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El peso socioeconómico de los accidentes de tránsito


Amelia Baldeón
Universidad Católica de Santiago de Guayaquil
lunes, septiembre 10, 2018
El peso de los accidentes de tránsito en el desarrollo socio-económico del país es provocado, no por falta de leyes, sino por la falta de educación de nuestra población. Se necesita de un proceso de educación, el cual contribuya a erradicar de raíz características negativas de la cultura ecuatoriana

Según registros estadísticos de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT) entre el año 2016 y 2017 se produjeron 56.560 siniestros de tránsito, de los cuales el 78% fueron resultado de la impericia, la falta de prudencia y el irrespeto a las señales de tránsito por parte de conductores y peatones. La ANT también reporta que entre el año 2016 y 2017 hubo un total 4.120 muertes y 43.486 lesionados a causa de estos siniestros. Solo entre enero a junio del 2018 se han producido 1.058 muertes y 9.575 heridos. Las cifras revelan que en Ecuador se pierden 173 vidas cada mes por esta causa. Nuestro país, considerado como un país de renta media por la OMS para el efecto de medir el número de accidentes de tránsito, fue el segundo país latinoamericano en número de accidentes de la región en un estudio de este organismo en el 2017.

Los accidentes de Tránsito ocasionan muertes y lesiones, lo cual incide de manera directa en el crecimiento económico y social de los países. Los accidentes de tránsito automáticamente afectan a la población laboral del país (PEA), ya que ésta se ve afectada por la pérdida de trabajadores y por la baja de productividad en otros trabajadores debido a lesiones y secuelas sufridas a causa de los accidentes de tránsito.

En muchos casos los accidentados no cuentan con ningún tipo de seguro, por lo que es una carga financiera para los deudos, y en el caso de siniestrados que no pierden su vida, el Ministerio Público tiene que tener rubros de contingencia con este fin.  Lo que evidencia un claro retraso en el crecimiento económico de la sociedad ecuatoriana.

Como es de esperar el efecto negativo por el aumento de muertos y lesionados a causa de accidentes de tránsito, no solo es económico, sino que tiene un efecto social. La pérdida de seres queridos trae también secuelas emocionales, tanto como lo es una carga emocional; el cuidado de seres queridos incapacitados de trabajar o traer sustento al hogar. Por otro lado, también debe considerarse, dentro del aspecto social, el trauma que genera en los sobrevivientes de estas tragedias el haberlas vivido que en muchos casos no son fácil de superarlas.

 

Se asume que el Estado incurre en altas sumas de dinero, lo cual queda claramente determinado en las consecuencias que producen este tipo de siniestros. Con las cifras de muertos y heridos subiendo año a año de manera alarmante, el gobierno central y los organismos responsables de hacer cumplir las leyes de tránsito deben utilizar estos recursos con acciones proactivas. Seguimos siendo un país con cultura reactiva, reaccionamos luego de tragedias, desastres, pérdidas de vidas humanas, pérdidas de recursos mal utilizados.

Los recursos del Estado deben ser utilizados para el desarrollo socio-económico en toda su amplitud. Por esto es que, los organismos bajo cuya responsabilidad recae la eficiencia del tránsito del país, deberán usar los recursos en prevención de siniestros. Las acciones remediales mucho o nada pueden hacer después de la pérdida de vidas o familiares con incapacidades.

El peso de los accidentes de tránsito en el desarrollo socio-económico del país es provocado, no por falta de leyes, sino por la falta de educación de nuestra población. Se necesita de un proceso de educación, el cual contribuya a erradicar de raíz características negativas de la cultura ecuatoriana, como el hábito y la costumbre de no respetar las leyes, normas y reglas. De manera que, se urge que el Estado, tome medidas en acciones de prevención de accidentes de tránsito, con la plena participación de toda la población involucrada, como autoridades, organizaciones del Estado, empresas de transporte, empresas privadas, conductores, pasajeros, ciclistas, peatones, etc.; no de manera temporal ni cuando recrudecen estas tragedias, sino de manera permanente hasta lograr hacer conciencia y cambiar las características negativas de la hermosa cultura ecuatoriana.

El Estado,  como actor principal de la sociedad, debe multiplicar los planes permanentes de educación vial para prevenir más pérdidas de vidas humanas y aumento de población discapacitada, lo cual incide negativamente en el desarrollo socio-económico del País. Si los ciudadanos no cambiemos la manera de actuar y pensar, los accidentes de tránsito seguirán siendo un retroceso para el crecimiento del Ecuador.

 

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