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Siria y la falta de voluntad


Andrea Balda
Universidad Casa Grande
jueves, mayo 3, 2018
Siria es un país de mayoría suní, con una interesante minoría alauita así como cristiana. En general, las minorías religiosas tienden a apoyar al gobierno mientras que la oposición es mayoritariamente suní. El conflicto se divide entonces, en mayor o menor grado, a lo largo de estas líneas religiosas

La guerra en Siria lleva ya siete años y sin embargo, los rebeldes no están mucho más cerca de Damasco que el día que empezó la batalla. A pesar de ello, los últimos días hacen pensar que podríamos estar viendo el inicio del final de la guerra que ha desolado a un país y desbaratado una región.

La mal llamada Primavera Árabe fue aplaudida alrededor del mundo, cuando país a país veíamos como ciudadanos se levantaban en las calles contra la opresión de sus gobernantes, líderes autoritarios enquistados en el poder durante décadas. La salida de Ben Ali de Túnez excita a las turbas egipcias que ven la salida de Mubarak cada vez más cercana. Así mismo, los libios y sirios organizan marchas y se convocan en las calles para despedir a Qaddafi y al-Assad. Poco se imaginaban que su lucha sería tanto más larga e involucraría a otros actores.

Una coalición internacional fue necesaria para finalmente derrocar a Qaddafi que vio el fin de sus días siendo arrastrado y sodomizado por rebeldes por las calles de Sirte. Siria, es otra historia.

Las protestas empezaron en marzo 2011, luego que un grupo de muchachos fueran detenidos porque, envalentonados por lo ocurrido en Túnez, Egipto y Libia, realizaran grafitis contra al-Assad en las paredes de Dara`a.

Las protestas crecen cuando, días después, los padres de los chicos detenidos descubren que estos están siendo torturados y maltratados. Una vez que empiezan a haber muertos, frutos de la represión a la oposición, las demostraciones antigubernamentales se convierten en turbas enardecidas en todo el país. La respuesta a las mismas por parte del gobierno fue fuerte y decisiva. Al-Assad ordenó al ejército sirio reprimir y detener las protestas. Lo que inicia en Siria como una ola de protestas anti régimen se convierte rápidamente en una guerra civil con luchas sectarias y bandos poco definidos.

A mediados de 2011, se forma el Free Syrian Army (FSA) integrado por disidentes y desertores de las fuerzas de seguridad de al-Assad. Este brazo armado obliga al gobierno a cambiar de estrategia y eleva una vez más el nivel de violencia, obligando al conflicto a evolucionar

Assad intenta llegar a algún tipo de compromiso en abril, levantando el estado de emergencia que había durado ya 48 años y prometiendo reformas democráticas. Sin embargo, dichas promesas y la demora en hacerlas efectivas no fueron suficiente para calmar a los manifestantes. Luego de aproximadamente dos meses de protestas, se calcula que el número de muertos entre los manifestantes superaba las 850 personas.

A mediados de 2011, se forma el Free Syrian Army (FSA) integrado por disidentes y desertores de las fuerzas de seguridad de al-Assad. Este brazo armado obliga al gobierno a cambiar de estrategia y eleva una vez más el nivel de violencia, obligando al conflicto a evolucionar.

A medida que la represión por parte de las fuerzas estatales recrudece, también lo hacen las protestas anti gubernamentales y las sanciones internacionales no tardan en llegar.

La Unión Europea aplica un embargo armamentístico y sanciones varias a miembros del equipo de seguridad de Assad temprano en el mes de mayo. Luego a mediados del mismo mes, Estados Unidos y anuncia la futura aplicación de sanciones punitivas contra al-Assad y otros miembros de su gabinete. En agosto del mismo año, el presidente Obama firma el Decreto Ejecutivo 13582 efectivamente congelando todos los activos del gobierno sirio en Estados Unidos, prohibiendo negocios de sus nacionales con el régimen y prohibiendo importaciones de productos derivados de petróleo sirio. En febrero de 2012, Estados Unidos retira a su embajador de Damasco gracias a los crecientes niveles de violencia en el país.

Las Naciones Unidas también ha intentado poner fin a la violencia desde muy temprano en el conflicto. El Consejo de Seguridad de la ONU ha emitido hasta la fecha 23 resoluciones relacionadas al conflicto sirio.

 

El primer gran punto de inflexión en este conflicto surge cuando el Consejo de Seguridad, y a través de él las Naciones Unidas, reafirma su rol como cuerpo de paz y seguridad internacional al emitir la resolución 2118 de 27 de septiembre de 2013. Dicha resolución se da luego del uso de armamento químico el 21 de agosto de 2013 en Rif Damasco contra civiles y busca no sólo condenar el uso de armamento químico por parte del Estado sirio llamando a al-Assad a destruir sus arsenales y programas de armamento químico existentes sometiendo además a los actores no estatales del conflicto a las mismas obligaciones. Además, la Resolución 2118 también llama al mantenimiento de las negociaciones de paz en Ginebra y a la creación de un cuerpo administrativo transicional de gobierno.

Las acusaciones de violaciones de derechos humanos, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en Siria son rampantes. Se acusa tanto a rebeldes como a fuerzas de al-Assad de utilizar armamento químico indiscriminadamente contra civiles. También existen acusaciones creíbles de tortura a civiles y prisioneros políticos detenidos. La situación en Siria es tan grave que ha dado pie a una de las peores crisis humanitarias de la historia mientras miles de refugiados arriesgan sus vidas tratando de huir del país y llegar a otro continente.

Lo que falta en Siria es voluntad política

En vez de amainar, el conflicto Siria repunta a medida que las partes inmiscuidas se multiplican. Cuando el conflicto se convierte en una guerra civil, las diferencias sectarias entre los ciudadanos sirios empiezan a configurar el enmarañado mapa de alianzas que representa al conflicto en la actualidad.

Siria es un país de mayoría suní, con una interesante minoría alauita así como cristiana. En general, las minorías religiosas tienden a apoyar al gobierno mientras que la oposición es mayoritariamente suní. El conflicto se divide entonces, en mayor o menor grado, a lo largo de estas líneas religiosas. Luchando en Siria no sólo se encuentran las FSA sino también grupos como Hezbollah, las Fuerzas Democráticas Sirias integrada en gran parte por las Unidades de Protección del Pueblo Kurdo, Jabhat Fateh al-Sham, ahora Hay’et Tahrir al-Sham, afiliada a al-Qaida -en sus inicios cuando todavía se identificaba como Jabat al-Nusra- e incluso ISIS.

Estos grupos tienen sus propias agendas personales. En el caso de ISIS, no es secreto que la agrupación terrorista busca crear un califato islámico, y su presencia en Siria busca afianzar la creación de este Estado islámico luego que el grupo pasara a controlar importantes secciones de Irak. Las agrupaciones kurdas también buscan autodeterminación en las zonas bajo su control, luchando contra años de opresión por parte de Irak y Turquía. Por otro lado, rebeldes parte de Hezbollah luchan al lado de las fuerzas gubernamentales de al-Assad, militantes iraníes y afganos también se encuentran apoyando al gobierno sirio.

Estados Unidos ha liderado desde 2014 una coalición dedicada al bombardeo aéreo de zonas controladas por ISIS. El primer ataque verdadero, unilateral, por parte de Estados Unidos se da bajo el Presidente Donald Trump, en abril del año pasado, luego de que se alegara que fuerzas leales a al-Assad hubieran perpetrado un ataque con armamento químico en Khan Sheikhoun. Rusia inició en 2015 una campaña de bombardeos a lo que interpreta como ‘grupos terroristas’ en Siria despertando dudas varias con respecto a dónde están sus lealtades ya que muchos de los blancos de los ataques rusos son grupos rebeldes enemigos del gobierno sirio. El gobierno turco también se ha visto involucrado en el conflicto combatiendo tanto a ISIS como a las milicias kurdas. Israel, quien formalmente se encuentra en guerra con Siria desde 1948, también está involucrada en el conflicto a través de bombardeos contra Hezbollah y fuerzas iraníes apoyando a al-Assad. Jordania y los Estados del Golfo Árabe apoyan a los rebeldes con armamento, soporte logístico e incluso financiamiento.

En un último esfuerzo por evitar que el conflicto se riegue regionalmente, Turquía, Rusia e Irán acordaron a principios de mayo el establecimiento de zonas de disminución de conflicto. La propuesta de cese al fuego en las cuatro controladas mayoritariamente por fuerzas rebeldes incluye el que fuerzas gubernamentales no sobrevolarán estas zonas durante el período de seis meses, renovables, que dure el acuerdo. Adicionalmente, la quinta ronda de negociación del conflicto sirio liderada por las Naciones Unidas en Ginebra continuará a fines de mayo.

Por si esto no fuera poco, a lo largo de mediados de abril, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña llevaron a cabo un ‘bombardeo limitado’ sobre Siria en respuesta al último ataque con armamento químico por realizado por parte de al-Assad y su ejército. La intención es dejar claro que las potencias occidentales no perdonarán un ataque químico, ilegal en derecho internacional a todas luces, más.

Este último bombardeo, si bien ilegal ya que se realiza sin sanción del Consejo de Seguridad, ha sido considerado como legítimo por varios y como necesario por algunos más. Lo que falta en Siria no es más violencia, sino voluntad política.

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