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La ratificación de Kavanaugh para el Supremo es vista como una victoria política de Trump


Redacción
La Conversación EC
domingo, octubre 7, 2018
El ajustado resultado final y todo el desgarre del proceso de confirmación, rematado con esas acusaciones de agresiones sexuales supuestamente cometidas por el candidato en sus tiempos estudiantiles, son signos del tiempo hiperpolarizado que vive la sociedad estadounidense cada vez más irreconciliablemente escindida entre liberales y conservadores

El Senado de Estados Unidos confirmó el sábado por una estrecha mayoría republicana al juez conservador Brett Kavanaugh como nuevo miembro vitalicio del Tribunal Supremo en medio de una descomunal polémica por las acusaciones de abuso sexual que pesan sobre el magistrado.

El proceso de confirmación de Kavanaugh, un juez federal de apelaciones de Washington de 53 años, había proseguido su curso normal, dentro de la batalla política habitual, hasta el 13 de septiembre. Esa noche la senadora demócrata Dianne Feinstein anunció en un escueto mensaje en Twitter que había trasladado al FBI “información” sobre Kavanaugh procedente de un “individuo” que reclamaba confidencialidad.

A la mañana siguiente, The New Yorker aseguraba que la información consistía en el relato de una mujer que aseguraba que el candidato al Supremo la había intentado violar más de tres décadas atrás, cuando ambos eran adolescentes.

La profesora universitaria Christine Blasey Ford, de 51 años, y Kavanaugh, acabaron testificando dos semanas después ante el Comité de Justicia del Senado. Para entonces, al menos dos mujeres más, Deborah Ramirez y Julie Swetnick, le habían acusado de abusos de mayor o menor gravedad, supuestamente ocurridos en su época de estudiante de Derecho en Yale.

El juez salió adelante con el apoyo de 50 senadores y el rechazo de 48 entre gritos de manifestantes. Los demócratas pasaron en vela dentro de la Cámara, leyendo en voz alta cartas de mujeres víctimas de abusos. La republicana Lisa Murkowski, de Alaska, iba a ser la única de su partido en votar contra Kavanaugh, pero acabó retirando su voto.

El caso Kavanaugh incendió Washington y el debate sobre las mujeres que sufrieron abusos en el pasado y callaron en un clima de tolerancia machista frente a la presunción de inocencia en acusaciones que son imposibles de demostrar.

Brett Kavanaugh se unió así a Clarence Thomas en la Corte Suprema de Justicia con la distinción común de haber sido los dos magistrados más polémicos y con menos apoyo en el Senado para lograr los cargos que ahora ejercen.

Como Thomas en 1991, el nominado de Donald Trump superó el proceso de confirmación en el Senado por dos votos. El nuevo magistrado, también, llegó al Supremo con la nube de la acusación por conducta sexual inapropiada que estuvo a punto de frustrar sus aspiraciones.

El ajustado resultado final y todo el desgarre del proceso de confirmación, rematado con esas acusaciones de agresiones sexuales supuestamente cometidas por el candidato en sus tiempos estudiantiles, son signos del tiempo hiperpolarizado que vive la sociedad estadounidense cada vez más irreconciliablemente escindida entre liberales y conservadores.

Concluida la votación, a las afueras del Capitolio en Washington, podían verse personas llorando y caras de preocupación entre muchos de esos que en las últimas semanas se habían movilizado para expresar su respaldo a la profesora Christine Blasey Ford, quien acusaba a Kavanaugh de haber intentado violarla cuando ambos eran adolescentes.

Esos manifestantes en trance de derrota portaban carteles y camisetas prometiendo “no olvidar” o “votar en noviembre”, una furia que con seguridad buscarán explotar los demócratas para movilizar a los votantes para las elecciones de mitad de período del próximo 6 de noviembre.

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