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No negocian con asesinos


Juan Tibanlombo
La Conversación EC
jueves, mayo 17, 2018
“Pueden reírse, pueden hacer las caras que quieran, pero le pedimos que ordene el cese al fuego, ahorita mismo. Liberación de nuestros presos políticos. No podemos dialogar con un asesino, porque lo que ha sucedido aquí es un genocidio”, le dijo Alemán a Ortega luego de que en su mesa intentaran burlarse sobre el pedido de renuncia

Daniel Ortega no se ha mantenido en el poder precisamente por el amor de su pueblo ni por los sermones de mediodía de su vicepresidenta y esposa Rosario Murillo, con quien se pasea en un Mercedes Benz blindado. Los estrafalarios gustos de la llamada izquierda, de esa que dice representar al pueblo.

Ortega, el líder sandinista que luchó contra la dictadura de Somoza, se ha vuelto en un clon de Somoza gracias a un sector empresarial al que poco le han importado las libertades, la independencia de poderes o la sanidad mental de sus conciudadanos. Un sector empresarial convertido la tierra en fértil para dar cabida a dictadores como Ortega.

“En un mes ha desbaratado el país, a Somoza le costó muchos años”, dijo el estudiante Lesther Alemán en las mesas del diálogo que el gobierno nicaragüense intentó aprovechar para amainar las aguas. Antes, Madalaine Caracas, estudiante de apenas 20 años, había tomado el micrófono y leído frente a Ortega la lista de universitarios asesinados.

“Pueden reírse, pueden hacer las caras que quieran, pero le pedimos que ordene el cese al fuego, ahorita mismo. Liberación de nuestros presos políticos. No podemos dialogar con un asesino, porque lo que ha sucedido aquí es un genocidio”, le dijo Alemán a Ortega luego de que en su mesa intentaran burlarse sobre el pedido de renuncia.

Unos estudiantes vestidos de luto y con pañuelos de la bandera de su país en sus cuellos fueron capaces de enfrentar a su represor cara a cara, sin inmutarse mientras el sector empresarial, que le había permitido secuestrar todas las instituciones de Nicaragua a cambio de facilidades para hacer negocios, intentaban alejarse de su figura. Y hay todavía gente en América Latina y en Ecuador que llama revolucionario a un represor que ha intentado cubrirse con un aura religioso, como casi todos los dictadores de América Latina, para reclamar el poder absoluto.

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