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Cataluña


Juan Tibanlombo
La Conversación EC
domingo, octubre 1, 2017
El dedo ahora apunta a los que llamaron a los catalanes a votar, sin reflexionar siquiera por qué los catalanes acudieron a votar, a pesar de saber de antemano que iban a ser víctimas de la represión.

El tema de Cataluña ni siquiera pasa por Mariano Rajoy al que se quiere echar la culpa de todo; pasa por un modelo monárquico republicano que gusta de reyes, reinas, príncipes, princesas y demás que están por encima del bien y el mal. De Cristina e Iñaki Urdangarín que prefieren para vacacionar la playa del sur de Francia al Palacio de Marivent de Palma de Mallorca, propiedad de uno de los mejores amigos del rey Felipe VI.

El tema de Cataluña pasa por una democracia mal entendida, que funciona solo cuando los intereses de uno están por encima de los de otro. El llanto de Gerard Piqué muestra en cuerpo entero un problema que no es entendido puertas afuera. “Soy y me siento catalán, hoy más que nunca”, dijo tras la victoria de Barcelona sobre Las Palmas.

“Los catalanes no somos los malos -dijo, entre lágrimas-. Cuando se vota se puede votar por sí, por no o en blanco, pero se vota. Con el franquismo no se podía votar y eso es un derecho que tenemos que defender. Soy y me siento catalán y hoy más que nunca”.

“No me lo creía. Pensaba que intentarían frenar la votación pero de forma pacífica. Al menos lo ha visto todo el mundo. Creo que esto ha empeorado las cosas muchísimo. Solo ha hecho separar más Cataluña y España, y esto va a tener consecuencias”.

Ahora toda España se ha volcado a buscar responsables de una represión en un país del primer mundo, de esos donde hay intelectuales que reflexionan; en donde importa más la filosofía que las matemáticas.

Acá, en un país tan pequeño como Ecuador pasó igual cuando Salinas buscó su independencia de Guayas y todos los inversionistas guayaquileños se volcaron a Playas Villamil; cuando Santo Domingo de los Tsachilas no quiso saber más de Pichincha; cuando La Concordia no quiso saber más de Esmeraldas.

El dedo ahora apunta a los que llamaron a los catalanes a votar, sin reflexionar siquiera por qué los catalanes acudieron a votar, a pesar de saber de antemano que iban a ser víctimas de la represión.

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