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Dos activistas a tiempo completo en la lucha contra la violencia sexual con el Nobel de la Paz


Redacción
La Conversación EC
viernes, octubre 5, 2018
Para la edición de este año se presentaron 331 candidaturas, la segunda mayor cifra de la historia tras la edición de 2016. De los 331 aspirantes, 216 correspondían a personas, mientras que las 115 restantes eran de grupos u organizaciones, según el Comité

El ginecólogo congoleño Denis Mukwege y la activista yazidí Nadia Murad fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz por el Comité Noruego, por su labor en la lucha contra la violencia sexual. Mukwege, un ginecólogo que cura a mujeres violadas en la República Democrática del Congo (RDC), y la activista iraquí de origen yazidí Nadia Murad, de 25 años, exesclava del grupo yihadista Estado Islámico entraban en todas las quinielas y finalmente fueron los galardonados.

Los dos ganaron el Premio Sajárov que concede el Parlamento Europeo. “Nadia Murad es la testigo que habla de los abusos cometidos contra ella y otros. Ella ha demostrado un valor extraordinario al relatar sus propios sufrimientos y hablar en nombre de otras víctimas”, dice el Comité que otorga el galardón.

Murad vivía con su madre y sus 12 hermanos en el pueblo de Kojo, al norte de Iraq, cuando el 3 de agosto de 2014 llegaron los soldados del Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés). Le pegaron y la violaron un día tras otro. En varias casas, en un puesto de control de la carretera. La vendieron como mercancía como una pieza más dentro de un engrasado y burocratizado mercado de seres humanos. La trataron peor que a los animales. Deseó morir y que la mataran, pero lamenta que no tuviera esa suerte.

“Los hombres son infieles y les ejecutan porque saben que nunca se convertirían. Pero con los niños, saben que pueden lavarles el cerebro y a las mujeres saben que las pueden usar para violarlas y como mercancía para comprar y vender en el mercado”, dijo.

A seis miembros de sus familias los ejecutaron. Su adorada madre, como sus hermanos acabaron en fosas comunes. Ella milagrosamente logró escapar, pero su cabeza es aún una cárcel en la que habitan traumas terroríficos.

“Nos persiguen por nuestra religión. No se arrepienten de los que nos hacen. Para ellos somos kufar, infieles, porque no somos una religión del libro. Antes del ISIS, Al Qaeda atacó nuestros pueblos con camiones suicidas en 2007 y cientos murieron. No es la primera vez que nos atacan por nuestra religión”.

El médico Denis Mukwege, de 63 años, pasó gran parte de su vida ayudando a las víctimas de violencia sexual en la República Democrática del Congo. En 1999 fundó, gracias al apoyo de las organizaciones de ayuda internacional, el hospital de Panzi, en la ciudad de Bukavu, al este del país. Como cirujano jefe de este centro, él y su equipo han intervenido a más de 40.000 mujeres violadas y víctimas de la ablación.

“El doctor Mukwege ha condenado repetidamente la impunidad por violaciones masivas y ha criticado al Gobierno congoleño y a otros países por no hacer lo suficiente para detener el uso de la violencia sexual contra las mujeres como estrategia y arma de guerra”, describe el Comité Noruego.

En octubre de 2012 sufrió un atentado en el que murió uno de sus colaboradores, justo un mes después de haber dado un discurso en la ONU en el que pedía a la organización una “condena unánime” contra los grupos rebeldes “responsables de actos de violencia sexual”.

Para la edición de este año se presentaron 331 candidaturas, la segunda mayor cifra de la historia tras la edición de 2016. De los 331 aspirantes, 216 correspondían a personas, mientras que las 115 restantes eran de grupos u organizaciones, según el Comité.

La Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares, (ICAN, por sus siglas en inglés) un grupo que reúne a unas 460 ONG de alrededor de 100 países, fue galardonada el pasado año con el Nobel de la Paz. El premio llegó en un momento de tensión por el desafío nuclear de Corea del Norte y las sombras sobre la salida de EEUU del acuerdo atómico con Irán a cambio de levantar sanciones al país persa. Finalmente, Washington, de la mano del presidente, Donald Trump, acabó retirándose del histórico pacto.

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