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Las versiones de Andrés Manuel López Obrador


Juan Tibanlombo
La Conversación EC
martes, julio 3, 2018
Tal vez para México y la región lleguen días grises, convulsos y hasta tensos. O en palabras de Bartra, mucha tontería derramándose desde las instancias de gobierno e invadiendo los poros de la sociedad civil por la melancolía, decadencia y frustraciones de su clase gobernante. Pero quien quita y gane la sensatez

Los mentores del llamado del socialismo del siglo XXI han vivido como propio el triunfo en México de Andrés Manuel López Obrador convertido de pronto en una especie de nuevo Mesías que llegó a salvar no a México sino a su fracasado proyecto político mesiánico. Los mensajes de júbilo no se hicieron esperar desde los de Evo Morales hasta los de Cristina Fernández de Kirchner, personajes que dominaron los escena política de los últimos años en gran parte gracias a los petrodólares que Hugo Chávez usó como suyos a costa del desangre de Venezuela.

No tienen nada más que asentar su fe en cualquier triunfo, por complejo y ajeno que les sea, porque creer que el triunfo de López Obrador reivindica su proyecto está bastante alejado de la realidad. México vive una realidad compleja, la realidad del desmadre en palabras de Roger Bartra.

López Obrador, según sus palabras, recicló su tradicional populismo conservador en un intento de restauración del antiguo régimen priista. “Ha dado un giro a la derecha, ha afianzado su moralina reaccionaria semi–religiosa, se ha aliado a sectores sindicales corruptos, (….) promete salidas económicas absurdas y quiere retornar al viejo proteccionismo. En su movimiento sobreviven con dificultad algunas corrientes de izquierda”.

La cultura populista mexicana, más que una ideología, es un conjunto de hábitos y costumbres que cristalizan en torno a un líder que asume la representación de todo el pueblo, que asume la representación de los intereses de todos los ciudadanos mediante una especie de transustanciación que convierte las esencias populares en cuerpo y sangre del líder, sigue Bartra. Yo ya no soy yo soy el pueblo, decía Hugo Chávez.

Y, sin duda, López Obrador ha dado muestras de que caminaría hacía allá con la promesa de amnistiar a narcos y someter su mandato a una consulta a mitad de su período. Es decir, siempre el sexenio de López Obrador podría ser peor que el de Enrique Peña Nieto, pero México es un país donde su clase media creció exponencialmente, lamentablemente sin superar los niveles de pobreza de gran parte de la población.

Si bien, según Bartra, México votó con enojo, desesperación, con la idea de patear el avispero para huir del tedio que significa consolidar procesos democráticos, será difícil que López Obrador pase a ser el Lula de México, un líder carismático que pueda esconder bajo la alfombra la basura de la corrupción. Los mexicanos pronto comenzarán a pedir cuentas a López Obrador. Convertirse en el alter ego de Donald Trump sin duda le haría un flaco favor. Predicar con el proteccionismo en un mundo globalizado solo desnudaría su carácter en la praxis.

Así que desde el momento en que se proclamaron los resultados electorales Andrés Manuel López Obrador solo pudo ganar un voto de duda. Es complejo que México pasé a ser la semilla de un proyecto político autoritario  y corrupto defendido por personajes como Nicolás Maduro, una especie de remedo de la versión llamada izquierdista del PRI.

“La corrupción no es un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político en decadencia. Estamos absolutamente seguros de que este mal es la causa principal de la desigualdad social y económica y de la violencia que padecemos -dijo en su discurso después de conocidos los resultados electorales-. En consecuencia, erradicar la corrupción y la impunidad será la misión principal del nuevo gobierno”.

Tal vez para México y la región lleguen días grises, convulsos y hasta tensos. O en palabras de Bartra, mucha tontería derramándose desde las instancias de gobierno e invadiendo los poros de la sociedad civil por la melancolía, decadencia y frustraciones de su clase gobernante. Pero quien quita y gane la sensatez.

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