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La búsqueda por prolongar la esperanza de vida gana terreno, pero ¿es posible revertir la biología del envejecimiento?

Redacción
La Conversación EC
domingo, noviembre 5, 2017
El ejercicio, una dieta variada y moderada, el mantenimiento del contacto social, y evitar el estrés tienen beneficios profundos en la salud, más allá de que si alguna vez estén disponibles en una píldora.

Este fue un tema marginal para los científicos y un sueño pseudo-religioso para otros. Pero la investigación sobre la biología del envejecimiento y, por consiguiente, la prolongación de la vida de los seres humanos y los animales, se ha convertido en un tema serio.

La investigación del envejecimiento se promueve a menudo como la llave para encontrar la “fuente de la eterna juventud”, o un “elixir de la inmortalidad”. Pero la verdadera promesa de la investigación sobre el envejecimiento es que, en lugar de abordar las enfermedades individuales de una en una, un solo medicamento trataría a la vez todas las enfermedades que desarrollen la vejez.

Así existiría un ahorro de costos al evitar mantener pacientes de edad avanzada a la espera de citas con especialistas para cada condición. De esta manera, una sola píldora de mantenimiento de la salud evitaría el problema del uso excesivo de drogas, especialmente en personas mayores con condiciones que son tratadas individualmente.

Esto ya está sucediendo. Las drogas y las intervenciones desarrolladas durante el siglo pasado, casi han duplicado la vida humana, y podrían ser consideradas como tratamientos anti-envejecimiento. Piense en los antibióticos, que han añadido entre dos y diez años a la esperanza de vida humana. Indiscutiblemente, son una parte esencial de la medicina moderna.

Pero cuando hablamos de una píldora anti-envejecimiento, nos referimos a una que apunta al proceso de envejecimiento. Ya hay una lista de estos fármacos que han demostrado extender la vida de los animales de laboratorio. Muchos de estos trabajos imitan una dieta que llegan incluso a atravesar los efectos del hambre.

Restricción de calorías

La restricción calórica ha sido estudiada durante más de 80 años  y es la mejor intervención conocida para retrasar el envejecimiento.

La fuerza de voluntad necesaria para mantener una dieta al borde del hambre se encuentra aislada más allá de la mayoría. Pero la restricción regular de calorías a corto plazo (como la dieta “5:2” que consiste en comer normalmente durante cinco días y reducir la ingesta de calorías durante dos) tiene fuertes beneficios para la salud metabólica, y ayuda a controlar la obesidad y la diabetes.

Los estudios en animales muestran una prolongación fiable de la vida durante el ayuno intermitente. Otros estudios han demostrado que la alteración genética en la capacidad del cuerpo para responder a la insulina, que se libera cuando comemos una comida, duplica la vida útil de los gusanos. Un experimento similar en ratones reveló un aumento menos dramático, pero significativo, al aumentar la esperanza de vida en un 18%.

Desde un inicio, la efectividad por restringir las calorías llevó a los científicos a buscar genes que intercedan en estos efectos. A fines de la década de 1990 y principios del 2000, los científicos se interesaron por las sirtuínas, una clase de enzimas que activan mecanismos de defensa durante la sensación de hambre.

Los medicamentos como el ahora infame compuesto “Resveratrol”, presente en el vino tinto, puede activar un miembro de las sirtuínas, llamado SIRT1, que ha prolongado la vida útil de los ratones y retarda los indicadores del envejecimiento. La enzima SIRT1 requiere un combustible para su actividad, llamado NAD +, cuyos niveles disminuyen con la vejez.

Dada la importancia de NAD + para SIRT1, la idea de elevar los niveles de NAD + ha atraído la atención. Pero NAD + es utilizado por otros procesos celulares que podrían estar involucrados en el envejecimiento. Por ejemplo, el Dr. Jun Li mostró recientemente que los niveles de NAD + son esenciales para activar la maquinaria de reparación del ADN, que disminuye a medida que envejecemos. Estos hallazgos también podrían utilizarse para reducir el daño del ADN causado por la exposición a la radiación – como en los sobrevivientes de cáncer infantil y la radiación cósmica encontrada por los astronautas en el espacio ultraterrestre.

Los efectos a largo plazo de restringir las calorías en el envejecimiento, en seres humanos, todavía no se han caracterizado completamente, y tal estudio en seres humanos sería difícil de realizar.

Restricción de proteínas

Puede ser que el efecto anti-envejecimiento de la restricción de calorías no se trate en sí de la cantidad total de calorías consumidas, sino más bien de la ingesta de proteínas en las dietas. Los investigadores han medido la salud y la esperanza de vida en una serie de dietas con diferentes proporciones de proteínas, carbohidratos y grasas. A partir de esto, se descubrió que la restricción de proteína, comparada con la restricción total de calorías, es más importante en el aumento de la esperanza de vida.

Traducida a dietas humanas, esto sería exactamente lo opuesto a la dieta “paleo”, una dieta rica en proteínas que enfatiza la carne y las verduras sin procesar sobre los granos. El concepto detrás de esta dieta es la de imitar a los primeros paleolíticos humanos que tenían una vida de tipo cazador-recolector. Sin embargo, cabe señalar que se cree que tenían una esperanza de vida de solo 33 años.

La única población en el mundo con los niveles más bajos registrados con enfermedades cardíacas son los Tsimane, un grupo tribal que lleva una vida recolector-horticultural en la Amazonía boliviana. Este grupo tiene una dieta alta en carbohidratos y baja en proteínas.

En consecuencia, con la idea de que la reducción de la ingesta de proteínas prolonga la vida, el deshabilitar la enzima mTOR, que detecta la ingesta de proteínas mediante la droga Rapamicina, es por ahora la intervención mediante medicamentos más efectiva para prolongar la vida.

La Rapamicina se utiliza en las clínicas para suprimir el sistema inmunológico durante los trasplantes de órganos. Este fármaco extiende la vida en un gran número de especies animales, tales como: gusanos, moscas frutales y ratones, incluso cuando se encuentran en una edad media o adulta. La desventaja, por supuesto, es que uno debe vivir con un sistema inmune suprimido, lo cual significa algo contradictorio si usted no está viviendo en el ambiente estéril del laboratorio.

Además de simular la restricción de proteínas, la inhibición de mTOR con Rapamicina también promueve un proceso llamado autofagia. Aquí es donde la célula prácticamente “se come” a sí misma, rompiendo y destruyendo las partes viejas y dañadas de la célula en sus materias primas, y de esta manera se pueden reciclar en nuevas estructuras. Un compuesto llamado espermidina, descubierto en el semen y presente en cantidades pequeñas en porciones de queso, se ha encontrado que prolonga la vida de los ratones en un 10%. Se cree que esto se debe a la capacidad de la espermidina para activar la autofagia.

Desprenderse de lo viejo

Otra estrategia contra el envejecimiento es la llamada “senolisis”: es decir, matar células viejas y dañadas o “senescentes”. Estas células ocupan espacio, crecen más y liberan sustancias que causan inflamación. Cuando los ratones son modificados genéticamente para que sea posible matar a las células senescentes, la salud se mejora drásticamente y los animales viven 20 a 30% más.

La búsqueda ahora se centraría en encontrar medicamentos “senolíticos”, que puedan matar selectivamente a las células senescentes. Una empresa, Unity Biotech, recientemente recaudó $116 millones para lograr esto.

Cambios en el ADN

Existe una fuerte evidencia de que el envejecimiento es literalmente parte de nuestro ADN. Los llamados “genes saltadores” son parásitos del ADN, causados ​​por antiguas infecciones virales en nuestros antepasados ​​evolutivos, y constituyen casi la mitad de nuestro material genético. Estos genes realmente se “cortan y pegan” a sí mismos para saltar a partes diferentes de nuestro ADN, y al hacerlo, hacen que nuestro genoma sea menos estable.

Estos genes son normalmente desactivados por otra enzima sirtuina llamada SIRT6, y los animales genéticamente modificados que tienen una copia extra de este gen viven más tiempo y en mejor estado de salud.

Nuestro ADN cambia a medida que envejecemos. Por ejemplo, las estructuras que tapan los extremos de nuestros cromosomas (que llevan nuestros genes) llamados telómeros se acortan con la vejez o el estrés. El alargamiento de los telómeros ha sido sugerido como una forma de restablecer la juventud. El problema es que el gen que hace esto, llamado telomerasa, normalmente solo se activa en adultos que tienen cáncer.

Los animales modificados genéticamente, que producen exceso de telomerasa desde el nacimiento, desarrollan cáncer. Para añadir confusión, el uso de los virus genéticamente modificados para obligar a los ratones viejos aproducir más telomerasa, muestran resultados de una vida más larga con una mejora de la salud en su última etapa de vida, sin un mayor riesgo de cáncer.

Elizabeth Parrish, directora general de Bioviva, una compañía que trabaja para desarrollar tratamientos anti-envejecimiento, viajó recientemente a Colombia para recibir terapia genética para extender sus telómeros.

Otra forma drástica de revertir el envejecimiento podría ser el convertir las células adultas en células madre juveniles, lo que es posible mediante la activación de los llamados “factores Yamanaka”. Estos funcionan al activar o desactivar ciertos genes. El problema es que al activar los “factores Yamanaka” puede ser el causante de cáncer. En su lugar, la activación de estos genes brevemente parece revertir el envejecimiento y prolongar la vida útil en los ratones de corta vida. Esto podría ser una estrategia poderosa pero arriesgada para revertir el envejecimiento.

¿Ya existe?

Al final, el primer fármaco contra el envejecimiento que probablemente llegue al mercado será uno con el que ya estamos familiarizados: La Metformina. Se utiliza para tratar la diabetes, ha existido desde la década de 1950 y es utilizada por decenas de millones de personas.

En los animales, la metformina prolonga la vida útil y mantiene la salud, mientras que los estudios de toda la población muestran que reduce el riesgo de cáncer. Se cree que la metformina funciona activando un sensor de energía en células llamado “AMPK”, que detecta situaciones de baja energía y altera el metabolismo en respuesta.

El efecto de la metformina sobre la salud y la esperanza de vida en personas mayores no diabéticas es actualmente el tema del ensayo TAME en Nueva York. Si tiene éxito, este ensayo puede conducir a la primera píldora “Gero-protectora” o de “anti-envejecimiento”, que sería tomada como una profiláctica ampliamente utilizada por la población de edad avanzada.

El proceso de TAME está siendo observado intensamente por la industria farmacéutica. El envejecimiento no es todavía reconocido como una enfermedad real por las autoridades reguladoras, lo que hace que las terapias potenciales que tratan el envejecimiento tengan una viabilidad menos comercial.

Cualquier fármaco de este tipo se dirigirá en cambio hacia enfermedades específicas de envejecimiento, por ejemplo, artritis o diabetes tipo 2.

Independientemente de si alguno de los medicamentos de arriba demuestra ser seguro y eficaz en los seres humanos, el consejo actual para mantener la salud en la vejez es predecible pero eficaz. El ejercicio, una dieta variada y moderada, el mantenimiento del contacto social, y el evitar el estrés, tienen beneficios profundos en la salud, más allá de que si alguna vez esté disponible en una píldora.


Autor: Lindsay Wu, UNSW

 

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