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Stephen Hawking


Juan Tibanlombo
La Conversación EC
miércoles, marzo 14, 2018
Stephen Hawking escribió de ciencia desde la ciencia con la misma pasión con la que Edgar Allan Poe escribió sobre la ciencia desde la literatura.

Andaba en silla de ruedas, hablaba con voz de computador. Escribía gracias a un sensor en la mejilla, donde estaba alojado uno de los pocos músculos que aún podía mover debido a la enfermedad neurodegenerativa. Su sentido del humor inspiró al mundo, un mundo que tal vez lo conoció más por sus habituales apariciones con su voz en la serie The Big Bang Theory o por La teoría del todo, una película sobre su vida y su enfermedad.

Desde la marginalidad del mundo de la física teórica uno podría pensar que su mayor contribución al mundo fue su compleja hipótesis de los agujeros negros, de las tortugas infinitas, una debajo de otra, que podría resumirse en los mundos paralelos, en los que la materia desaparece con la misma velocidad con la que aparece, una inimaginable.

“Puede que mi nuevo libro trate sobre mi supervivencia, en contra de todo pronóstico”, dijo en una de sus últimas apariciones en calidad de estrella de rock, cuando llegó a Tenerife a presentar la tercera edición del festival científico Starmus, con figuras reconocidas de la ciencia, la divulgación y la exploración espacial.

Stephen Hawking escribió de ciencia desde la ciencia con la misma pasión con la que Edgar Allan Poe escribió sobre la ciencia desde la literatura. “Como punto de partida di por sentado, simplemente, que el comienzo no tenía nada detrás o delante, que era un comienzo de hecho. (…) ¿No estamos más que justificados cuando alimentamos la creencia (…) de que los procesos que nos hemos atrevido a contemplar se renovarán una y otra vez eternamente? ¿Que un nuevo universo irrumpe a la existencia y luego se hunde en la nada, a cada latido del Corazón Divino?”

Tal vez las palabras de Poe en Eureka sean el mejor homenaje a Stephen Hawking, el del Corazón Divino, el que con su humor revolucionó la ciencia, el que aprendió a no mirar demasiado adelante y concentrarse en el presente. Hawking intentó hacer comprender cómo el universo se expande desde una misteriosa nada. Fue su Eureka, como el Eureka de Poe, dos universos paralelos extraños y complejos, porque tal vez el universo no es simplemente un conjunto infinito de fichas de dominó que con su caída crean una serie de causas y efectos infinitos. O tal vez sí. O tal vez lo único real es que Hawking hizo de la física teórica literatura contemporánea.

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