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¿Qué le pasa a la industria cultural en Ecuador?


Javier Vázquez
Universidad Técnica Particular de Loja
sábado, septiembre 22, 2018
Es imprescindible el compromiso de organismos públicos y privados con la cultura. No ver a esta meramente como un producto que genera ganancias o pérdidas, sino como el aporte a la construcción de una sociedad, y por qué no, que sea también nuestra voz en el mundo

Tradicionalmente, la cultura se ha entendido como el mecanismo que permite a las sociedades adaptarse a un tiempo y a un espacio determinado para poder sobrevivir. A través de la transmisión del conocimiento de generación en generación ha hecho posible que la cultura se desarrolle y evolucione hacia prácticas artísticas, científicas e industriales. La cultura, determina nuestra forma de pensar, de ser y de vivir.

En el mundo actual, vivimos inmersos en lo que Marshall McLuhan denominó “aldea global”, gracias al desarrollo tecnológico de las herramientas de comunicación, podemos interactuar a través de diversos medios y canales con personas y comunidades de todo el planeta. Por lo tanto, estamos en un momento donde la construcción cultural se lleva a cabo globalmente.

Y es que McLuhan nunca vio ni Facebook, ni Youtube ni Instagram ya que murió en 1980, pero fue un visionario capaz de predecir en lo que se acabaría convirtiendo el mundo. En alguna ocasión, dijo que la “aldea global” no necesariamente significa armonía, paz y tranquilidad.

Edward Bernays, padre de la propaganda moderna, y por cierto, familiar de Sigmund Freud, decía que somos gobernados, nuestras mentes moldeadas, nuestros gustos formados y nuestras ideas sugeridas en gran parte, por personas de las que nunca hemos oído hablar. La industria cultural es utilizada por los países hegemónicos como un medio en la batalla por la conquista de nuestros <<corazones y mentes>>. Walter Lippman, sostenía que las imágenes siempre han sido la forma más efectiva de transportar una idea, mientras que las palabras ocupan un lugar subordinado trayendo las imágenes a la memoria.

Una industria cultural ecuatoriana

Una de las tareas pendientes tanto del ejecutivo como de la empresa privada es crear una verdadera industria cultural, seria y de calidad, donde se refleje un relato propio ecuatoriano. Aunque el problema realmente es mucho más profundo.

 

En una pequeña comparación con nuestros vecinos, Ecuador tiene una tasa de lectura de apenas medio libro por año, mientras que Perú tiene una media de 3 libros por año y Colombia de 2,2; estos últimos países cuentan en su haber con un Premio Nobel de Literatura. El hábito de lectura, considero que es uno de los hábitos en el que más importancia y peso tiene el hogar para su desarrollo; porque no es saber leer, que es lo que te enseñan en el colegio, es saber disfrutar de una buena lectura.

Aunque la andadura es larga y no se genera una industria de la noche a la mañana hay que ir poniendo los cimientos y cambiando ciertos prejucios sociales respecto a la producción ecuatoriana. Uno de ellos se asocia con la baja calidad de las producciones, y francamente en parte hay que darles la razón. Si vemos un poco la televisión nacional, nos encontramos con demasiada telebasura, es decir, producciones banales plagadas de estereotipos sociales con alto contenido de culto al cuerpo. Aunque, claro que hay excepciones, y estas excepciones poco a poco deberían convertirse en la norma para cambiar la forma que se perciben de las producciones nacionales.

El otro día me hacían una pregunta y es la siguiente, ¿Qué le falta al cine ecuatoriano para ser internacional? A lo que respondí, antes de pensar fuera deberían pensar en conquistar las audiencias nacionales. Todavía el cine ecuatoriano no ha calado en el tejido social, no ha creado un imaginario social propio con el que se identifique la ciudadanía, y ese debería ser el punto de partida.

Si bien en este pequeño artículo me he enfocado en el cine, televisión y la producción editorial, el término “industria cultural” engloba a todas las disciplinas que tienen un aporte a la cultura como el arte, diseño, arquitectura, publicidad, turismo, gastronomía, etc…

Para concluir, es imprescindible el compromiso de organismos públicos y privados con la cultura. No ver a esta meramente como un producto que genera ganancias o pérdidas, sino como el aporte a la construcción de una sociedad, y por qué no, que sea también nuestra voz en el mundo.

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