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La gala Met, la extravagancia y la ostentación consiguen cada vez menos recursos

Redacción
La Conversación EC
martes, mayo 8, 2018
Esta gala se celebra para recaudar fondos para el Costume Institute del MET. Los generosos necesitan una invitación de Wintour, anfitriona desde 1995 y la legendaria editora general de Vogue (cuya casa madre, Condé Nast, patrocina el evento) y la capacidad de desembolsar 25.000 dólares para tener derecho a un asiento. No es fácil ser altruista. Aún así asistieron más de 500 personas

Es una fecha sagrada para el mundo de la moda. Las figuras más reconocidas de la alta costura y del espectáculo se dan citan en el Costume Institute Benefit en Nueva York, también conocida como la gala benéfica Met. Moda y religión se han reunido este martes en Nueva York, en la cita más mediática de la industria: la Gala Met 2018. Una noche donde la exageración se torna cotidiana y la ostentación en un elemento apropiado. Entre los más de 500 looks que han recorrido la alfombra roja del Museo Metropolitano algunos han despuntado más que otro.

La esperada edición fue bautizada como Heavenly Bodies: Fashion and the Catholic Imagination (Cuerpos celestiales: Moda y la imaginación católica). Y algunos invitados se lo tomaron literal. Las anfitrionas eran la santísima trinidad fashion: Amal Clooney, Rihanna y Donatella Versace. Y no decepcionaron ni un poco.

Amal Clooney, prácticamente la primera en llegar a la gala, lució un vestido pantalón que en las redes sociales no fue muy celebrado. La abogada llegó acompañada de su marido, el actor George Clooney, pero esta vez la protagonista fue ella, reseña El País.

Esta fiesta, que marca la apertura de la exposición de primavera del Met, tenía un aire apocalíptico que la volvió más interesante todavía. Había especial interés en ver a la diosa Anna Wintour, de 68 años, por los rumores de que dejará Vogue después del número de septiembre, según Vanguardia.

 

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Wintour lució un elegante vestido de tul y pedrería en tonos blancos y plateados de Chanel.

Este año pocos han cumplido el protocolo de vestimenta que exigía una relación con el catolicismo. Por ceñirse al concepto del catolicismo y quitar el aliento al resto de asistentes al llegar a las puertas del museo neoyorquino, estos diez looks se han postulado como los estilismos estrella de esta edición.

La alfombra roja arrancó tímida en los vestidos que lucían las celebridades, pero a medida que fueron llegando, las caras de sorpresa de los asistentes se hacían más recurrentes. La actriz Frances McDorman fue la que rompió el hielo de lo previsible con un Valentino verde, lo que podría simular el árbol de la vida. Luego vino Rihanna, con un estilo papal de Maison Margiela, cuajado por completo de perlas, uno de los adornos más utilizados durante el Renacimiento por la realeza.

Cuando parecía que ya se había visto lo realmente impactante, presentó Katy Perry como un ángel. Se asomaba desde el coche con unas enormes alas y causó los aplausos y algunas risas incómodas, al caminar con su espectacular atuendo.

El cerebro detrás de las prendas en vitrina fue Andrew Bolton. Se trata el curador del espectáculo más grande del museo en función de metros cuadrados y el que logró una asociación con el Vaticano. La gala consiguió por primera vez que casi 50 vestimentas papales se exhibieran fuera de la Ciudad del Vaticano.

Aunque el nivel había sido muy alto, faltaba la reina. Sarah Jessica Parker no se perdió una segunda gala Met consecutiva. La icono de la moda, según El País, llegó con un vestido Dolce & Gabbana metálico, de tres cuartos de longitud, con bordados dorados y detalles en corazones rojos.

Esta gala se celebra para recaudar fondos para el Costume Institute del MET. Los generosos necesitan una invitación de Wintour, anfitriona desde 1995 y la legendaria editora general de Vogue (cuya casa madre, Condé Nast, patrocina el evento) y la capacidad de desembolsar 25.000 dólares para tener derecho a un asiento. No es fácil ser altruista. Aún así asistieron más de 500 personas.

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