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Fake news: la voracidad de información y la complicada tarea del periodismo digital


Mabel González
Universidad Casa Grande
viernes, noviembre 17, 2017
El periodismo serio no debe hacerle un juego ciego a la tecnología, ni dejarse guiar solamente por lógicas de likes o viralización,  sino más bien trabajar por generar masas críticas, reventando las burbujas ideológicas y de experiencia de sus audiencias. Tener un balance entre comprender la lógica de difusión-consumo de las redes y a la vez, hacer cobertura de noticias de manera responsable, parece ser el único camino posible para seguir haciendo periodismo en esta era digital.

Las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación avanzan y con ello se abren distintas posibilidades para acceder a información y obtener noticias. Las audiencias, que ya no son pasivas, generan, producen y replican contenidos masivamente, a través de las redes sociales. Estos consumidores-productores o prosumidores, se convierten en voraces actores que exigen un inmenso volumen de contenidos actuales, para ser consumidos vertiginosamente.

En el tema de consumo de noticias en plataformas digitales, hay mucho que decir en cuanto a la calidad de los contenidos que se producen, la confiabilidad de las fuentes que se consultan y la neutralidad de las lógicas de difusión de estas noticias. La calidad se ve afectada por el esfuerzo de producir mucho y rápido, las fuentes confiables son fácilmente falseables en términos de interfase y lo que el usuario visualiza en sus pantallas y las lógicas de difusión, son algorítmicas, generando burbujas ideológicas o cámaras de eco, que no le permiten más a la gente, hacerse un panorama plural y diverso de lo que acontece en el mundo o en su localidad.

Entonces ¿es posible para los periodistas contemporáneos, proponer contenidos serios, actuales, en estas veloces autopistas de consumo de información? El oficio del periodista ahora implica el enorme desafío de responder a la exigencia de noticias, a cada momento, contemplando parámetros éticos y de calidad, que no siempre responderán a los indicadores que hacen viralizable un contenido en redes sociales. Por otro lado, la ventaja es que los medios tradicionales, aún gozan de cierta credibilidad, que los coloca como  fuentes confiables y esta credibilidad no es tan fácil de abatir. Mal o bien, los públicos siguen acudiendo a los medios tradicionales, porque han construido una confianza histórica en generar contenidos de calidad, incluso cuando los ponen a circular por redes sociales.

Por esta misma razón, el periodismo serio no debe hacerle un juego ciego a la tecnología, ni dejarse guiar solamente por lógicas de likes o viralización,  sino más bien trabajar por generar masas críticas, reventando las burbujas ideológicas y de experiencia de sus audiencias. Tener un balance entre comprender la lógica de difusión-consumo de las redes y a la vez, hacer cobertura de noticias de manera responsable, parece ser el único camino posible para seguir haciendo periodismo en esta era digital.

La compleja problemática de las fake news es definitivamente un llamado de reflexión para todos los involucrados en el mundo de la comunicación: profesionales, académicos, instituciones. A falta de soluciones pragmáticas es urgente generar espacios de conversación y escucha e involucrarnos en procesos de educación a los ciberciudadanos y alfabetizarlos mediática y digitalmente.

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