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La importancia de ser liberal


Juan Tibanlombo
La Conversación EC
jueves, julio 27, 2017
En los últimos tiempos llamarse liberal fue convertido casi en pecado, castigado con la excomulgación de la sagrada revolución socialista del siglo XXI que se cree dueña de vida y honra de las personas. De todas las personas.

“En Lacan no se podrán hallar rastros de una simpatía, menos un apoyo, por las causas de las izquierdas. Denunciaba a la URSS, no le impresionaba el maoismo, y a los “rabiosos” anarquistas de Mayo del 68 les dijo que sólo buscaban un amo. Y que lo conseguirían. Prefería ser considerado un liberal “como todo el mundo”. De paso no se paró en descifrar el discurso del capitalismo como uno que excluye las dimensiones del deseo sustituyéndolo por la demanda. Por eso el capitalismo era contemporáneo del surgimiento del psicoanálisis”.

Es parte de la reflexión de Antonio Aguirre, de la Universidad Católica Santiago de Guayaquil. Una reflexión muy importante en tiempos donde ser revolucionario es in, porque otorga estatus y, sobre todo, poder sobre las instituciones y las personas. Ser representante del pueblo más que parte del pueblo. Ahora bien se puede decir de los forajidos, devenidos después en rabiosos defensores del socialismo del siglo XXI o chavismo o kirchnerismo, lo que Lacan dijo de los rabiosos anarquistas de Mayo del 68, que solo buscaban un amo.

Lo hallaron en Venezuela, país convertido en un desastre gracias a Hugo Chávez primero, que instrumentalizó el populismo electoral,  y a la lumpendictadura militar de Nicolás Maduro después, apoyada por la dictadura militar de los Castro.

Reflexiones como las de Antonio Aguirre son importantes en estos tiempos, sin duda, para desmontar un discurso que pretende ser revolucionario desde una práctica totalitaria. En Ecuador se han dado algunos pasos, al igual que en Argentina. En Venezuela la gente se mantiene en las calles contra ese esperpento que solo se puede sostener sobre las armas, escondido en las botas de los militares y colectivos armados.

En los últimos tiempos llamarse liberal fue convertido casi en pecado, castigado con la excomulgación de la sagrada revolución socialista del siglo XXI que se cree dueña de vida y honra de las personas. De todas las personas.

 

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