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La Ley contra el Odio de Ellos


Juan Tibanlombo
La Conversación EC
jueves, noviembre 9, 2017
La Ley contra el Odio del chavismo institucionaliza el odio de los chavistas contra todo aquel que se atreva a mostrar su inconformidad con un régimen sin ninguna legitimidad, que ahora gobierna con una especie de consejo de soviets. Por ese camino iba Ecuador.

Una Asamblea Constituyente venezolana sin ninguna legitimidad ni interna ni externa ha aprobado una Ley contra el Odio, contra el odio de ellos, de los chavistas. Una ley que supuestamente busca la convivencia pacífica y la tolerancia, pero bajo sus reglas, bajo su mando, con impunidad para sus atropellos y sus insultos al sentido común.

¿Qué es la incitación al odio? Desde el particular punto de vista del chavismo es todo lo que huela a protestas, todo lo que suene a inconformidad, a hartazgo, a cansancio… Una Ley contra el Odio que busca blindar de impunidad a quienes sembraron odio, siembran odio con su incompetencia, intolerancia, deseos de perpetuarse en el poder porque se acostumbraron a los lujos en un país al que llevaron a la miseria.

Y en el ojo de esa Ley contra el Odio aprobada por una Constituyente sin legitimidad alguna estarán las guarimbas, las manifestaciones políticas, las tapas de los diarios y hasta las redes sociales. Le Ley contra el Odio solo fomenta el odio, solo incita a la violencia en un país donde la oposición se anuló por sus propios personalismos, por haber cedido a las estrategias bastante conocidas del chavismo, de simular la apertura al diálogo bajo sus condiciones.

La ley contra el Odio busca dejar allanado el camino para la existencia de un partido único, como en Cuba. Bajo la bandera de velar por la no incitación a la discriminación, la intolerancia o la violencia, partidos políticos y usuarios de las redes sociales tendrán siempre sobre sus cabezas una espada de Damocles.

La Ley contra el Odio del chavismo institucionaliza el odio de los chavistas contra todo aquel que se atreva a mostrar su inconformidad con un régimen sin ninguna legitimidad, que ahora gobierna con una especie de consejo de soviets. Por ese camino iba Ecuador. Ese era el modelo a seguir, tan aplaudido por al ala dura del correísmo. Ellos fueron los que hablaron de ejemplo de democracia cuando Maduro armó su Constituyente de espaldas a cualquier institucionalidad y con reglas con las que solo jugaba a ganar o ganar gracias al control que tiene sobre todas las instituciones del Estado.

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