del mundo. Solo American Airlines tenía 14 vuelos diarios a Estados Unidos. Eso lo pude constatar personalmente, entre 1996 y 2000, los años en los que viví en Caracas, primero como vicepresidente de la Corporación Andina de Fomento (1996-1998) y después como parte de su Directorio (1998-2000), cuando apareció la figura de Hugo Chávez. Desde ahí se comenzó a notar cierto nerviosismo en el ambiente.

Y después de tantos años de chavismo, ¿qué es ahora Venezuela? Es como si todo el país hubiera sido sacudido por un terremoto de la misma intensidad que sacudió Manabí.

¿Cómo puede la mano de un hombre y la actitud de un hombre haber hecho eso? Cómo puede la actitud de un hombre haber logrado que un país con una gran agroindustria en tan solo unos años pase a importar productos alimenticios por $50 mil millones al año, porque no hay alimentos ni agroindustria.

¿Qué tiene ahora Venezuela? Venezuela no tiene nada, de ahí se fue toda la clase empresarial, todo el sector productivo fue desmantelado de un solo plumazo. Venezuela lo tenía todo. Solo su ubicación territorial es privilegiada porque mira a Estados Unidos, El Caribe y Europa.

¿Cómo está ahora Venezuela? Con un presidente que busca armar a un millón de personas con fusiles, para que ellos hagan la revolución que pregona. Una degradación increíble.

¿Qué hay de Estado ahí? El problema ya no es solo que Nicolás Maduro tenga todos los poderes, sino que ahora un millón de personas tendrá armas para enfrentar a la población civil, para hacer una contra-movilización. Hay mucha gente que puede no estar en condiciones normales y es capaz de disparar con el riesgo de una gran refriega.

El chavismo pretende subsistir políticamente militarizado

Esa estrategia solo revela que el Gobierno de Maduro ya no tiene nada que ofrecer al pueblo, solo armas, porque no hay alimentos ni medicinas. El chavismo está entregando armas a la población para que haga lo que le dé la gana. No le dice que ataquen, pero sí que defienda, que esté en una posición defensiva, pero ¿cómo el Gobierno va a controlar una masa de gente armada?

Lo que el Gobierno de Maduro pretende con esa actitud beligerante es callar de una vez para siempre a la oposición, amedrentarla. Mientras miles de venezolanos han comenzado a salir del país, salen en balsas hacia las Guayanas.

¿Cuánta gente está en Buenos Aires? Hay como 28 mil venezolanos. Se están yendo hasta los cubanos. La gente está huyendo por miles.

Y Maduro solo piensa en cómo acallar a esa oposición masiva. Venezuela ya era un país militarizado, desde las empresas hasta las tiendas de barrio. Ahora se arma a la población civil, ¿para qué? ¿Qué va a hacer la gente frente a un fusil?

Venezuela es todo un enigma, porque en caso de darse una salida democrática a la crisis política, económica y humanitaria la gran pregunta que flota es a dónde va a ir toda esa gente que ha dirigido la represión y que ha hecho de Venezuela el país que es hoy. ¿A dónde se va a ir? ¿Qué va a pasar con los que están ahora liderando el país y que están defendiendo lo último que les queda?

El chavismo se aferra al poder. Quiere continuar gobernando un país militarizado. ¿Hasta cuándo? El chavismo pretende subsistir políticamente militarizado, bajo el orden militar, y quiere subsistir económicamente a base de las devaluaciones, de la inflación y de los ingresos petroleros que todavía les queda.

El petróleo es todavía un producto estratégico que le da ingresos, porque como el costo de producción de Venezuela es más barato que en Ecuador, eso significa que debe quedarle al menos unos 15 dólares por barril. Venezuela debe estar recibiendo unos 60 millones de dólares diarios por sus hidrocarburos que yo no van a ninguna obra pública, a proyecto alguno, que van solo para el gasto corriente.

Y en ese escenario la comunidad internacional no ha sabido cómo actuar, ni qué estrategia seguir. El secretario general de la OEA, Luis Almagro, por ejemplo, ha dicho que sacar a Venezuela de ese organismo significaría dejar solo a ese país, que es mejor poner sanciones.

En la última sesión de la OEA, convocada por 20 países miembros para tratar el tema de Venezuela, el embajador de Bolivia en la OEA, Diego Pary, que preside ahora ese organismo, la suspendió de manera unilateral.

Los países se volvieron a reinstalar, sobre todo por presión de México, y Luis Almagro anunció que habría más reuniones para mostrar que están atentos a lo que pueda pasar en Venezuela. Pero eso solo deja ver que a nivel internacional o regional se han agotado todas las formas democráticas para propiciar un diálogo. El diálogo es prácticamente imposible.

Los países amigos de Venezuela ya no saben qué hacer. La crisis de Venezuela ha mostrado que a la OEA le falta modernizar sus esquemas y sus procesos. Al parecer todavía está en esos años de los nueve sabios que planeaban la integración de América Latina, en la época de Raúl Prébisch.

La OEA respondía a esos esquemas de unión e integración, pero ahora los problemas son diferentes. Es un organismo que debe remozarse para evitar un bloqueo por cuatro países del ALBA y otras pequeñas islas a las que el chavismo regala petróleo.

¿Qué va a pasar en Venezuela? ¿Qué va a hacer la oposición después de la gran marcha? ¿Va a seguir marchando? ¿Qué va a hacer el chavismo después de armar a la población civil?

Una alternativa podría ser que el gobierno de Estados Unidos y otros gobiernos de Europa convoquen a los representantes del oficialismo y la oposición para llegar a un acuerdo. Un foro de alto nivel que pueda dar las garantías suficientes para lograr un acuerdo que salve a Venezuela.

Es una posible salida porque hasta para el Gobierno de Maduro la situación ya es inmanejable.

Por un lado está el Gobierno que quiere controlar todo con armas, por otro lado está la oposición volcada en las calles, mientras tanto la gente no tiene comida, no tiene medicinas. ¿Qué va hacer el Gobierno con hospitales donde no hay medicinas, donde la gente se muere?

No sé qué más puede pasar. Todo se ha dado. Los expresidentes europeos y latinoamericanos no han podido hacer nada. Oswaldo Hurtado decía que ya ningún presidente debería prestarse a una farsa de diálogo. No tiene sentido. Habría que dejar que el Gobierno se caiga por su propio peso, pero el riesgo es de que por medio haya muertos, heridos, caos, solo por la reticencia de Maduro a dejar el poder.

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