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Las histéricas y la alfombra


Juan Tibanlombo
La Conversación EC
sábado, julio 1, 2017
Viajar a la época de Hipócrates para intentar descalificar a quienes cuestionan actos públicos, de funcionarios públicos, responsables de dineros públicos, es algo que llaman misoginia.

Intentar descalificar cualquier denuncia sobre un posible acto de corrupción en el sector público o intentar acallar cualquier acto de fiscalización sobre las autoridades del Gobierno o los representantes de las empresas públicas fue una práctica constante y sostenida durante los diez años de la administración anterior.

A un cuestionamiento de una periodista en Cuenca se respondió con un calificativo despectivo.

Los insultos siempre fueron justificados por la administración anterior como parte del carácter, casi como el estilo de vida, de un gobernante que supuestamente rendía cuentas a sus gobernados, a los que se los calificaba como mandantes.

Un modo de confrontación que es extrañado…, por el exgobernante. Un modo de confrontación que ahora pretende enfrentar a un coideario suyo que es el nuevo Presidente. Al que reclama por no poner sabatinas para defender a sus coidearios o para atacar a sus supuestos opositores.

Es un estilo que pretende mantener el Vicepresidente que ha llamado histéricas a un grupo de asambleístas que impulsan un juicio político en su contra para aclarar el grado de participación del responsable de los sectores estratégicos en las denuncias que envuelven a la constructora brasileña Odebrecht.

“Se toman de un informe de la Contraloría sobre el proceso de reconstrucción para hacer vocería, para hacer vocería… Aquí hay una asambleísta que no sé ni quién es, una señora apellido Galarza, que dice algunas barbaridades; entre ellas, dice analizar ¿qué pasó en Manabí?, cuestiona gastos en lubricantes, cuestiona unos gastos en…, esta señora Galarza, de CREO para variar, empleada del banquero para variar, dice que se han gastado $50 mil en una alfombra de lujo. Estoy tratando de citar textualmente, que se ponga la camiseta de Ecuador, $5 mil en papas Pringles, $6 millones para lubricantes… Cuestiona la señora esta que se compraron $50 mil en alfombras. Eso es mentira. Se han gastado aproximadamente $800 comprando en alfombras de ese rubro de $50 mil aproximadamente; y son alfombras que se colocaron sobre los pisos cuarteados del centro geriátrico en Pedernales para poder instalar el Comité de Operaciones de Emergencia”, dijo textualmente el Vicepresidente antes de calificar de histéricas a esas asambleístas.

“Son histéricas. Yo me hago responsable absolutamente de mis declaraciones”, dijo el Vicepresidente en la entrevista en la Radio i99 (98.9 FM) de Guayaquil. Una de esas asambleístas, a las que llamó histéricas, le respondió en un breve mensaje de Twitter: “No se compró alfombra para el geriátrico, sino para la oficina del Ministerio del Interior”.

Si lo de la alfombra es mentira que mejor escenario que la Asamblea para dejar claras todas esas dudas en tiempos de sábados sin sabatinas con guiones hechos para descalificar, nunca para aclarar.

Viajar a la época de Hipócrates para intentar descalificar a quienes cuestionan actos públicos, de funcionarios públicos, responsables de dineros públicos, es algo que se podría llamar misoginia. Pero ese no es el tema, el tema es de simple rendición de cuentas sobre un escabroso caso. Un caso llamado Odebrecht.

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