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La emboscada


Juan Tibanlombo
La Conversación EC
jueves, abril 20, 2017
Y esa Venezuela que se niega a ser otra Yugoslavia, otro Estado fallido como en el que estuvo a punto de caer Colombia y México por culpa del narcotráfico, es la que ha salido a las calles a reclamar derechos.

¿Cuál será el desenlace en Venezuela? Los papeles están sobre la mesa. Nicolás Maduro ha mostrado su rostro más oscuro, el de una dictadura disfrazada de democracia gracias a unas elecciones avaladas por un Consejo Nacional Electoral leal no a un país sino a un proyecto político totalitario, que no ha dudado en acudir a las más oscuras artimañas para sostenerse en el poder.

El régimen de Hugo Chávez primero y de Nicolás Maduro después han dado señales claras de no querer dejar el poder. El poder es más excitante que el sexo, dijo alguna vez un analista económico en una entrevista con una radio de Quito.

El pretexto es la necesidad de servir, pero en el fondo está cierto voyeurismo, cierto sadismo al anular a los que piensan distinto, al aplastar a los otros con todo el poder del Estado con el único fin de decidir la vida y destino de las personas. Decidir qué deben estudiar los jóvenes, por ejemplo, porque un equipo de tecnócratas se decidió por un plan de desarrollo de un grupo de asesores.

Modesto Correa, un destacado académico de la Universidad Casa Grande, ha recordado su paso por Venezuela cuando comenzó a surgir el chavismo y una suerte de escalofrío había comenzado a sentirse en el ambiente.

Una Venezuela próspera, con hidroeléctricas, petróleo, turismo, agroindustria… de pronto fue convertida en nada. En escombros, casi como la Yugoslavia que retrata Kusturica en Underground y todo por la voluntad y el capricho de un hombre que recorría a pie Caracas para ordenar: Exprópiese. Todo el poder del Estado contra los ciudadanos. Contra las personas, contra la libertad individual y colectiva.

Y esa Venezuela que se niega a ser otra Yugoslavia, otro Estado fallido como en el que estuvo a punto de caer Colombia y México por culpa del narcotráfico, es la que ha salido a las calles a reclamar derechos.

Y esa Venezuela ha sido emboscada por un Estado represor, que no ha dudado en amedrentar a miles y miles de civiles con bombas lacrimógenas, tanquetas y colectivos delincuenciales armados  que se pasean en motos con permiso oficial.

Pero tal vez la mayor emboscada la dio esa Venezuela que reclama derechos a ese Estado represor con la imagen de una mujer sola frente a las fuerzas de represión. Sola en medio de los gases, sin máscaras. Sola y de pie, firme, sin dar un paso atrás.

 

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